El desafío de recorrer el mundo a través de grafiti
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Little Foffo y Belén Argüello volvieron a Necochea luego de meses pintando por Latinoamérica. Ahora tienen un objetivo mayor y quieren aplicar en su ciudad lo que han aprendido
Ya próximos a comenzar un nuevo año, muchas personas empiezan a plantearse los objetivos que perseguirán durante próximos doce meses. Para quienes disfrutan de hacer algún tipo de arte, uno de las metas más comunes suele ser la de poder hacer de esa pasión un trabajo, lo cual no todos logran cumplir y terminan desistiendo.
La realidad es que para vivir del arte no solo se necesita talento, sino también constancia y ganas de diferenciarse del resto. Una forma de diferenciarse es conociendo qué se hace en otros lugares del mundo y tratar de aplicarlo en el lugar en el que uno reside.
Un poco siguiendo este plan, el grafitero Alan Toledo, que ya tiene la dicha de vivir de su talento artístico con los aerosoles, se encuentra ya está ideando aquellos proyectos que buscará concretar junto a Belén Argüello, quien es su compañera de aventuras desde hace cinco años.
Y no es un objetivo cualquiera, porque el plan es continuar recorriendo el mundo gracias a los grafitis, conociendo nuevos lugares y nuevas culturas. De esa manera, los jóvenes necochenses van juntando ideas que van aplicando a las paredes de Necochea.
Cabe recordar que Little Foffo es el organizador del evento Uniendo Piezas, que cada año ha traído a grafiteros de distintas partes del país e incluso de otros países para pintar en lugares como el Anfiteatro, el complejo jesuita Cardiel o algunas avenidas. También pintó el mural que hoy se encuentra en el edificio de lo que supo ser el cine Gran Sud.
Foffo se ha caracterizado no solo por su particular estilo de pintura y por ser el creador del “cerebrito” rosa con ojos que está pintado en varios barrios de la ciudad, sino también por pintar muchas veces solo para tapar el mal aspecto de algunas paredes poniendo incluso dinero de su bolsillo con tal de ver más linda a su ciudad.
Trabajar en la ciudad
Recientemente, Foffo y Belén hicieron su tercer viaje juntos fuera del país (antes habían ido a Chile y Perú en 2017 y luego fueron a Paraguay, Brasil y Uruguay), esta vez por Latinoamérica, donde estuvieron ayudando en varios refugios de animales y donde aprovecharon para conocer lugares nuevos, cajeando su arte por comida, hospedaje y trabajando para comprar más aerosoles que les permitan plasmar su obra en cuantas paredes se lo permitan.
“En una carrera artística uno va buscando el crecimiento, más en Necochea que es una ciudad chica y que le falta entender muchas cosas. Viajar es una forma de darle un tiempo con la expectativa de que la ciudad avance”, contó Alan Toledo.
“A la ciudad le falta avanzar en muchas cosas, a la gente le falta todavía entender muchos conceptos. Cuando empieza a abrirse empieza a avanzar. Creo también que hace falta mucho más apoyo a la gente que quiere hacer. A los que quieren hacer, déjenlos hacer y apóyenlos con lo básico, eso es fundamental”, opinó Foffo.
Por Latinoamérica
Respecto al último viaje en que recorrieron varios países, Belén Argüello contó que estuvieron planeándolo alrededor de un año.
Primero viajaron en avión hasta Salta, de ahí cruzaron la frontera en remís a Bermejo, Bolivia, para luego parar en Santa Cruz de la Sierra, donde se hospedaron unos días en la casa de un amigo que habían conocido en Mar del Plata y luego estuvieron dos meses más en un hotel que les dio hospedaje a cambio de hacer un mural de grandes dimensiones. “No conocíamos nada ni nadie, llevábamos varias fotos que teníamos en el celular y algunos bocetos. Era la constancia de ir a ofrecernos y ser insistentes hasta que nos den el sí. Hay muchas personas que se les cae la energía ante el primer no y así es como se pasan las oportunidades. Hay que estar seguro de lo que hacemos y a nosotros nos inspiran las paredes lisas y abandonadas. Vemos arte en todos lados y eso hay que transmitirlo para que los demás también lo vean”, contaron.
En Bolivia conocieron y se interiorizaron del problema del tráfico de animales, por lo que decidieron sumarse a un artista estadounidense y a una dominicana para trabajar en conjunto para tres refugios, en los cuales pintaron gratis e incluso pusieron sus propias latas de pintura.
Más tarde pasaron a Perú y recorrieron varios destinos más de Latinoamérica, siendo en total siete los meses que estuvieron fuera del país. “Solamente pagamos una noche de hotel. El resto fue gracias al intercambio del arte y a buenos amigos que nos ofrecieron su casa”, indicaron.
Para el próximo año, el desafío es hacer un recorrido similar pero por Europa o África, para así seguir aprendiendo y difundiendo su arte. “Esto recién empieza. Hay varios proyectos y si no es ahí será en otro lugar, pero la idea es no quedarnos quietos”, concluyeron.