El desafío del constante aprendizaje
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Hace años integró varias bandas de rock, pero con el tiempo volvió a sus orígenes: la música folclórica. Bajista, contrabajista y docente, Cochecho Aguirre ha incursionado en el jazz, el tango y hasta el flamenco

Rock, folclore, tango, jazz y hasta flamenco. Ha tocado de todo, lo que lo ha convertido en uno de los músicos con más oficio de la ciudad. Se llama Máximo José María, aunque todos lo conocen como Cochecho.
A los 45 años Cochecho Aguirre sigue buscando nuevos desafíos. “Es parte del aprendizaje”, señaló. Explicó que su formación es folclórica, ya que su padre era folclorista.
“Pero yo empecé a acompañar a grupos de jazz, de tango, incluso he tocado flamenco”, afirmó. Cada género en el que incurría, implicaba para él un nuevo desafío.
Eso hizo que en las últimas dos décadas su bajo haya sonado como base en grupos de diversos géneros, aunque siempre con una clara inclinación hacia a la música popular. En los últimos años comenzó a elegir el contrabajo a la vez que realizaba alguna participación agrupaciones de tango y jazz.
Recientemente tocó en algunos shows del Sexteto 2×4, en remplazo de su primo Andrés Varela. Mientras, se mantiene firme en La Peñaloza, la banda que hace años integra con los hermanos Ibarguren.
En el verano volverá a tocar con la Jazz Brass y junto a Luciano Pico y Carlos Rossi están trabajando para integrar un trío.
Hoy se puede dar el lujo de elegir dónde y con quien quiere hacer música, aunque Cochecho es un músico que siempre se ha caracterizado por su perfil bajo y porque lo importante para él, por sobre todas las cosas, parece ser tocar.
El viernes, por ejemplo, tocó con las alumnas de la tecnicatura de Tango de la Escuela Provincial de Artes y con el maestro Sergio Crotti. Mientras que ayer iba a juntarse con amigos para realizar una zapada.
Por un largo camino
Fue precisamente José Leonel Aguirre, su padre, quien envió a Cochecho a estudiar música.
Aguirre padre había integrado en la década del 60 una banda folclórica denominada Norte Adentro y se había quedado con la espina de no haber aprendido a leer música. No quería que lo mismo le ocurriera a su hijo.
Fue así como Cochecho comenzó a estudiar cuando aún era un niño y junto a sus compañeros de estudio integró un grupito folclórico cuyo mayor logro fue presentarse en el ya mítico programa radial “Mañanitas camperas”.
Ya en la adolescencia comenzó incursionar en el rock con una guitarra eléctrica que construyó el mismo y con su amigo “Colo” Carraro empezaron a compartir instrumentos y hacer algunas zapadas.
Su primo Andrés Varela, ex integrante de Marqués de Sade, lo puso en contacto con unos rockeros con los que integró un grupo que primero se llamó Bajo Rock y que con el tiempo se convirtió en la mentada banda quequenense Trips.
Después vendrían Vida Negra y La Reja, entre otros muchos grupos.
El profe
“Estoy cada vez más avocado a la docencia”, explicó Cochecho, que en 2001 se recibió de profesor de guitarra y comenzó a dar clases en la Escuela Municipal de Artes y en otros establecimientos educativos de la ciudad.
En 2006 ingresó en la Escuela Provincial de Artes y desde entonces la docencia se ha convertido en parte fundamental de su vida.
Tocar, compartir conocimientos y seguir aprendiendo son de esta forma parte esencial en la cotidianeidad de este músico y docente, al igual que viajar.
Desde hace cuatro años ha realizado siete viajes al Norte junto a su esposa Laura Petersen.
En estos viajes Cochecho lleva el bajo y toca a donde tiene oportunidad. Estas experiencias le han permitido conocer a otros músicos y diferentes culturas, además de incursionar en otros géneros.
La música es un idioma que permite “dialogar” con otras personas y que devuelve a Cochecho a la esencia de su vocación musical, aquella que lo lleva a tocar por el simple hecho de hacerlo.
“Esa inmediatez te saca la mochila del ensayo, de los preparativos y te permite un vínculo rápido con otros músicos”, explicó Cochecho que en estos viajes ha tenido oportunidad de tocar en la calle, en peñas y en cualquier lugar donde se presentara la ocasión.
“Siempre tocar con gente que uno quiere y uno admira es una satisfacción”, afirmó. Aunque en los últimos años los viajes al norte han cobrado cada vez más importancia y se han convertido en una nueva forma de explorar y aprender. “Ese desafío me moviliza más que tener una banda fija o grabar discos, cosas que hace unos años eran más prioritarias para mí”, concluyó.///
Perfil
Máximo José María Aguirre comenzó a estudiar música en la infancia e incursionó desde entonces en los más diversos géneros.
En paralelo con su carrera musical y su trayectoria docente, también realiza trabajos de luthier.