El día que el Pity Álvarez compró un auto de colección en Lobería y lo chocó a las pocas horas
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Cristian “Pity” Álvarez fue muchas cosas: ídolo del rock barrial, cronista de los suburbios, personaje marginal, pero también un fanático empedernido de los Ford Fairlane. En Lobería todavía se recuerda la anécdota de cuando compró un ejemplar impecable, que pertenecía —según cuentan— al dueño de una funeraria. Era un auto de colección, cuidado al detalle, que brillaba como nuevo.
Pero aquel Fairlane, que en manos de otro hubiera sido un tesoro, en manos del Pity tenía los días contados.
Poco después, ese mismo auto protagonizaría uno de los accidentes más recordados de su vida: el choque en Villa Lugano, cuando perdió el control y terminó incrustado en la fachada de una casa en la calle Hubac al 5900. El impacto fue tan fuerte que destruyó un medidor de gas y dejó inhabitable la vivienda. Por milagro nadie salió herido, aunque la familia que vivía allí se quedó sin hogar.
“Me hice adicto a chocar autos”
La pasión del Pity por los Fairlane siempre estuvo teñida de riesgo. “Me hice adicto a chocar autos, hice mierda tres Ford Fairlane”, confesó en una entrevista. En otra oportunidad, presentó orgulloso su coche con una frase que quedó inmortalizada: “¿Ves ese Fairlane? Es el mío. El Pitymóvil es un Fairlane”.
El auto comprado en Lobería se convirtió en parte de esa cadena de episodios que marcó su relación con la calle y la velocidad. Lo que empezó como un lujo adquirido en un pueblo bonaerense, terminó como otra crónica de excesos y destrucción en la Capital.
Una vida entre choques
El accidente de Villa Lugano no fue el único. En 2014 protagonizó un fuerte choque en Parque Patricios contra un camión de volquetes y un Peugeot; ese mismo año, en Almagro, colisionó contra una camioneta horas después de cumplir 42 años. En 2017, un accidente en moto lo dejó con fracturas graves y debió ser trasladado en helicóptero.
En una oprtunidad, reconoció que estos choques han contribuido a su fama también. “A los grupos que recién empiezan, a veces es más fácil comprarse un autito, un Renault 12 que apenas ande una cuadra, te pegás un palo y salís en todos los diarios. De a poquito te vas haciendo famoso. Te sale más barato que pagarle a una prensa”.
Lo cierto es que la anécdota loberense sumó un capítulo singular a la leyenda del músico: el auto impecable que salió de una funeraria de pueblo para terminar estampado contra una casa porteña. Una metáfora perfecta de la vida de Pity Álvarez: entre el brillo y la ruina, entre la devoción y el choque.
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