El discreto oficio del apuntador
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Lucía Arribas se fue a vivir a Europa hace más de 20 años. Durante una década se dedicó a la pintura y logró reconocimiento como artista plástica. Hoy su empresa es líder en servicios de apuntes electrónicos para conferencistas
Por Juan José Flores
Redacción
El viernes pasado Lucía Arribas podría haber estado acompañando a Mauricio Macri en su visita a Francia. Finalmente, la gira del Presidente se canceló y eso permitió que nos pudiéramos comunicar con la necochense que hace 26 años se fue a vivir al Viejo Continente en busca de un sueño.
Hoy Lucía tiene una empresa dedicada a brindar servicios de apuntes electrónicos para conferencistas, políticos, estrellas de cine y toda aquella persona que necesite dar discursos en público o ante una cámara de cine o televisión.
Precisamente porque su empresa es líder en su sector en Francia, el gobierno argentino la contactó hace unos meses para que le brindara el servicio de prompter al presidente Macri.
“No sabían que yo era argentina”, explicó Lucía que considera un reconocimiento a años de trabajo la posibilidad de trabajar con Macri. Aunque no es el primer presidente para el que trabaja. Emmanuel Macron, Barack Obama y Vladimir Putin han utilizado su sistema para brindar discursos en grandes eventos internacionales en Francia y también en otros países.
Lucía ha estado personalmente en Perú, Sudáfrica y en Qatar con su equipo de trabajo, aunque su servicios son tan discretos que prácticamente pasan desapercibidos para el público.
El promter es un sistema de apunte electrónico surgido en la televisión hace varias décadas. Mediante un sistema de pantallas ubicadas estratégicamente entre el estrado, el público y las cámaras, permiten que el orador lea su discurso sin que el espectador se de cuenta de que no está improvisando.
Precisamente porque muchos oradores no quieren que el público note que no improvisan, afirma Lucía, “nuestro trabajo debe ser muy discreto”.
Un largo camino
Pero que Solutions Prompteur, la empresa de esta necochenses se convirtiera en líder en su sector en Francia no es producto de la casualidad, es obra de un arduo trabajo cuyas raíces parecen encontrarse precisamente en nuestra ciudad.
Cuando Lucía se fue a vivir a Europa no tenía muy clara su vocación. Al terminar el secundario ella quiso estudiar Ciencias Económicas en Buenos Aires, pero no tardó en descubrir que no era lo suyo.
Se fue de vacaciones a Europa y durante un recital de U2, en Londres, decidió que no volvería a la Argentina. Viajó a Francia y su tío la hizo ingresar al mundo del cine.
Eso la hizo volcarse a las artes plásticas, estudió en la Universidad de París VIII, hizo video arte e instalaciones, volvió a Londres y allí descubrió la que por muchos años se convertiría en su “verdadera vocación”: la pintura.
Se radicó en Normandía y vivió entre lienzos y pinceles durante varios años. Pero a pesar de todo su talento, el dinero que generaba la pintura no le alcanzaba para vivir, así que siguió estudiando y trabajando.
Entre bambalinas
Hace más de una década que Lucía dejó la pintura y comenzó a dar sus primeros pasos en el mundo del promter.
Obsesiva y detallista como artista, Lucía fue adquiriendo tecnología y herramientas para mejorar el servicio que ofrecía a conferencistas, músicos, políticos, oradores y empresarios.
Así se hizo de un nombre y comenzó a trabajar en grandes eventos, para el gobierno francés, la FIFA, la empresa Dom Perignon, el Comité Olímpico y artistas como Sting, Charles Aznavour, Al Pacino, además de jefes de estado, filósofos y ejecutivos.
“He dejado completamente la pintura y la verdad no la extraño”, afirmó Lucía que a través de su trabajo ha podido conocer a grandes personalidades y llegar a lugares que jamás imaginó.
En los últimos años incluso se ha permitido dejar de concentrar todo su trabajo en las cuestiones técnicas del promter y ha comenzado a dedicarse al coaching, es decir el entrenamiento de oradores.
Lucía estudió PNL y psicología energética y en este último campo ha comenzado a brindar conferencias de difusión.
Vive en Caen, una localidad de Normandía, junto a su esposo y sus dos hijos: Clara, de 9 años, y Matías de 6.
A pesar de las distancias, viaja varias veces por año a Necochea, a visitar a su familia y amigos.