El doloroso recuerdo de los Juegos que no fueron
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Hace 25 años, Ana María Comaschi perdía su chance olímpica en Barcelona por un error del Comité Argentino
La noticia sacudió la redacción el día previo a la ceremonia inaugural. En Barcelona, donde estaban a punto de comenzar los 25º Juegos Olímpicos de la Era Moderna, la delegación de atletas argentinos concretaba su masiva llegada y copaba la villa olímpica de Parc de Mar. Pero en ese lógico caos, la desesperación. La necochense Ana María Comaschi no pudo ser acreditada por la organización. Comenzaba un periplo para la protagonista y un problema insalvable para la dirigencia del Comité Olímpico Argentino que concluiría de la peor manera: Comaschi se quedaba afuera de los Juegos a pesar de haber conseguido su marca clasificatoria y perdía para siempre su gran chance de ser una atleta olímpica.
“Era mi sueño y me lo quitaron con una injusticia”, dijo frustrada cuatro días después a Ecos Diarios, ya de regreso en Mar del Plata, donde se encontraba radicada, como hasta ahora. “Me ofrecían quedarme a presenciar los Juegos, pero yo me había ganado el derecho de participar y no tenía sentido. Yo fui a competir y no a pasear”, remarcó la atleta que tenía entonces 26 años.
No la anotaron
Esta historia en realidad comenzaría un par de semanas antes, en la búsqueda de la marca clasificatoria “A” o “B”, el requisito que aún hoy tienen los atletas para llegar a los Juegos. Comaschi, junto a otros cinco atletas tenía la marca “B”, en los 400 metros y en el heptatlón. Pero el Comité Olímpico Argentino, por cuestiones presupuestarias y favoreciendo otros deportes, apenas reservó cuatro plazas para un “deporte madre” como el atletismo, dos de las cuales eran para Antonio Silio y Marcelo Cascabelo, quienes habían conseguido la marca “A” prioritaria. Ante esta situación, con cinco atletas por dos lugares disponibles, la dirigencia nacional dispuso que tras el Campeonato Iberoamericano que se disputaba en Sevilla en el mismo mes de julio, se determinarían quienes ocupaban las otras dos plazas. En tanto, el Comité Olímpico Argentino, había inscripto provisoriamente como suplentes a Andrés Chiaradía y Griselda González, por sobre Comaschi y los otros dos candidatos.
Sus méritos
Comaschi lograría en ese Iberoamericano de Sevilla su mejor actuación internacional, colgándose la medalla plateada en el heptatlón y quebrando el record argentino con 5.795 puntos que se mantuvo vigente por 25 años, hasta marzo de este año. También logró la plusmarca nacional de los 400 metros. “La noche en que culminó ese torneo, el presidente de la Confederación (de atletismo) me aseguró que tenía la plaza en los Juegos y que él mismo informaría al Comité Olímpico, para que me inscribiera de inmediato. Por fin habría cumplido mi sueño: estar en una olimpíada”, sostuvo Ana en aquellos días de 1992. Pero en Barcelona todo se transformó en pesadilla.
De sueño a pesadilla
Ante el inicio de los Juegos, Comaschi y Andrés Chiaradía se quedaron en Málaga durante tres días preparándose, antes de viajar a Barcelona. “Cuando llegué, en el lugar había computadoras para ser consultadas por los atletas, donde aparecen sus datos, marcas y demás. Andrés pidió su ficha y apareció; yo probé y me contestaba ‘atleta no autorizada, información denegada’. En ese momento pensé, la computadora no falla, debe haber algún error, voy a ver cuando llegue la gente del Comité”. Esa noche Ana María durmió en la Villa Olímpica gracias a un pase especial que le consiguieron, mientras los encargados de la organización le permitían comer en los salones comunes.
La explicación, poco satisfactoria, llegó al otro día. Comaschi no había sido inscripta a tiempo por el Comité Argentino y por lo tanto no podía participar. “Se me vino el mundo abajo, me sentí sola, herida, no sabía qué hacer”, expresó entonces. Ni siquiera se le permitió observar la ceremonia inaugural en el estadio.
Por supuesto que hubo negociaciones que no prosperaron, incluso ante la Federación Internacional de Atletismo. El error era de Argentina. El Comité Olímpico Argentino, , a cargo entonces del coronel retirado Antonio Rodríguez, debió mandar su inscripción, en reemplazo de la fondista Griselda González, el 20 de julio, ya que el plazo vencía en esa jornada, pero inexplicablemente lo hicieron el 21. En cambio, la Confederación Argentina de Atletismo deslindó su responsabilidad al poder acreditar que envió a tiempo al Comité la notificación para que la inscribiesen.
A la espera de una posible solución, permaneció tres días de incógnito en la Villa Olímpica, como si fuera una visita. Y hasta llegó a ocultarse debajo de una cama, creyendo que se acercaban los encargados de seguridad de la Villa. Luego tuvo que ir a un hotel que facilitó la Secretaría de Deportes, entonces a cargo de Fernando Galmarini, solidario con la situación. En cambio, Comaschi aseveró que el “trato de la gente del Comité siempre fue muy frío y eso es terrible en un momento como ese, en el que yo necesitaba apoyo espiritual”. No le permitieron hablar con los periodistas durante esos tres días y ni siquiera le pasaron los llamados que le hacían, temiendo las repercusiones.
Ocho años después
Como prometió desde el día que la despojaron de su chance olímpica, Comaschi intentó buscar a los responsables. Recién ocho años después, en marzo de 2000, la justicia condenó al Comité Olímpico nacional a indemnizar a la atleta con 90.000 pesos luego de que la Corte Suprema rechazó el último recurso extraordinario presentado por la parte demandada. El por entonces secretario de Deportes de la Nación Fernando Galmarini y el presidente de la Confederación Argentina de Atletismo, Hugo La Nasa, testificaron a favor de Comaschi en esta causa. “Esto no calma el dolor. Ningún dinero puede pagar el sufrimiento de sentirse una extraña en la Villa Olímpica, de prepararse durante años para un objetivo que un error de los dirigentes me dejó sin la posibilidad de cumplir”, sostuvo desde entonces. Su calidad como persona y atleta nunca fueron empañados por el doloroso momento. ///
