“El equipo tenía mística”
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Jorge Bellendier, a 20 años de Luz y Fuerza campeón. El creador de un equipo que fue en subte a las finales, durmió en un hotel alojamiento y en la cancha sorprendió a todos
Pasaron 20 años, pero para Jorge Bellendier parece que fue ayer que el remate de Gastón Álvarez quebró al defensa de Ferro generando el último gran estallido del deporte colectivo necochense: Luz y Fuerza campeón de la Liga Argentina de vóleibol. El director técnico y creador de aquel plantel revivió con la misma pasión que pone en su profesión aquellos históricos días de finales de los noventa cuando un grupo de jóvenes desconocidos lograba lo máximo postergando a los experimentados candidatos. Una ciudad detrás de un equipo que fue en subte a las finales, durmió en un hotel alojamiento y en la cancha sorprendió a todos.
“Lo tengo todo muy fresco, muy emotivo y con mucha empatía de lo que se generó en la ciudad. Se alinearon un montón de factores. Necochea fue una de mis playas de la adolescencia y la infancia. No me era extraña la ciudad, al punto que mis tíos vivieron muchos años allí. Hay que recordar que todo había comenzado el año anterior, cuando fui con la Selección Juvenil (Argentina) en una gira por la provincia a jugar un amistoso”, recordó sobre el contacto con el dirigente Marcelo Carabajal para hacerse cargo de un proyecto deportivo que estaba creciendo y había estado cerca del ascenso. Finalmente en octubre de 1996 el equipo fue invitado a la flamante Liga Nacional A.
La primera Liga
“Fue la piedra angular. Ese primer equipo llegó a cuartos de final (en la primera temporada de la Liga 1996-97) o sea una gran instancia para un grupo que se había armado algo a la apurada. Había poco tiempo y con muchos juveniles que yo había traído de la selección juvenil. Hecha la base, con más tiempo, se pudo elaborar más la idea. Marcelo (Carabajal) se encargó de los contactos y se armó un equipo entre los pibes de Necochea, varios chicos de afuera, más los dos brasileños (Rogerio Castaldelli y Marcos Vinicius Eloe). Así arrancó esta pequeña gran empresa…”
La fase regular
“Entre la primera y la segunda rueda me empecé a dar cuenta de que el equipo tenía mística, una mística interna de los jugadores, que tenían hambre. Me empecé a dar cuenta que ese germen estaba pidiendo cancha para empezar a hacer grandes cosas. En la segunda rueda nos instalamos entre el octavo y sexto lugar, y maduró en el sexto para entrar a los play off”. No fue un proceso fácil y Bellendier reconoció que tuvo que exigir lo máximo: “La gente no lo sabe pero a principios de la segunda rueda, cuando viene Vélez, jugamos muy mal y perdimos muy mal. Junté a todo el equipo y les dije que como no habían podido demostrar lo mínimo que se estaba trabajando, me enoje, actué un poco y le dije que se cerraba Rivadavia y que hasta que yo dijera no volvíamos a entrenar. Para hacer más de lo mismo, nos quedábamos como estábamos. Al primer día me vienen a buscar Osvaldo (Amitrano), Eloe o De Lucca, para pedirme autorización para entrenar ellos al menos y les dije que no. Eran pibes que entrenaban bien, pero había que llevarlos al límite si queríamos hacer historia, aunque no pensaba en ser campeón… Y al otro día dijeron que sí, que venían por más. Entonces sí. Ellos me pidieron que yo fuera más exigente de alguna manera y así empezó a tejerse un pico de rendimiento que no venía del lado técnico o lo físico, sino desde la cabeza y del corazón. No teníamos el gran equipo, la gran estructura o el gran presupuesto, pero logramos resultados interesantes como ganarle a Ferro, dos veces, ganarle a Obras. Empezábamos a ganar y perder contra los grandes, aunque seguíamos siendo un tapado”.
Los play off
Y comenzó la etapa decisiva de los play off, donde el equipo dio ese plus. “Nos tocó una llave complicada. Con equipos con localía fuerte. Se fue edificando la personalidad de un equipo”, apuntó Bellendier y en especial hizo hincapié en el crecimiento de algunas individualidades: “Castaldelli comenzó a explotar. Hoy lo puedo decir: en la primera rueda no le di el pasaje de regreso (a Brasil) porque me convencieron Eloe y Osvaldo, el gran capitán. Más de una vez (Castaldelli) iba a parar al banco y por eso teníamos altibajos”.
Para la serie de cuartos de final con Regatas de Mendoza, se dio la particularidad de que Bellendier debió viajar a Ecuador por un compromiso asumido con la Selección Argentina, en el Premundial de menores. “Dejé todo armado. El cuerpo técnico estaba más aceitado, era gente con muchas ganas pero con poca experiencia: Hugo Fiorentino, Carlos Rens, Horacio Espinosa y Amitrano padre, una especie de utilero y padre de los pibes que nos daba una mano terrible. Inclusive Marcelo (Carabajal). Después estaba la gente del sindicato (Luz y Fuerza) y de la Municipalidad, que nos daba una mano importante. Yo siempre laburé para la independencia, no para la dependencia, en todos los roles de mi vida. Y logré que el cuerpo técnico lleve adelante una instancia importante como era el primer play off de local. Se ganó 3-0 con autoridad y yo estaba en Ecuador. Fue una doble carga para mí. El equipo había rendido sin estar el entrenador. Una buena señal, porque los que juegan son ellos”.
El equipo
En Mendoza el equipo ganó 3-1 y se metió entre los cuatro mejores. Para el entrenador, esa muestra de carácter marcó el porvenir. “Demostró que estaba en temple. Castaldelli explotando, Agustín (Fernández) bastante equilibrado, Osvaldo siempre dando su 100 por 100, que quizás no era su máximo de posibilidades pero si el que podía dar en ese momento, Eloe con su calidad técnica, Hernán De Lucca con esa potencia y agresividad controlada, Gastón Álvarez un jugador importante que pasaba inadvertido, Pablo Meana que él mismo reconoce que lo estaban entrenando como un futuro libero a pesar de que ese rol todavía no estaba porque no atacaba pero era muy bueno atrás y entrada en todos los sets, el Rulo (García Mónaco) también un jugador importante porque sacaba y le ponía ganas… en todo ese caldo se fue forjando el equipo para jugar con San Juan, que era un candidato importante”.
Semifinal con San Juan
En semifinales, ante los sanjuaninos de Obras, Luz y Fuerza volvió a hacerse fuerte en Necochea ganando por un claro 3-0. Pero la serie se definiría en San Juan: “Fue un capítulo aparte. El primer partido allá lo ganan ellos con autoridad (3-1). Hicimos un trayecto muy largo (para llegar). No fuimos en avión como otros, era todo a pulmón. Y a las 48 horas teníamos que jugar el definitivo. En ese día intermedio Eloe tenía 40 grados de fiebre y decidimos restringir los entrenamientos de los pibes porque no éramos un equipo largo”. El estadio Aldo Cantoni era una caldera: “(Daniel) “Nito” Quiroga (DT sanjuanino) me dijo que nunca había habido tanta gente para un partido de Liga”. Tras perder el primer set, comenzó la remontada necochense que sufrió una abrupta detención: “casualmente se corta la luz, una de las fases. Estaba TyC Sports (televisando) y de alguna manera presiona para que se juegue a pesar de que no estaba toda la luz. Y así fue y ganamos el tercero y el cuarto con una buena diferencia (15-7 ambos). Lograr el pasaje para la final fue una fiesta interna importante donde muchos lloraron, los jugadores se pudieron sacar un montón de cosas, esa presión. Demostramos que un equipo chico con muchas ganas, humildad, corazón y cabeza logró batir a uno de los candidatos y nos fuimos aplaudidos por el público”.
Finalísima
El capítulo final fueron los recordados partidos con Ferro Carril Oeste, que contaba en su plantel con los consagrados Waldo Kantor y Hugo Conte. “Llegamos a Buenos Aires (para el primer partido) en avión, gracias a una gestión del intendente Municoy. Pero no teníamos hotel. A nuestros dirigentes, en la emoción, se les había escapado que era Semana Santa y que era un hormiguero de gente. Estuvimos con el plantel una hora bajo la lluvia buscando hotel y logramos conseguirlo en Constitución. Un hotel alojamiento, no me olvido más: ‘Mickey’ se llamaba. Y para ir al estadio a entrenar íbamos en subte, no teníamos una combi”, recordó Bellendier entre otras anécdotas.
“En el primer partido Ferro arranca 2-0 contundente. Y según Quique Edelstein -comentarista especializado de TyC Sports- pido un tiempo en el inicio del tercer set que fue histórico. Les empecé a hablar y a tocar un poco el espíritu a los pibes. Porque no era un tema técnico, era que Ferro era un muy buen equipo y nosotros teníamos que jugar el 110 % y para ellos poner cosas que no tienen que ver con la técnica ni lo físico. Y de ahí en más fue una película para Necochea. Ganamos el tercero y el cuarto set y el tiebreak”.
Tras perder la revancha por un claro 3-0 en Buenos Aires, la serie se trasladó a Necochea. “Empiezo a armar el entrenamiento en función de lo que necesitábamos hacer, que era llegar al tiebreak. Nosotros no le podíamos ganar 3-0 y ellos sí a nosotros. Armamos cada pieza para que estén fríos de la cabeza pero con el corazón caliente. Rivadavia explotó (de gente) como sabíamos y tenía que ser a favor nuestro, no en contra”.
El tercer partido nuevamente comenzó en desventaja: “Pero era la primera vez que estábamos 2-1, hasta acá siempre había sido 2-0. Pudimos jugar bien el cuarto set y cuando en el cambio nos cruzamos red de por medio con Hugo (Conte), a quién ya conocía por mi trabajo en la Selección, cuando le miro la cara me hace un “no, no puede ser”. Otra vez al tiebreak. Y lo ganamos con autoridad”.
A buscar trofeo
Llegó el cuarto partido y pocos creían que sería el último: “La FAV (Federación Argentina) no tenía previsto que fuésemos campeones. Tuvieron que hacer el trofeo de urgencia en Mar del Plata. Pensaban que Ferro ganaba el cuarto y la serie terminaba recién en el (estadio) “Etchart” de Buenos Aires. De hecho en una encuesta de Olé, 9 de los 11 entrenadores decían que Ferro era el campeón. Los dos que nos dieron a nosotros fueron Luis Testa y “Nito” Quiroga, a los que habíamos vencido”.
En la mañana previa al partido, hubo lugar para otra anécdota: “En un bar de la Peatonal me reuní sólo con mi armador (Agustín Fernández) porque necesitaba que estuviera frío de la cabeza. Y lo curioso es que en el bar de enfrente, estaba Daniel Taranto (DT de Ferro) tomando un café con los dirigentes… toda una foto del poco tiempo que nos quedaba…él ya tenía todo resuelto porque Waldo era su armador”.
El partido volvió a ser parejo y nuevamente se llegó a un quinto set. Otro tiebreak consagratorio para Luz y Fuerza. En la última pelota, nada fue casualidad: “Es Gastón Álvarez el que cierra el punto, nadie lo esperaba. Porque él pegaba por el medio y lo hacemos salir a la punta. Ellos seguían a Castaldelli que lo mandamos al medio y fue el cebo. Y Gastón pegó libre”. Fue el 15-13 final y detonante de la explosión de algarabía en el Piso de Deportes. Abrazos, gritos, llanto, trofeo, autobomba y darse cuenta de estar para siempre en la historia.
Pocas semanas después llegaría otro hito histórico para el grupo como el bronce en el Sudamericano y luego para Bellendier su alejamiento como DT, obligado a asumir tiempo completo en la Selección. “Después de ganar lo que ganamos, ¿qué más podía dar?”, explicó.
Para cada uno de los protagonistas, la campaña, la ciudad y el título significó una bisagra en sus vidas deportivas y quizás mucho más. “Para mí, el 96 y el 97 había sido un período muy doloroso, porque había tenido muchos duelos. Mi hermana, un hijo varón, mi viejo y después mi vieja. Necochea significó para mí que esta persona que hoy te está hablando pueda creer de vuelta en la vida. Necochea es mi gran segunda casa”.///
