El esqueleto de un sueño que quedó en los papeles
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2018/10/14-historia-e1539556849858.jpg)
Cuarenta y ocho años atrás, en octubre de 1970, la provincia traspasaba un terreno en la zona balnearia de Quequén para construir el edificio del Museo Hidrobiológico
Hace 48 años, en octubre de 1970, luego del acuerdo de gabinete provincial, era promulgada la Ley 733, por la cual la provincia de Buenos Aires cedía al gobierno nacional el terreno para que el Museo “Bernardino Rivadavia” procediera a la construcción del edificio destinado al Museo Hidrobiológico de Quequén.
El anuncio parecía dar respuesta a un viejo anhelo de los vecinos de Lobería y Quequén.
Los trabajos deberían iniciarse antes de cinco años, plazo establecido por el gobierno
bonaerense para la realización de dicha obra. Pero la obra se inició una década más tarde y si bien la construcción avanzó rápidamente, sólo se quedó en la estructura.
En la actualidad se puede ver el esqueleto del edificio junto a la Plaza 3 de Agosto, a metros de la playa de Quequén.
Demora
Una década después del traspaso del terreno, el 23 de marzo de 1981, se realizaba en la Unión Vecinal de Fomento de Quequén la ceremonia en la que se firmaba el contrato de adjudicación de la construcción de la Estación Hidrobiológica de Puerto Quequén.
La obra en la calle 502 de Quequén, en inmediaciones de la iglesia Stella Maris, comenzó a gestarse a partir de la iniciativa de un grupo de vecinos, más de 20 años antes.
Ellos interiorizaron al entonces director de la estación, el profesor Enrique Balech, sobre el ambicioso proyecto para construir un nuevo edificio que respondiera a las crecientes necesidades que implicaba el estudio, profundo y pormenorizado de nuestra plataforma continental.
Balech recogió favorablemente la iniciativa, formando un expediente que tuvo entrada en los organismos correspondientes, y que obtuvo el apoyo del Museo Argentino de Ciencias Naturales y del Instituto Nacional de Investigaciones de las Ciencias Naturales.
Fue así que la Municipalidad de Lobería, de donde dependía Quequén, donó el terreno donde hoy se levanta la estructura de hormigón del nuevo edificio, en cercanías de la playa de estacionamiento de camiones.
En las gestiones tuvo una activa participación el escribano José Manuel Calise y la Unión Vecinal de Fomento de Quequén.
Se formó luego la primera comisión directiva de la Asociación Cooperadora de la Estación Hidrobiológica.
Hace 80 años
La Estación Hidrobiológica fue inaugurada hace 80 años, el 15 febrero de 1938. El acto de apertura contó con la presencia de Martín Doello Jurado, entonces director del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”.
“Esta casa de estudios y museo nos honra como argentinos y al mismo tiempo como vecinos de Quequén”, manifestó en su emocionado discurso el representante de la Unión de Fomento de Quequén, José Manuel Calise.
Doello Jurado, infatigable investigador y destacado científico, aprovechó su visita a Necochea para dar una conferencia de “Los institutos de biología marina, su función e importancia”.
Pocos días después, Ecos Diarios publicó un artículo en el que se informaba que ya se había reservado un terreno de casi dos hectáreas para la nueva Estación Hidrobiológica.
Lo insólito del artículo, es que se hacía referencia a la intención de trasladar la estación a Necochea.
Doello Jurado había disertado sobre este tema en el salón de actos del diario La Prensa, en la Capital Federal. Según explicó el científico, la intención era emplazar la Estación Hidrobiológica sobre la margen derecha del Río Quequén, en cercanías de la escollera, sobre la avenida costanera.
Se construirá un edificio cuya planta y distribución ya están esbozadas, y a los fines de financiar la obra el Poder Ejecutivo nacional espera contar con los fondos necesarios en el presupuesto del año 1939 y con la cooperación del gobierno de la provincia, añadía el artículo de Ecos Diarios.
Según lo expuesto por Doello Jurado, una vez trasladado a nuestra ciudad, el museo no sólo comprendería la fauna y flora marina, sino “todos los otros aspectos de la Historia Natural de la región: Botánica (en particular plantas psamófilas, propias de los médanos), Geología, Paleontología y también Antropología y Arqueología, para dejar constancias de las características de los antiguos habitantes indígenas de la región, los restos de cuyos paraderos se hallan todavía en los médanos de la costa de la provincia de Buenos Aires, donde han vivido desde épocas prehistóricas hasta poco antes de la conquista del desierto por el General Roca”.
En el nuevo museo también se destinaría una sala especial a la pesca y se mostrarían en ella diferentes tipos de embarcaciones, corrientes marinas, temperaturas de las aguas, composición química de las mismas, etc.
También se pretendía exhibir planos y otros gráficos relacionados a Puerto Quequén, además de la instalación de acuarios, un jardín zoológico para reptiles, aves, mamíferos y laboratorios de investigación biológica.
Concurso nacional
En 1961 se dictó la ley 16.068 por la cual se autorizaba al Poder Ejecutivo nacional a invertir la suma de 10.000.000 para la construcción y habilitación de un edificio con destino a la nueva sede de la Estación Hidrobiológica en Puerto Quequén.
Tras el traspaso del terreno de 6.022 metros cuadrados sobre la calle Juan de Garay, frente al mar, en la zona del Puerto Quequén, se llamó a concurso nacional de anteproyectos y resultó ganador el estudio de arquitectura de Otaola y asociados.
Según publicó Ecos Diarios en marzo de 1981, el acto en el que se firmó el convenio de adjudicación contó con la presencia del intendente Alberto Vicente Percario, el director de la Estación Hidrobiológica, Enrique Balech, directivos vecinalistas e invitados.
En representación de la empresa adjudicataria se encontraba Eduardo Caramián.
El ambicioso proyecto tenía un costo de 5.344.201.390 pesos de la época. El plazo de ejecución era de 730 días corridos.
La obra comprendería un centro de estudios hidrobiológicos de gran magnitud. La parte central del edificio contaría con laboratorios de ecología, de geología y sedimentología, de biología marina, acuario público, sala de exposición y museo.
En otro de los niveles se hallarían la cámara frigorífica, talleres de mantenimiento y de campaña, para construirse en un tercer nivel, biblioteca, dormitorios para investigadores, dormitorios para los estudiantes, sala de estar, dirección y otras dependencias afines a estas comodidades.
Pero la obra quedó paralizada cuando la estructura de hormigón se había completado en un 90%. Desde entonces, diversas entidades han realizado gestiones para que la obra se finalice, pero sin éxito.
Pese a ello, la estación continuó funcionando en la casa de madera ubicada en avenida Almirante Brown y Juan de Garay. En 1999 fue refaccionada y el Museo Bernardino Rivadavia le dio nuevo impulso.