El fenómeno de Quequén
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A fines del siglo XIX y principios del pasado familias de la llamada aristocracia argentina ya habían puestos sus ojos en la costa de Quequén construyendo mansiones de veraneo que aún hoy algunas se mantienen en pie. La presencia de ese público de elevado poder adquisitivo también pasó a ser clientela del antiguo Hotel Quequén. Todo ese entorno en una topografía agreste rodeada de médanos que, con el correr de los años empezó a cambiar su fisonomía cuando el hombre puso empeño en combatir el avance del arenal y lo vistió de verde con distintas especies arbóreas. Razones que el tiempo han borrado ya ese incipiente centro turístico se fue desvaneciendo, quedando como mudo testigo de ese esplendor el mismo hotel y alguna que otra casona, como hemos dicho.
Quequén que, durante la mayor parte de su historia perteneció al partido de Lobería, hasta 1979, creció desordenadamente sobre un trazado ambicioso ideado para una gran urbe. Muestra de esto y la falta de planificación generó el centro urbano que hoy conocemos.
La estación del ferrocarril, en su época más brillante alejada de todo el movimiento comercial o portuario, la plaza principal como solo hecho curioso sin el tradicional templo católico, la iglesia de la Merced, frente a otra plaza que es la nada misma, y al lado fuera de toda lógica la sucursal del Banco Provincia, varias plantas de silos en pleno sector urbano, una inmensa industria oleaginosa en la principal calle, son claros ejemplos de ese desarreglo urbanístico producido a través de los años. Este perfil de ciudad, contrasta con una comunidad trabajadora y ansiosa de un ordenamiento sustentable y expectante de su autonomía.
Crecimiento exponencial
Desde aquella hostería “El Turbión” de poca vida como hospedaje para el turista fue inaugurada a principios de la década del 50, frente mismo a la playa donde encallara el vapor Monte Pasubio y luego, por quien había ejercido su profesión en Necochea, el médico pediatra Bicoff, adaptada el edificio en colonia para niños bajo el nombre de “Pinocho”, también de malograda experiencia económica siendo conocido el lugar hasta su demolición y, como para tomar un punto de partida, desde allí el crecimiento de la zona de la costanera de Quequén ha sido exponencial.
Antes del nuevo emprendimiento de ese complejo turístico en el emblemático lugar, ya se habían comenzado a construir casas frente al mar sobre la avenida 502 y su prolongación. El frente costero de Quequén representa actualmente un lugar de privilegio para residencia permanente habiendo quedado atrás el criterio de casas exclusivas para el veraneo. Al auge inmobiliario en calles aledañas y de construcciones sobre la principal frente al mar hasta el final del asfalto, es la imagen de la ausencia de planeamiento donde se mezclan departamentos, casas y algunos locales con diferentes rubros comerciales. De ese trazado ambicioso que señalamos, sin embargo, no se tuvo en cuenta y justo es admitirlo, por la época en que se realizó, que no se haya tenido lamentablemente la visión para la traza de una amplia avenida sobre la línea del litoral.
Actualmente la playa de Quequén tiene una atracción especial y es visitada por numeroso público que se concentra en pocas cuadras generando un caos vehicular en las horas pico en los días de playa o como paseo alternativo, en este último caso solo porque se puede ver el mar, cosa que no ocurre en Necochea.
Esa zona de Quequén ya promete un futuro promisorio, como un remedo de aquellos años de la “belle époque” y en tal sentido hay tiempo para empezar a planear el desarrollo sobre el litoral quequense, contemplando, bajo un estudio riguroso el efecto de las mareas y el urgente tratamiento de los efluentes cloacales que se vienen volcando al agua irresponsablemente en la zona de Punta Carballido.
Quequén ciudad portuaria por excelencia, puerta de salida de la riqueza que produce su rica zona agrícola ha vuelto a sus orígenes de centro turístico. Todavía hay mucho por hacer, en consecuencia no dejar que siga el crecimiento desordenando, sin contemplar los nuevos criterios de urbanismo y respetando el buen gusto sin agredir el encanto que ofrece poder vivir junto al mar.///