¿El Festival debe continuar?
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El 61º Festival Infantil ya es historia. Y como ocurre de varios años a esta parte, más allá de lo que puedan decir o justificar las autoridades de turno, el saldo sigue siendo agridulce y se encienden algunas críticas.
Hay que dejar muy en claro que la fiesta de los niños, por diversas cuestiones, no ha logrado adaptarse a la mutación que ha sufrido la niñez en cuanto a intereses y diversión.
Aunque sea nostálgico e imposible de reeditar porque la vida y las costumbres cambiaron, hoy son irrepetibles presencias de las mejores figuras de las primeras décadas, porque en gran parte han fallecido, o desaparecido de un escenario cultural-infantil que a nivel país también se ha reducido. Artistas notables y referenciales como las cancionistas María Elena Walsh y Leda Valladares; el director teatral Hugo Midón; los titiriteros Javier Villafañe, Mané Bernardo y Sarah Bianchi; el cantautor Pipo Pescador y otras tantas figuras de primer nivel que animaron festivales, son recuerdos de un tiempo lejano. Hoy, salvo algún que otro elenco teatral que pueda enviar la Provincia o la Nación, y de artistas no popularmente conocidos, los espectáculos están exclusivamente en manos de exponentes de la ciudad.
El cambio social, económico y educacional que ha experimentado la Argentina, ha mutado los intereses de los niños, que sigue siendo la razón de ser del Festival. Chicos que hoy en día disponen de la tecnología a su disposición y son muy proclives a aburrirse con algo que no surja desde sus celulares, notebooks o playstation.
En el camino fue quedando el desfile de carrozas y comparsas, un aspecto de la fiesta que obligaba a esfuerzos económicos y que dejó de entusiasmar a los principales protagonistas: los niños.
También quedó de lado la llegada de los periodistas de los principales diarios capitalinos para difundir alternativas del Festival; y el evento se acortó en sus días de duración y hasta fue perdiendo su lugar específico, con la rotación de sus escenarios, tanto de desfiles como de espectáculos. De hecho el que acaba de finalizar se realizó íntegramente en la plaza Dardo Rocha. Y en cada cambio se han perdido espectadores.
Como si esto fuera poco, en los últimos años apareció la pandemia-cuarentena primero anulando la edición Nº 60 y durante 2022 retrasando para febrero la tradicional realización del mes de enero.
Viendo todas estas alternativas pareciera que el Festival Infantil ha perdido la brújula; y las voces más críticas hasta se animan a aconsejar que si no hay un golpe de timón contundente, no debe seguir haciéndose.
No es justo echarle toda la culpa al municipio, que es cierto a lo largo de varias gestiones de gobierno ha tenido la mayor responsabilidad en las idas y vueltas que ha tenido en las últimas décadas el segundo Festival del país en cuanto a ediciones, detrás del de Cosquín.
Es que las entidades intermedias, que fueron el principal sostén en la época “de oro” del Festival, se fueron alejando del compromiso de ser protagonistas de este festejo de cada verano. Es más, muchas de esas personas, la mayoría anónimas, hoy apenas van como espectadores a llevar a sus nietos, mientras que otras se dedican a criticar todo desde las, muchas veces, nocivas redes sociales.
Más allá de estas aseveraciones queda en claro que hay una orfandad de ideas claras sobre el perfil que hay que darle a la fiesta nacida en 1962. El Festival pareciera ser un pesado compromiso para algunas autoridades. Y cuando baja el telón de cada edición siempre se dice o promete lo mismo: “Vamos a hacer una convocatoria para que las fuerzas vivas vuelvan a comprometerse con el Festival Infantil, opinen y ejecuten”. Algo que termina cayendo en “saco roto” y que alienta el pesimismo sobre el futuro de una realización que fuera distintiva de Necochea.///