El género no es un impedimento para el desarrollo femenino
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Los roles establecidos tiempo atrás, quedaron en el pasado, y hoy ser mujer no es límite para realizar ninguna tarea
Históricamente, se le han atribuido algunas características a las mujeres y otras a los hombres. La mujer siempre estuvo más relacionada con trabajos que tienen que ver con el cuidado, la educación y la casa. Sin embargo, de un tiempo al presente, no podemos hablar de roles tan estrictos, ya que la mujer se incorpora al mercado de trabajo, y en algunos casos, el hombre se debe incorporar a las tareas domésticas.
De todas maneras, si bien hubo avances en los últimos años, aún existen diferencias laborales entre el hombre y la mujer, por ejemplo, en lo que respecta a la cuestión salarial.
Vale destacar que el contexto, en términos de relaciones de género y país, viene evolucionando en temas como el debate por la despenalización del aborto. La incorporación de la mujer en el mercado laboral va de la mano de los derechos sexuales y reproductivos, y de la planificación familiar.
La realidad actual, indica que las estructuras han cambiado y los ejemplos se evidencian seguido en nuestra ciudad, como el caso de algunas mujeres que lograron romper el molde, y triunfar en mercados que eran impensados tiempo atrás para “ellas”.
Se ganó un lugar en el boxeo
Jorgelina Guanini hace diez años comenzó a entrenar boxeo; tenía 15 años. Ahora, con 25, sumó muchos logros a su carrera, entre ellos, se coronó campeona sudamericana recientemente.
Su padre era instructor de judo y ella, desde los 5 años lo acompañaba a las clases. Fue creciendo y su padre intentó orientarla al hockey y natación, pero ella insistió en que quería hacer boxeo.
Comenzó con defensa personal y a los 16 años le preguntaron si quería hacer su primera pelea, porque le vieron “condiciones y garra más que nada”, mencionó.
Cuando empezó era un ambiente muy masculino, dijo, porque “es muy dura la gimnasia y la rutina; por lo general siempre arrancan y no duran más de un mes o dos y abandonan todas”.
“Cuando debuté a los 16 años me pegaron una paliza fuerte y me rompieron la nariz. Mi papá dijo que no boxeara nunca más”, indicó Jorgelina. Ella no se asustó, al contrario, le dieron más ganas de entrenar para buscar la revancha.
“Tuve mis lapsos en los que pensé que esto no era para mí, porque sufrís mucho en los entrenamientos, es muy duro”, manifestó. Además, agregó que son muchas las cosas que tenés que dejar, desde reuniones con amigos a festejos de cumpleaños, por lo que es el entrenamiento y la dieta estricta. “Te privás de un montón de cosas”, indicó, y algunas veces pensó que eso no era para ella, aunque ahora esos cuestionamientos quedaron atrás.
En cuanto a la diferencia entre hombres y mujeres, las hay, y muchas. La bolsa de la mujer, por ejemplo, la pagan mucho menos que la del hombre: es cerca de cinco veces inferior.
“Mujeres somos re poquitas”, expresó, y así, ella aprovecha sus años intensos de carrera, que son los que vive actualmente, y en su profesión, suelen ser hasta los 30 años.
Gasista y artesana
Anahí Trejo eligió la tarea de gasista matriculada como actividad laboral. Comenzó porque le gusta mucho estudiar, según mencionó, y luego de años fuera de la ciudad, al volver a residir en Necochea, se anotó en el Centro de Formación Profesional y le gustó la carrera. “Una cosa llevó a la otra, y no pensé en ese momento que iba a ser una fuente laboral y resultó siéndolo”, expresó.
Anahí está casada hace 30 años y tiene 51 años. Su actividad representa hoy por hoy un ingreso fundamental para su familia.
Quienes la contactan, se sorprenden al llamarla por un trabajo y ver que es una mujer que realiza tareas como gasista; “no lo pueden creer”, dijo, aunque manifestó también que al notar que es mujer, no sienten prejuicios en cuanto a su buen desempeño.
En relación a si siente algún impedimento físico para desarrollar la actividad, Anahí respondió entre risas que “más vale maña que fuerza”, y así, hace cerca de seis años que se desenvuelve sin inconvenientes en un área mayoritariamente dominada por hombres.
Anahí empezó de a poco, y destacó que fue aumentando su clientela con el tiempo. En sus inicios sólo limpiaba calefactores, y ahora hace absolutamente todo lo que está al alcance de un gasista matriculado.
“Matriculadas hay varias mujeres, pero la mayoría se dedica a hacer planos y papeleo, no pone manos a la obra”, mencionó. Ella, en cambio, hace de todo: instalaciones, planos, limpieza de calefactores y lo que le soliciten vinculado a su actividad.
“Para mí es un buen mercado laboral”, mencionó. Y agregó que le gusta mucho trabajar con las manos y se desempeña como artesana en madera también, oficio que viene de familia, ya que su papá era carpintero y se crió en ese ambiente.
Su marido la apoya y ayuda en todo lo que quiera hacer, sostuvo, lo que representa un incentivo importante para su buen desenvolvimiento.
“La mujer tiene derecho a desarrollarse en lo que realmente le gusta y tiene la capacidad de hacer lo que realmente quiera”, manifestó, y recomendaría la actividad. “No importa si es un oficio para hombres, o si se tildaba para hombres”, expresó.
Vale destacar en el Centro de Formación Profesional se dictan variados cursos que son de suma utilidad para el desarrollo profesional de hombres y mujeres de todas las edades.
Ahora, Anahí está pensando en cursar otra carrera, como electricista o plomería, para ampliar sus conocimientos. “Primero hay que cultivarse y con ganas uno puede sacarle provecho a sus conocimientos”, sostuvo.
Repartidora de soda y agua
Laura Acosta es repartidora en una empresa de soda y agua, y desde hace 21 años cumple con su trabajo.
Una jornada comienza a las 6 de la mañana y termina a la tarde, con una gran satisfacción. “Disfruto mucho el trato con la gente, soy una persona muy sociable y hago un lazo con ellos, de manera que la confianza se hace más fuerte. Yo entro a sus casas y conozco sus historias, he visto nenes de delantal, luego de adolescentes y cuando han sido padres”, señaló con una sonrisa.
Con respecto a la confianza, Laura se siente muy agradecida, porque “ellos me abren las puertas de su casa, me reciben, me esperan y para el día de la mujer una clienta me hizo un almohadón, me lo bordó y regaló, son demostraciones de afecto muy lindos”.
Aunque mencionó que también hay gente que “no te trata tan bien porque tuvo un mal día y uno aprende”.
Haciendo memoria, Laura aseguró que siempre trabajó desde muy joven, fue casera por temporada de verano, y por intermedio de un conocido le propuso que ingresara como repartidora.
Hace 20 años atrás, las mujeres comenzaban siendo promotoras y acompañaban a los repartidores, pero luego el dueño de la empresa las incentivó y les dio la posibilidad de manejar las unidades y vender.
“Con dos hijos de 2 y 4 años, le aclaré a mi jefe que era madre, pero que era muy responsable, porque antes ser mamá traía muchos prejuicios, como por ejemplo de que iba faltar al trabajo, pero llegó un momento en que las mujeres vendíamos igual o más que los hombres”, recordó.
Si bien, Laura estaba casada y su marido era carnicero y tenía comercio, ella no dejó de trabajar, y llegado un momento que hubo una gran crisis en el país, tuvieron que cerrar la carnicería, y su sueldo fue el que sostuvo a su familia.
“Estoy convencida de que la pasividad no lleva a nada, uno tiene que luchar por sus derechos. Es importante reivindicar a la mujer, pero no atacando a
otros que piensan distinto”, reflexionó.
Además aseguró que todo en la vida es cuestión de actitud, “si vos estás segura de lo que haces y de la forma en que te dirigís a otros, generalmente vuelve lo mismo. Soy respetuosa y exijo lo mismo”.
Con su trabajo, volante en mano, recorriendo mucho la ciudad, ha aprendido manejo defensivo, y al respecto dijo que “me conozco los baches, los semáforos, los barrios, las calles, lo que anda y lo que no anda”.
Al manejar gran parte del día y estar a cargo de un vehículo, Laura sabe de mecánica en general, ha sabido defenderse de hechos delictivos, aunque también le han robado varias mochilas de su pertenencia.
Arriba de un camión
Marcela Velázquez, está trabajando en plena cosecha del girasol. Ella es camionera hace cuatro años. Tiene a su hermano y su ex esposo que son camioneros, por lo tanto, cuando decidió empezar a trabajar en este rubro, ya sabía lo que la esperaba.
“No me fue difícil, me adapté muy bien, pero al principio tuve que aprender ciertas cosas de la profesión, a tomar conciencia de las dimensiones de un camión, tener otras precauciones”, dijo.
Sin embargo, reconoció que si le hubiesen dicho años atrás que manejaría un camión, hubiese dicho “ni loca”.
En su círculo intimo, en sus comienzos le preguntaban si estaba segura de la decisión, pero su familia la apoyó y su hermano la acompañaba en los viajes cuando podía.
“Hago viajes al campo a 100 kilómetros de acá, y regreso a mi casa todas las noches para estar con mis hijos”, precisó.
Marcela tiene 47 años y recuerda que desde muy joven le inculcaron el valor del trabajo. “Aprendí a manejarme con mi dinero, te da autonomía y la mujer hoy por hoy ha llegado a espacios laborales impensados y estoy convencida que tiene que haber igualdad”, opinó.
Por otro lado, vale señalar que Marcela trabajó durante 18 años como empleada administrativa en una empresa de insumos agropecuarios. “Cuando me fui me tome un tiempo para mi y mis hijos, pero a los pocos meses sentía que me faltaba algo porque siempre había trabajado, y terminé el secundario de adultos”, relató.
También tuvo una época en que vendía ropa, manejó una combi de transporte de pasajeros, hasta que se decidió por el camión. “Hoy, es mi herramienta de trabajo, mantengo mi casa y mis hijos. En este camino he tenido suerte, buenos compañeros y nunca un problema. Todo depende de uno”.//