El hogar Landera requiere un acompañamiento permanente
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El hogar de ancianos “García Landera” otra vez atraviesa una situación complicada desde el punto de vista económico. Sus escasos recursos apenas cubren los gastos de funcionamiento del servicio, pero no alcanzan para realizar ninguna obra para mantener el edificio, ubicado en ruta 86 a la altura de la 74.
Actualmente el hogar cuenta con 47 residentes, entre hombres y mujeres, y si bien la capacidad es para 70 personas, no pueden sumar más internos porque esto implicaría incorporar más profesionales y no están en condiciones económicas de hacerlo.
La institución, que tiene casi 70 años de historia, está a cargo de cuatro religiosas de la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y se sostiene con el 80% de la jubilación de cada uno de los residentes. La gran mayoría cobra el haber mínimo por lo que los recursos no sobran.
En los últimos años, la inflación creciente agravó la situación del Hogar y varias veces tuvieron que realizar campañas de socios, pedidos de pintura y hasta colectas de alimentos para cubrir las necesidades de los adultos mayores.
Ahora la urgencia es realizar dos obras. Por un lado, arreglar las cañerías de agua y, por otro, reparar los techos que tienen filtraciones en varios sectores y hasta agujeros en otros. Además, piden la colaboración de la comunidad con aceite, azúcar, leche, carne, pollo y pescado y alimentos no perecederos.
Más allá de las convocatorias que hacen las religiosas para conseguir ayuda, sería interesante que, desde afuera, se generara alguna entidad símil cooperadora para ayudar al hogar y convertirse en un sostén permanente a la hora de comprar mercadería o de realizar mejoras del edificio, que es grande y ya tiene sus años y, por tanto, requiere mantenimiento permanente.
En oportunidades, ha sido el Club Rotario de Necochea el que ha colaborado para dar soluciones a las demandas que se presentaban. Hace unos años, la entidad hizo conjuntamente con Entretenimientos Necochea S.A. un aporte solidario para cambiar el sistema de agua caliente y tiempo después, en medio de la pandemia, efectuó una colecta para juntar alimentos y artículos de limpieza para ayudar al sostenimiento de la institución.
No obstante, además de la ayuda periódica que puedan brindar particulares o entidades, como el caso del Rotary, teniendo en cuenta la prestación humanitaria que ejercen con su trabajo las hermanas es preciso que no estén cada seis meses teniendo que salir a la comunidad a pedir recursos porque no pueden mantener a los residentes o el edificio.
Además, si existiera una especie de cooperadora no solo se superarían estas crisis cíclicas, sino que se podría proyectar una ampliación del hogar. Se podría pensar en incorporar más profesionales, más servicios e incluso utilizar a pleno toda la capacidad, sumando más residentes.
El hogar Landera cumple un servicio muy importante, si se tiene en cuenta la demanda que hay de lugares en geriátricos o en residencias de este tipo son privadas y a veces los costos no son accesibles para todas las familias. En tanto, el hogar Raimondi, que es otra de las residencias, recibe únicamente adultos mayores de la ciudad de Buenos Aires.
Es de esperar que este nuevo llamado de las hermanas derive en una solución a largo plazo, es decir, que pueda conformarse una especie de cooperadora que le permita resolver la coyuntura y proyectar a futuro. En este armado, el Estado municipal no debería estar ausente, sino que también sería interesante que puedan también brindar algún tipo de acompañamiento e impulsar un trabajo en conjunto con la institución para fortalecer el servicio que se brinda a las personas que, por su edad allí viven.///