El hombre que pretendía lotear la plaza
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Mientras hoy la sola mención del loteo del Parque Miguel Lillo genera la inmediata reacción de sectores ambientalistas, alguna vez alguien quiso subdividir las cuatro manzanas céntricas y que el municipio vendiera los lotes para crear comercios
Los planos originales de la ciudad sugerían un trazado de cinco plazas: una central, la que hoy conocemos como Dardo Rocha, y otras cuatro que delimitaban el ejido original de la naciente población, allá por la década del 80, en el siglo XIX.
Sin embargo, debido a la ubicación de la plaza central, la quinta plaza quedaba en el plano a orillas del Río Quequén.
Así fue como, alrededor de la plaza Dardo Rocha, en 58 y 59, se dispuso la plaza de las Carretas, en la intersección de 74 y 43, la plaza de los Boys Scouts, en 74 y 75, y la plaza Isabel la Católica en 42 y 75.
El otro vértice de aquel cuadrado formado por las tres plazas antes citadas en 42 y 43, a orillas del Río Quequén. Por esta razón podría decirse que a Necochea le falta una plaza y a Quequén unas cuantas más.
El 2 de diciembre de 1889, el agrimensor Eugenio Moy había presentado los planos de la futura ciudad de Quequén, un faraónico proyecto que preveía el trazado de un ejido urbano que incluía nada menos que 13 plazas.
Pero un siglo después de la fundación, el núcleo urbano ha sumado nuevas plazas en barrios que ni siquiera habían sido imaginados apenas unas décadas atrás.
Y a pesar de las quejas de algunos grupos de ambientalistas, la ciudad cuenta en la actualidad con más espacios verdes que nunca y con cada vez más árboles.
Aunque el tema de los espacios verdes nunca era visto en el siglo pasado con los mismos ojos que en la actualidad. El caso más anecdótico al respecto de este tema es el del proyecto de un conocido vecino en urbanizar la plaza Dardo Rocha, porque le parecía un derroche de espacio.
Hace 91 años, Osías Shijman, autor de un libro sobre la colonización judía y de estudios urbanísticos sobre las plazas, visitó por primera vez la ciudad junto a Oscar Heisecke y cruzó por la Plaza Dardo Rocha.
«El primer día que pisé Necochea, el 29 de noviembre de 1930, y cuando con tanta gentileza el señor Heisecke me llevó en automóvil a conocer la ciudad, al cruzar la plaza Dardo Rocha, esta me llamó poderosamente la atención», escribió años más tarde. «Fue así que más tarde concebí la idea de transformarla y modernizarla dentro del orden estético y económico».
En 1932 Ecos Diarios publicó un artículo escrito por el propio Shijman sobre el proyecto y también un plano de la idea.
«La plaza Dardo Rocha tal como está es una joya de gran valor, pero que no luce», escribió Shijman. «Es como un brillante sin tallado. Es lo que le falta para que luzca en todas sus facetas y convertirse así en una armoniosa encajadura de oro y platino. Las superficies triangulares así diseñadas y edificadas serán el oro y platino que engarce al brillante de la plaza que así lucirá y atraerá por su perfecto tallado».
El proyecto de Shijman consistía en trazar diagonales desde la avenida 58 hacia la 59. De esta forma, se formarían otros cuatro triángulos rectangulares que el municipio podría lotear. La idea era reducir a la mitad la superficie de la plaza, «rodeada en todos sus lados por nuevas calles asfaltadas que formando diagonales darán frente a una edificación moderna que podrá ser reglamentada por la Municipalidad».
Cuestiones de espacio
Shijman insistió con sus ideas en otros municipios. Fue así que surgió el libro folleto «Método práctico de estructuración de plazas a un block armónico y equilibrado», con el que pretendía contribuir «desde el punto de vista edilicio y económico a algunos municipios de la grandiosa provincia de mi nacimiento».
Pero en nuestra ciudad su proyecto no tuvo respuesta. La idea de lotear la plaza parecía poco práctica mientras Necochea se estiraba hacia los suburbios y le ganaba espacio al campo y a los médanos.
Sin embargo, no desistió y cuarenta años más tarde, en diciembre de 1973, escribió una carta al intendente Edgardo Yelpo en la que reflotaba su proyecto. Acompañaba la carta con un folleto titulado «Trazado ideado para transformar la plaza Dardo Rocha de Necochea».
Una copia de aquel folleto, al que se puede acceder en el Archivo de Ecos Diarios, revela que Shijman había seguido trabajando durante todos aquellos años en su idea, ya que se trata de la tercera edición del panfleto, publicado en 1951 por la librería La Minerva.
Mientras que otro folleto, ilustrado con un dibujo de la plaza con sus esquinas transformadas en abigarrados blocks de viviendas y comercios, publicado por la misma librería, tiene fecha de 1949.
Según explicaba Shijman al intendente Yelpo en su carta, muchos vecinos habían visto con buenos ojos su idea. «Desde que concebí la idea de reestructurar esta plaza, pude apreciar la atención y beneplácito que ha despertado en todos los sectores de la opinión pública, lo que me estimuló a profundizar en su estudio y así, a raíz de tan diversas publicaciones, obtuve una serie de opiniones de calificadas personalidades como el ingeniero Benito Carraso, el diputado Julio Noble, el senador Francisco Uzal, el ingeniero Adolfo Moret, el ex diputado Saúl Ignacio, el ex senador Lucio Chervet, el ex intendente Roberto Uzal».
Además, señalaba que la «reestructuración proyectada, reservada para plaza un block de 31.670.160 metros cuadrados o sea casi el doble de superficie que tiene la Plaza de Mayo de la Capital Federal, de modo que podrán hacerse concentraciones populares de centenares de miles de personas, convirtiéndose así en totalmente funcional para el tránsito interno del peatón y del tránsito mecánico externo».
«El cruce actual de la plaza por el peatón no pude cumplirse sin correr riesgo personal en cada caso y cuando de menores se trata, es más grave la responsabilidad para las autoridades y pueblo, ya que se torna cada vez más alarmante la agresividad del tránsito mecánico, que tornó a las avenidas y rotonda de la plaza en pista de carrera o algo más grave», añadía.
Pero el proyecto de Shijman nunca fue concretado, ya que para muchos necochenses la idea reducir la superficie de la Plaza Dardo Rocha a la mitad era casi un sacrilegio. Aquella plaza, en la que el 12 de octubre de 1881 flameó por primera vez la bandera y por la que caminaron los fundadores, debía permanecer como testigo fiel de la historia de la ciudad.