“El hospital es uno de los grandes espejos de la ciudad”
Manifestó Virgina Ercolano, en el marco de su jubilación, luego de 33 años de trabajo
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MORA NASIFF
Para Ecos Diarios
María Virginia Ercolano de 60 años, es una reciente jubilada, que ha trabajado durante 33 años como empleada administrativa en el Hospital Municipal Dr. Emilio Ferreyra. Dicha jubilación fue concretada el pasado 28 de noviembre del año en curso, con 41 años y medio de servicio. Si hay algo que la distinguió en su rol como empleada, o mejor dicho, que la sigue distinguiendo en su rol como persona, es su fiel característica de ayudar al otro, de estar y puntualmente de escuchar. Hoy por hoy, la gente la reconoce como algo más que una empleada administrativa y Virginia asegura que, ayudar, es uno de sus objetivitos en esta vida.
Virginia ingresó el 1 de julio de 1983 al Cementerio Municipal de Necochea, siendo la primera mujer que trabajó en el cementerio, transitando tres años en el área. Luego, desarrolló su labor en la Municipalidad, en distintos espacios municipales, uno de ellos, Bienestar Social, como administrativa. Tiempo después, concretó su traslado al Hospital Ferreyra, ejerciendo su labor por 33 años, en la oficina de Estadística.
“Siempre con atención al público, la verdad es que no tengo palabras para definir toda mi trayectoria, ya sea en el plantel municipal o en áreas posteriores. Si me pongo a pensar, tengo 60 años y casi el 50% o más, estuve en el Hospital Ferreyra”, mencionó Virginia a Ecos Diarios.
Un cálido acompañamiento
Lo particular de su historia, es que como comenzó su labor, la terminó, en el mismo sector. Años y años de experiencia y conocimiento, el vínculo con el público generó confianza y hasta de cierta manera una forma de comprensión con pacientes que solo había conocido en el hospital. “En contacto con la gente me daba cuenta desde lejos como entraban al hospital, ya veía las caras en las personas, ya las conocía de tanto tiempo que hasta sabía cómo llegaban”, aclaró, indicando que “siempre dije que el hospital es uno de los grandes espejos de la ciudad para mí, y las personas que ingresan, salvo las que van a tener familia, ingresan con problemas, entonces lo lindo es poder resolver esos problemas escuchando”.
Sin solucionar cuestiones vinculadas a la medicina, Virginia ayudó en lo psicológico, brindándole tranquilidad y bienestar a los pacientes, y a su vez a ella misma, ejecutando así una ayuda que la llenó por completo, ya que realizaba acciones que el cargo de administrativa no le exigía.
“Hasta me he ido con niños a tomar el desayuno a las confiterías por supuesto sin conocerlos, siempre tenía un caramelo o una galletita para darles, no podía escucharlos llorar”, aseguró.
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Una compleja decisión
El tiempo pasó, los años transcurrieron, y la idea de jubilarse comenzó a circular… aunque, pensándola como una complicada decisión. Debido a la llegada del cumplimiento de 35 años en el servicio, y pese a la edad, comenzó a generarse el acto administrativo, el cual fue enviado por el municipio, anticipando algunas cuestiones respecto al tema.
El 28 de noviembre del 2024 Virginia se despidió de un espacio que le ha dado formación, aprendizaje y vínculos, con 60 años de edad y 41 años y medio de servicio.
En cuanto a sensaciones, destacó que “lo que más extraño es el público, porque me sentía muy útil, sobre todo con la gente, porque me conocían, entonces más allá de que el hospital está muy lindo y completo, la gente necesita ser lo más mimada posible”. Asimismo, aclaró “yo me tenía que ir porque uno está grande y le tiene que dar el lugar a los jóvenes, nadie es imprescindible. Hoy me siento muy contenta, despacito voy adaptándome a la nueva etapa”.
Un reciente y nuevo comienzo
Hoy, Virginia transcurre una nueva vida que, si bien en el pasado la vivía llena de amor, trabajando de lo que realmente le gustaba, en pos de ayudar, actualmente se encuentra subiendo un nuevo escalón, descansando, disfrutando de la familia, y dándole la oportunidad a los nuevos cambios. Además, gozando de las plantas de su hogar, y del cuidado que estas requieren, creando así una actividad rutinaria, que la satisface por completo y la mantiene activa. Pese a esto, planea concretar un mini emprendimiento, quizá, en un futuro no muy lejano…
“Hoy disfruto con mis plantas, hace 3 años que estudio jardinería en el Comedor Mateo, pertenezco al Instituto Nº 401, tengo mis plantas que las adoro y son mi cable a tierra, también disfruto de la familia, hijos y sobrinos”, resaltó.
El nuevo comienzo lo definió como un descanso y una nueva etapa, recordando las herramientas que le brindó el hospital pero a su vez, aceptando y afianzándose a los nuevos procesos. “El hospital me enseñó que se terminó una etapa y comenzó otra. Me llevo lo más rico, y es el público”, expresó emocionada y satisfecha de su transcurso laboral, dándole espacio a un nuevo desafío. ///
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