El impacto de estar aislados
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/07/11-4-e1594674437725.jpg)
Cómo afecta el encierro y estar en cuarentena, de acuerdo a las distintas edades. Aprendizajes de esta etapa que nos toca vivir, el descubrimiento de nuevas facetas y los deseos más sinceros
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2017/05/firma-cecilia-gotta.png)
Estar en cuarentena por la pandemia es algo a lo que todos tuvimos que adaptarnos. Algunos aprovecharon a utilizar el tiempo para incursionar en nuevas disciplinas, otros se dedicaron a capacitarse de forma online, inclusive a conocerse un poco más como individuos, descubriendo nuevas facetas, conociendo nuevos miedos, aceptando desafíos y valorando sobre todo los vínculos.
Sin embargo, hay un denominador común que comparten las distintas generaciones, y es el cambio abrupto de la rutina, sabiendo que nos cambió la vida a todos.
Helena Portugal, de 8 años, aseguró sentirse mal porque no puede ir a la escuela y porque está encerrada. “No puedo ver a mi amigos ni a mis familiares”, indicó.
Aunque recordó con mucha alegría el día que se permitieron las caminatas recreativas. “Ese día cuando nos dieron permiso pudimos salir al rio”, mencionó.
A través de las clases virtuales puede ver a un grupo pequeño de sus amigos, pero ella no deja de soñar cuando todo vuelva a la normalidad. “Cuando termine la cuarentena deseo estar con mi familia, ir al río, estar con mis amigas, ir a la escuela. Además me gustaría hacer una pijamada con mis amigas, quedarnos horas despiertas jugando, diciendo secretos y compartiendo amistad”.
Para Florencia Berri que tiene 24 años y es estudiante universitaria, la pandemia y el compartir las 24 horas con su familia, hizo que empiece a valorar más la compañía física. Al respecto, aseguró que cuando pueda juntarse con sus amigos va a valorar mucho más que antes, el poder verse cara a cara y escucharse. “Antes estábamos todos con el celular y ahora creo que vamos a juntarnos y vamos a estar sin celular, charlando entre nosotros”.
Uno de los aspectos que descubrió es que necesita sentirse activa, productiva. “Me di cuenta que necesito hacer algo, al principio hacia cursos en internet, hice cosas en mi casa, estuve en más contacto con mi familia y descubrí que no me gusta estar sin hacer nada, me gusta tener obligaciones o responsabilidades. Creo que la cuarentena nos afectó en no poder sentirnos productivos porque no podemos hacer otra cosa y eso lleva a la desmotivación”, mencionó.
Florencia estudia la carrera de Contador público en la Universidad Nacional de Mar del Plata y está en la última etapa, pero como viene desarrollándose la pandemia estima que se va a recibir en su casa y no en la universidad. “Como la universidad seguro que es lo último que se va a abrir, me imagino que voy a rendir el último examen en diciembre en mi casa”, dijo.
En tanto, destacó la organización que tiene la facultad, ya que al poco tiempo de declararse la cuarentena obligatoria, comenzaron con las clases virtuales. Aunque reconoció que al principio “fue chocante hacer una rutina en mi casa, pero luego uno se va preparando psicológicamente”.
Las redes sociales fueron un factor clave para Florencia en esta cuarentena, ya que para ella fue una fuente de información y al mismo tiempo desalentador porque sabía que se iba extendiendo más la cuarentena.
Otra de las ocupaciones que la mantuvieron activa a Florencia fue las reuniones del Club Leo, del cual forma parte, y en todo este tiempo mantuvieron contacto los integrantes, a través de reuniones virtuales por Zoom.
Al día de hoy, ella anhela poder volver al gimnasio y empezar a correr.
Capacitaciones
Marina Vázquez Pucillo, tiene 40 años, es abogada y Vice Consul honoraria de Italia. Durante esta cuarentena aprovechó para capacitarse un poco más y se anotó en dos maestrías online, además se volcó a la cocina y a la jardinería.
“Empecé a formar parte del grupo BWomen que se enfoca en las cuestiones de género y acción climática, donde participamos 750 mujeres de América Latina y el Caribe y esto a su vez me permitió acceder a un curso que está brindando la ONU para mujeres, capacitándolas en un programa que se llama “Ganar, ganar” y aborda la igualdad de género”, detalló.
Al principio de la cuarentena recordó que estaba todo el tiempo consumiendo noticias porque era todo nuevo, pero luego fue dosificando la información. “Trato de informarme a la mañana y a la tarde cuando van saliendo los partes. Soy amiga de las redes sociales y me encanta la tecnología, trato de estar conectada para saber de nuevos cursos y al mismo tiempo poder estar comunicada con la familia”, afirmó.
Durante todo este tiempo, lo que más extrañó fue la rutina de levantarse, cambiarse, ir al estudio, estar en el Vice Consulado, viajar al consulado en Mar del Plata, etc.
“Ahora de a poco estamos volviendo a la actividad, en el Vice Consulado cambiamos la manera de atención y al comienzo de la cuarentena nos ocupamos de la repatriación de italianos que estaban acá y se querían volver a su país”, manifestó.
En cuanto a su trabajo como abogaba puntualizó que hace un tiempo pudieron empezar a trabajar de manera online, a través de la feria extraordinaria. “Al principio estuvimos más quietos pero ahora en este último tiempo empezamos a activa el estudio”, indicó.
Al momento de haber un balance Marina opinó que “todo esto nos ayudó a conectar con uno mismo y conectar desde otro lado con el resto, a dedicarle más tiempo a nuestras relaciones con nuestros seres queridos, con más tiempo, más calidad”.
Asimismo, Marcela Abete, con sus 53 años, afirmó que la cuarentena la afectó de distintas maneras, ya que esperaba que sea un año distinto teniendo distintos proyectos por delante, familiares y laborales. “De repente tuvimos que cambiar un montón de cosas”, comentó.
Su hija Eleonora empezó la carrera de licenciatura en Nutrición y teniendo todo instalado en La Plata tuvo que quedarse en Necochea. “Nosotros nos preparábamos para el nido vacío y de repente se tuvo que quedar, con todas las vicisitudes que se generaron en torno a su situación de tener que cursar de manera virtual”, indicó.
En este marco, cambiaron la fisonomía hogareña para tener comodidad y respetarse sus espacios. “Esto nos ha fortalecido a los tres como familia”, aseveró.
Marcela actualmente es coordinadora académica en el Instituto de Estudios Superiores Rio Quequén y también tuvo que adaptarse a las reuniones por zoom. “Es un desafío porque uno no conocía todo y me capacité y ahora me encuentro en un home oficce conectada las 24 horas, pero lo hago con mucha alegría y dedicación porque me gusta”, afirmó.
Respecto a la pandemia analizó la situación, mencionando que todo pasa por algo y nos deja un aprendizaje. “Estoy aprendiendo un montón de cosas que antes no ejercitaba, otros valores. Valorar lo que tenemos y podemos disfrutar, de nuestro entorno natural y los vínculos que ahora no podemos ver, más allá de una pantalla”, relató.
Marcela en todo este tiempo también aprendió a ser más paciente, sabiendo que uno no puede torcer el destino pero si lo puede acompañar.
Vínculos
Marcelo “Jury” Quaglia, tiene 59 años y es una de las personas que no pudo comenzar a trabajar desde que comenzó la cuarentena, teniendo su gimnasio cerrado. Jury empezó a trabajar desde muy pequeño y jamás se había tomado más de 15 o 20 días de vacaciones, excepto cuando fue a los Juegos Olímpicos, pero nunca se permitió tomarse vacaciones, porque para él lo más importante y primordial era trabajar.
Hoy, viendo para atrás y su trayectoria, dijo que “me he dado cuenta que se puede vivir sin trabajar tanto, se pueden hacer otras cosas o pensar en vacaciones más largas y que todo se puede arreglar, que todos podemos empezar de una u otra manera con otros valores”.
Por su puesto que el pasar económico es muy difícil y es consciente. “Pertenezco al grupo de los damnificados de los gimnasios, siendo más de 80 gimnasios. Eso nos ha generado idas y venidas, estuvimos en el Concejo y otros lugares tratando de ver cómo podemos volver a trabajar con protocolos”.
Sin lugar a dudas, no saber cuándo podrán empezar genera mucha angustia y Jury aseguró que “no es lo mismo cuando tenés 30 años de edad, que 30 años de recorrido”.
Desde que empezó la cuarentena atravesó distintas etapas. “Al principio estuve muy enérgico haciendo cosas en mi casa, también en la pileta y el gimnasio y luego me fui desmoronando y cambiando los intereses. Siempre estuve pendiente de mi familia y amigos, ya que no podía modificar nada”, recalcó.
Al mismo tiempo, dio varias charlas por zoom de natación y la actividad física. Integra un grupo de nivel nacional como asi también un grupo de entrenadores olímpicos, donde también ha brindado charlas.
En un momento difícil como el que está atravesando, Jury mencionó que “la gente menos esperada que me ha tendido una mano y gente que uno espera, no se ha acordado. No todos hemos tenido la misma empatía, no todos vivimos la misma realidad, a cada uno le ha pegado de diferente manera y esa frase de que “vamos a ser distintos” no va ser así, todo lo que somos como personas no cambia en los momentos difíciles. Yo también he interactuado con personas conocidas mías que han atravesado algún momento difícil y creo que necesitan una presencia afectiva como también la hemos necesitado nosotros”.
El tiempo libre también le ha permitido darse cuenta que no es imprescindible. “Me he dado cuenta que se puede vivir con mucho menos”.
Con sus vínculos más estrechos ha afianzado la relación, como le sucedió con su sobrina. “Mi sobrina está recién recibida y con la pandemia nos hemos vuelto a rencontrar y ahora la estoy conociendo mucho más en su pensamiento en determinados temas. Como familia nos ha acercado mucho más”.
Por su parte, Enrique Felizia de 84 años afirmó que es una persona optimista, que se adaptó a las circunstancias, pero sabe que el coronavirus no va a desaparecer de la noche a la mañana.
“Uno tiene que cumplir con las disposiciones con responsabilidad y hacer las cosas lo mejor posible. Yo sigo trabajando con todos los recaudos y me siento útil”, dijo.
Enrique se define como una persona sociable, de mucha actividad social través de la profesión, de los viajes, amistades, formando parte del Club Rotary. En este sentido, extraña los vínculos, compartir reuniones, estar con los amigos, con la familia, salir. “Es duro porque uno está acostumbrado a otro tipo de vida”, subrayó.
Enrique enfatizó que hay que seguir cuidándose y “seguir trabajando mientras Dios de salud y tenga ánimo. Yo soy muy feliz con mi familia y mis amigos de Rotary y del Club Náutico”.///