El impulso privado y el compromiso comunitario
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Como motor del crecimiento hace 100 años, en junio de 1922. En aquellos días, las páginas de Ecos Diarios revelaban el rol de las entidades y los individuos en el crecimiento de la ciudad
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“Las instituciones que están llamadas a transformar nuestro tranquilo ambiente comercial en centro de grandes actividades en virtud de la acción de fomento que proponen desarrollar, son, indudablemente, la Hidroeléctrica y el Ferrocarril Portátil”, señalaba un artículo que aparecía en la primera plana de Ecos Diarios el 9 de junio de 1922.
Aquella nota aparecida el día en que el diario cumplía su primer aniversario, reflejaba que hace cien años, como ahora, la vida de la ciudad era impulsada por individuos e instituciones que apostaban al crecimiento.
La lectura de las amarillentas páginas de los diarios de hace 100 años dejan claro que fue el emprendimiento privado y las entidades las que alimentaron el progreso y crecimiento de la ciudad.
Aquel artículo de Ecos Diarios indicaba que la hidroeléctrica ya estaba constituida. Los ingenieros Manuel y José López Echániz formaron la Compañía de Fomento Industrial, que tenía por objetivo la construcción de una central hidroeléctrica que aprovechara como fuerza motriz los saltos de agua del Río Quequén en las Cascadas.
Llegaron a reunir un capital de 284.500 pesos suscriptos en acciones en Necochea y otras localidades de la región.
Se pretendía obtener energía eléctrica a un precio inferior al que se obtenía con los motores alimentados a petróleo.
Pero los esfuerzos del directorio de la empresa tropezaron con los vaivenes económicos que siempre han caracterizado a nuestro país y finalmente no se pudo llevar adelante.
Paradójicamente, en aquellos días en nuestras páginas se informaba de la creación de otra entidad que finalmente aportaría a la creación de la Usina Popular Cooperativa.
El domingo 4 de junio de 1922, Ecos Diarios daba a conocer la formación de una comisión pro Tiro Federal y sobre la convocatoria a una reunión para dar forma a la institución.
Entre el grupo de impulsores de la entidad se encontraban vecinos como Emiliano Abásolo, José María Amondarain, José Pucciarelli, Pedro Laffourcade (h), Emilio Castaño, Baldomero Sagaste, Alejandro Calzada, Antonio F. Ignacio, Francisco Uzal, Esteban Basabe y Samuel Moreno Ortiz, entre otros.
El proyecto de aquellos hombres se vería realizado meses más tarde, ya que en marzo de 1923 se inauguró el Tiro Federal, una institución cuyos miembros aportaron para la creación de la Usina Popular Cooperativa. Angel Murga y Sebastián de María, entre otros hombres destacados de la vida social necochense, fueron socios del Tiro.
Darle vuelo al fútbol
En aquel frío junio de 1922, Rivadavia ganaba un certamen organizado por el Aero Club, entidad pionera de la aviación en la ciudad que fue antecesora a la actual institución que lleva el mismo nombre.
El premio fue disputado por el decano ante uno de los equipos de fútbol más fuertes de la época: el Everton.
Finalmente, Rivadavia se impuso 3 a 1 y de esta manera sus jugadores se hicieron de las medallas de plata que les otorgó la entidad aeronáutica.
Días después de la realización de aquel enfrentamiento, el Aero Club anunciaba que iba a patrocinar la realización de campeonatos de fútbol de primera y segunda división.
Aquel Aero Club, que como ya indicamos es antecesor a la actual entidad que lleva ese nombre, surgió en 1921.
La primera comisión directiva de esa entidad pionera tuvo como presidente a Alejandro Calzada y ese mismo año la institución quedó integrada a la Federación de Aeroclubes de la República Argentina.
Educación y compromiso vecinal
Un reflejo de las diferencias existentes entre aquel año 22 y el actual queda en evidencia en un pequeño artículo aparecido el domingo 11 de junio de hace 100 años.
Mostraba que la educación y el cuidado de los edificios escolares eran un compromiso para los vecinos.
Según la nota habían comenzado “los arreglos en el edificio de la Escuela Nº 2”. Lo que llamaba la atención es que los “arreglos” corrían por “cuenta de la comisión de vecinos que se constituyera para tal efecto”.
“Teniendo presente las condiciones de los aludidos trabajos empezados y la clase de precauciones tomadas, el Consejo Escolar no ha creído necesario por ahora la suspensión de las clases endita escuela, con lo cual se perjudicaría la enseñanza”, indicaba la nota.
Eran por supuesto otras épocas, cuando si no se ocupaban los propios vecinos de estos menesteres, nadie lo hacía. Eso queda reflejado en una editorial parecida el 17 de junio de aquel 1922.
Se refería la misma a la falta de una escuela construida por el estado en el distrito. Señalaba que funcionaban “en la planta urbana siete escuelas públicas con una inscripción de 1.300 alumnos, siendo todos edificios que ocupan de propiedad particular y los cuales no reúne, ni uno solo –y no es exagerado decirlo- las más elementales condiciones de higiene, bien sea por deficiente aireación e iluminación en las aulas, la falta de protección en los patios de recreo durante los días fríos y lluviosos o el pésimo estado de los servicios sanitarios”.
Otro ritmo
Sin duda la vida hace 100 años tenía otro ritmo, especialmente en lo que se refería a la difusión de la información.
Recién el 2 de julio se daban a conocer los resultados de las elecciones comunales realizadas el 25 de junio.
“En las primeras horas de la mañana de ayer, dimos a conocer al público de Necochea en nuestras pizarras, por medio del servicio informativo telegráfico de la agencia Austral, exclusivo de Ecos Diarios, los resultados iniciales del escrutinio realizado en La Plata”, señalaba un artículo.
El deseo de conocer los resultados de la elección quedaba en evidencia “la gran cantidad de público que se agolpó ante las pizarras fijadas en el frente de nuestra redacción”, agregaba la nota.
Según el conteo, los radicales habían obtenido 778 votos, los conservadores 587, Defensa Comunal 375, socialistas 79 y 18 en blanco.
De acuerdo a estos números, en la misma página se indicaba que los radicales y conservadores habían obtenido 3 concejales y 2 consejeros escolares cada agrupación y dos concejales y 1 consejero la fracción disidente.
Tal como ocurre en la actualidad, las elecciones parecían haber puesto una pausa a la vida cotidiana de los necochenses.
Un artículo publicado por aquellos días indicaba que el vecino Juan Giacchetto, un “entusiasta progresista del balneario”, proyectaba “levantar una construcción para instalar en ella un establecimiento de baños de agua de mar caliente, en condiciones de acabado modernismo en esa clase de instalaciones”.
La nota decía que Giacchetto esperaba “la constitución del gobierno comunal para presentarse a este solicitando la respectiva concesión de playa que le dé derecho al terreno que deba ocupar con la construcción aludida”.
Unos días más tarde, en las mismas páginas se daba a conocer los nombres de los concejales y consejeros escolares electos. Entre esos nombres hay algunos que han pasado a la historia de la ciudad.
Según se indicaba, por la Unión Cívica Radical fueron electos en aquel junio de 1922, como concejales Ramón Pieres, Emilio Castaños y Alejandro Sampietro. Y como consejeros escolares: Sven Christiansen y Esteban Basabe.
Por el partido Conservador, los concejales electos eran José Pucciarelli, Lorenzo Oyhamburu y José Magneres y consejeros: Juan Durruty (h) y C. Albizuri Etchart. Mientras que por Defensa Comunal, los concejales electos eran Emilio Ferreyra y Justo Aldamiz y el consejero escolar José Dabadíe.///