El incalculable impacto de un año sin clases
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Mientras organismos internacionales sostienen que mantener las escuelas cerradas genera más perjuicios que beneficios, en el distrito se inició esta semana un programa para tratar de recuperar el vínculo con los chicos que no tienen acceso a la educación virtual. ¿Qué es el programa ATR?
Por Juan José Flores
Redacción
Con motivo del Día Mundial de la Infancia, días atrás Unicef difundió un informe en el que pide “evitar una generación perdida a causa del Covid-19”. En el documento, el organismo señaló que “los beneficios de mantener las escuelas abiertas superan los costos de cerrarlas” y que “los niños tienen más probabilidades de contraer el virus fuera de los entornos escolares”.
No obstante las recomendaciones del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, en nuestro país, como en la mayoría de las naciones latinoamericanas, las escuelas siguen cerradas.
Si bien se ha intentado continuar con la educación a través de Internet, la televisión y cuadernillos pedagógicos que en algunos casos se distribuyen junto a bolsos de alimentos, lo cierto es que muchos chicos no cuentan con acceso a la web y quedaron completamente “desvinculados” de la escuela.
Según datos de la Jefatura Distrital de Educación, en el distrito entre 300 y 400 chicos se “desvincularon” completamente de la escuela pública. Mientras otros 1.000 sólo se conectaron esporádicamente y realizaron algunas tareas. Estos datos no incluyen a las escuelas privadas.
Mantener el vínculo
La inspectora de nivel primario Nancy Almassio precisó que “las escuelas han diseñado proyectos para poder garantizar el cumplimiento de la tarea docente: el cuidado y la enseñanza de todos los alumnos”.
“Lo que no han podido vivenciar es la socialización, el encuentro entre pares, las vivencias en el espacio escuela que muchas veces constituye un segundo hogar que los aloja para la alfabetización cultural, social y emocional”, afirmó.
En ese mismo sentido, el titular de la Jefatura Distrital de Educación, Javier Ranaldi, señaló que “la presencialidad es irremplazable y es fundamental, porque prioriza el encuentro con el otro más que el contenido. Y eso es lo que faltó este año”.
Para muchos chicos, este año el vínculo a través de la escuela fue otro y no tuvo que ver con la educación sino con otras necesidades primordiales. Específicamente, las alimentarias.
Según se informó desde el Consejo Escolar de Necochea, al cerrar las escuelas, se mantuvo el servicio alimentario mediante la entrega de bolsas de alimentos. En la primera quincena de abril se entregaron unas 4.300 bolsas y para la segunda el número alcanzó a las 7.500.
“Este número se empezó a incrementar para el mes de mayo y a partir de ahí y hasta el día de hoy estamos entregando la totalidad de los bolsones que tenemos aprobados por provincia, que son 11.489 por quincena”, dijo el consejero escolar Juan de la Calle.
Junto a estos módulos alimentarios se entregan cuadernillos pedagógicos para los chicos que no cuentan con los recursos para conectarse a Internet y seguir con las clases virtuales.
Desconectados
“Al no haber presencialidad, no tenemos datos de chicos que hayan abandonado. Lo que tenemos son datos de chicos desvinculados”, precisó Ranaldi respecto a la falta de datos sobre deserciones.
“Nosotros tenemos en el distrito, en todos los niveles, 14.000 alumnos de gestión estatal”, precisó. “De esa cantidad tenemos un poquito menos del 10% de chicos, que comenzamos a atender esta semana con el programa ATR”.
Este programa, cuya sigla significa “Acompañamiento, Trayectorias y Revinculación”, explicó Ranaldi, “atiende a aquellos chicos que no se vincularon por Internet, que se les envió tarea, que se les mandó cuadernillo, con los que intentamos comunicarnos y nunca obtuvimos respuesta”.
Los alumnos completamente “desvinculados”, precisó el jefe distrital, “son entre 300 y 400 chicos en todo el distrito”.
Pero el programa no sólo atiende a esos chicos, sino que también intenta vincular a “otros chicos de los que tuvimos respuesta, pero de forma esporádica. Es decir, les mandamos un trabajo y respondieron cada tanto, les mandábamos un Zoom y se conectaron de vez en cuando”.
“Para generar un vínculo y evitar que esos chicos abandonen o se desvinculen totalmente de la escuela, se inició este programa”, dijo Ranaldi, quien precisó que grupos de acompañantes de la trayectoria educativas visitarán los domicilios de estudiantes de primaria y secundaria de todas las escuelas de gestión estatal y privada de la Provincia de Buenos Aires.
Precisó que no se busca que estos estudiantes completen tarea, sino de llevarles una actividad lúdica con el fin de revincularlos a la escuela. “Es fundamentalmente una manera de decirles: estamos con vos, no nos olvidamos, la escuela te espera y queremos que el año que viene vuelvas”, afirmó.
Señaló que el programa no contempla que los acompañantes pedagógicos ingresen en los domicilios y que los chicos deberán estar acompañados por un un adulto.
Incalculable
“Todavía no lo podemos saber cuál será el impacto de un año sin clases, pero para un niño que recién ingresa en la escuela y que no tiene un vínculo con su docente, será muy difícil si no tiene la mirada de un adulto que lo acompañe”, señaló la psicopedagoga Cecilia González.
“En esas relaciones que se establecen en la triada entre el saber, el docente y el alumno, si no están dadas esas condiciones, es muy difícil que podamos hablar de aprendizaje”, afirmó González. “Lo que sí sabemos es que estamos hablando de vulnerabilidad de derechos, derecho a la educación, y por ende, de igualdad de oportunidades”.
Además indicó que “es difícil medir impacto emocional que esto produce en los niños, que al no poder vincularse con los compañeros, perdieron la motivación para estudiar, Al hacer actividades solo para ‘cumplir’ con un programa, se perdió el sentido que tenía la escuela, el sentido de pertenencia que esto genera en cada institución, el lugar de encuentro con el otro, con sus pares”.
Si bien González afirmó que este posiblemente sea un año perdido “y muy difícil de recuperar”, los docentes deben “tenemos que aprender a enseñar de otra manera”.
Señaló que los docentes han “hecho mucho para mantener la llama viva del deseo de enseñar”.
“Deberíamos replantearnos si con la enseñanza tradicional los niños realmente aprendían, ¿no será que esta nueva normalidad nos ha venido a dar un sacudón para hacer las cosas de manera diferente?”, concluyó González.
En busca de nivelar
Estefanía Otero, directora del Instituto Superior de Formación Docente y Técnica Nº 31, señaló que en 2020 “se demostró con más certeza que nunca que la tarea docente no es fácilmente sustituible”.
“En este período que llevamos tuvimos que aprender a ‘hacer escuela’ de otras formas, enseñar de otras maneras y asegurar la continuidad pedagógica. La actividad escolar a distancia se desarrolló de formas diversas, y también aumentó la visibilidad y la gravedad de la desigualdad en el acceso a la tecnología”, dijo Otero.
En cuanto a las dificultades que se pueden presentar a los alumnos de último año del nivel medio para acceder al terciario, Otero afirmó que “todos estamos desarrollando una articulación para dar continuidad entre este año y el año próximo”.
“En el nivel superior al inicio del ciclo lectivo se desarrolla el curso de ingreso. Habitualmente el curso dura tres semanas, pero está previsto para el próximo año la extensión del curso de ingreso, con un trabajo desde el Nivel Superior de la provincia y en cada institución que permita elaborar un diagnóstico del punto de partida, de la diversidad de situaciones que tendremos y trabajar a partir de esta evaluación”.
“No puedo considerar este año como un año perdido”, opinó Otero. “Los docentes aprendimos mucho. Y eso es potencia. Los alumnos en su inmensa mayoría han sostenido el vínculo, añorado la escuela como espacio relacional. El esfuerzo por la revinculación de los alumnos que tienen una trayectoria discontinua, se está haciendo todo el tiempo”.
“Ninguno volverá como si nada hubiese pasado . Todos tendremos que estar comprometidos en la construcción de un 2021 escolar que nadie sabe cómo será”, afirmó.
Faltó la paridad
Marta Bonserio, una docente retirada con gran experiencia que continúa vinculada a la formación de maestros desde el ámbito privado, afirmó que el “confinamiento produjo en los estudiantes diferentes efectos que sólo se van a poder analizar en un futuro. El estar sin el contacto físico diario con sus compañeros y docentes va a dejar huellas, que dependen de las características de cada alumno y de cómo lo hayan transitado”.
Señaló como un factor fundamental el acceso a la tecnología para avanzar en los estudios. “El problema está en quienes no tuvieron estas condiciones y no accedieron al aprendizaje”, dijo Bonserio.
“Pero hay otro grupo de estudiantes que teniendo las condiciones tecnológicas no pudieron avanzar. Son esos jóvenes que no tienen ganas de aprender lo que la escuela ofrece y muchas veces ésta los atrae por el sólo hecho de estar con sus pares, eso los ayudaba a terminar sus estudios y durante el 2020 no fue posible”, puntualizó.
Pero comentó que “este tiempo extensísimo de confinamiento y clases a distancia podrá ser analizado con mayor precisión en un futuro, cuando volvamos a la normalidad y podamos ver cómo los afectó tanto en lo académico, como en lo psicológico y social”.
Datos
Los niños en la ciudad alemana de Hamburgo tenían cuatro veces más probabilidades de contraer coronavirus durante reuniones privadas que en la escuela, mostró un análisis de casos de infección entre agosto y octubre difundido esta semana por la agencia Reuters.
Generación en problemas
Días atrás Unicef informó que los niños latinoamericanos han perdido cuatro veces más días de clases debido a la pandemia de coronavirus que los estudiantes del resto del mundo y más de 137 millones de jóvenes de la región aún no han regresado a la escuela.
Según el informe, “los niños de Latinoamérica se vieron afectados de manera desproporcionada por la pandemia. Mientras las escuelas están reabriendo gradualmente en varias partes del mundo, la gran mayoría de las aulas siguen cerradas en la región”.
Los avances en la educación obtenidos por América Latina durante las últimas décadas corren ahora el riesgo de revertirse. El impacto económico de esta crisis educativa se dejará sentir en los próximos años.
Las cifras del organismo internacional a nivel latinoamericano son más que preocupantes: muestran que el porcentaje de niños y adolescentes que no reciben ninguna forma de educación en la región se ha disparado drásticamente, del 4 al 18 por ciento en los últimos meses.
Pero así como es difícil calcular el impacto real de las medidas que han tomado los diferentes gobiernos ante la pandemia de Covid-19, tampoco se podrá notar inmediatamente el daño causado por un año sin escuela.///