El largo camino del maestro
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Gustavo Corino ha dedicado 43 años a la práctica del taekwondo en nuestra ciudad. Fue uno de los primeros instructores de este arte marcial y por su dojang han pasado más de 1.500 alumnos
Por Juan José Flores – Redacción
Su nombre prácticamente es sinónimo de taekwondo en Necochea. Es que Gustavo Corino es uno de los primeros instructores de este arte marcial y muchos de los cinturones negros con que cuenta la ciudad han pasado en algún momento por su “dojang” (gimnasio).
De chico jugaba al fútbol y le gustaba gambetear, pero su extrema delgadez y las patadas que recibía le hicieron pensar que lo mejor sería practicar algún arte marcial para aprender a defenderse.
Fue así que durante un año y medio hizo karate, hasta que descubrió el taekwondo. “Comencé en el 73, cuando se radicó en Necochea Jorge Rogers, un muchacho que trabajaba para la Policía y venía de Buenos Aires. El comenzó con la enseñanza de taekwondo”, explicó Gustavo.
“Estuvimos practicando con él tres o cuatro años, hasta que se volvió a Buenos Aires por razones laborales”, señaló. Corino había comenzado a los 13 años con la actividad y a los 17 se convirtió en cinturón negro.
Fue así que junto a Juan Carlos Piñero se convirtieron en los primeros instructores de taekwondo de la ciudad. “Cuando quedamos huérfanos de instructor comenzamos a viajar a Buenos Aires para seguir aprendiendo”, dijo.
Una vida
Corino tiene 56 años. Es séptimo dan y se prepara para rendir para octavo dan. Este arte marcial no sólo parece haber perfeccionado su cuerpo. En su forma de ver la disciplina y en sus palabras se descubre una profundidad propia de quien ama profundamente lo que hace y desea compartir lo aprendido en tantos años de práctica.
“En 1994 hicimos un viaje a Estados Unidos. Había 40 millones de personas que hacían artes marciales, de ellas el 70% hacía taekwondo”, explicó.
Opina que el suceso de este arte marcial nacido en Corea radica en su capacidad para adaptarse y evolucionar. “Yo creo que cuando tenés una estructura de cientos y cientos de años, algo funciona mal. Y esto se da en todos los ámbitos, no sólo en los deportes”, reflexionó.
“Algo que se creó hace 200 años, seguramente estaba muy bueno para esa época, pero no se puede seguir trabajando de la misma manera dos siglos después, porque cambió la alimentación, la ropa, el sistema de entrenamiento”, afirmó.
“Tenemos que ser capaces de mejorar eso que aprendimos en algún momento. Algunas artes marciales no lo permiten y siguen trabajando de la misma manera que lo hicieron los pioneros”, señaló.
En cambio, el taekwondo ha ido incorporando técnicas surgidas de laboratorios y descartando otras dañinas para quienes lo practicaban. “Cuando yo comencé, era un arte marcial para un grupo de atletas. Si no eras capaz de saltar tanto, de correr cierta distancia o hacer un entrenamiento sobreexigente para tu cuerpo y aguantarlo, no podías hacer taekwondo”, comentó.
Por eso, a pesar de la espectacularidad de esta disciplina, caracterizada por fabulosas patadas voladoras, no pudo estar entre los deportes olímpicos hasta que se flexibilizó y abrió sus puertas para que lo practicara todo tipo de personas. “Hoy tenés mucha gente con distintas capacidades físicas que pueden llegar a ser cinturones negros. Antes no llegaban, porque la exigencia física era muy alta”, señaló.
Y como buen maestro, Corino sostiene que “la idea no es lastimar gente, es construir gente”.
En la sangre
A lo largo de su carrera como instructor de taekwondo, Corino ha tenido más de 1.500 alumnos y más de cien han llegado a cinturones negros. Pero su conducta como instructor no le ha permitido vivir de la enseñanza.
Para ganarse la vida ha desarrollado en los últimos 20 años una intensa carrera en el ámbito de la filmación de videos sociales.
Comenzó dando clases de taekwondo en el Centro Vasco, luego en el Club Palermo, estuvo en Boca, en Rivadavia, en el Piso de Deportes y en Huracán. Desde los 90 tiene su dojang en pleno centro de la ciudad.
En la actualidad su escuela pertenece a la Taekwondo Internacional (TI) y en Necochea Corino integra la Union de Instructores de Taewkowndo junto a Juan Carlos Piñero (7º dan), Carlos Liebana (6º dan) y German Mombelli (5º dan).
Como taekwondista de competición, Corino participó en 14 torneos, de los cuales ganó 11. Incluso participó como refuerzo de la selección argentina de kung fu en un torneo que se realizó en San Pablo, Brasil, y logró un segundo puesto a pesar de no ser su especialidad. También viajó a Inglaterra.
“El taekwondo lo llevo en la sangre. Me gusta, me ha mejorado un montón y lo más importante, me ha permitido mejorarle la vida a otras personas”, afirmó.///