El largo camino hasta el escenario
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Gustavo Wilson nunca imaginó en su adolescencia, cuando logró armar su primera banda de rock, que su destino era el teatro. Hoy integra el elenco de “La razón blindada”, la obra local de mayor permanencia de la última década
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Gustavo Wilson integra desde 2013 el elenco “La razón blindada”, la obra teatral de mayor permanencia en la escena local de la última década. Y antes de la cuarentena trabajaba en otros cinco proyectos teatrales.
Sin embargo, si se le pregunta a este actor de 40 años si alguna vez en la infancia imaginó que toda su vida estaría vinculada al teatro, responde que lo suyo era la música.
Nacido en Munro, se vino a vivir con su familia a Necochea a los cinco años. A su padre le gustaba tocar la guitarra, así que Gustavo comenzó su vinculación con la música de muy chico y en la adolescencia juntó dinero para comprarse una batería.
Recuerda que su padre lo acompañó a Mar del Plata a comprar una batería usada. “Mi familia se bancó mis ensayos y que trajera amigos para armar una banda”, explicó.
Fue precisamente a partir de armar un grupo que participó con éxito en los Torneos Bonaerenses que lo invitaron a acercarse a El Cenáculo, un espacio de experimentación y creación teatral que por aquellos días funcionaba en la calle 60 casi 75.
Allí Alberto Santilli lo sumó como percusionista a una obra infantil y no tardó en convertirse en uno de los músicos de El Cenáculo.
Además de colaborar con Juan Pablo Santilli, que desarrollaba la música para cada una de sus obras, Gustavo comenzó a ver todo el proceso de creación teatral, los ensayos, las escenografías e incluso la escritura.
Si bien estuvo en talleres de actuación dictados por Laura Lago y Nano Benzal, fue en el detrás de la escena de El Cenáculo donde Gustavo se fue formando como actor, aunque por aquellos días todavía no tenía muy claro que el teatro iba a ser su lugar en el mundo.
Por ello en el 2000 se fue a estudiar artes visuales a La Plata. Allí se olvidó por un año del teatro y en su tiempo libre volvió a integrar una banda.
“Pero cada vez que venía volvía a El Cenáculo, que ya se había mudado al edificio de la calle 65”, explicó.
La transición
La crisis de 2001 lo obligó a regresar a Necochea y lo llevó definitivamente hacia el teatro.
Pasados unos años desde una asociación civil surgida de la Escuela Municipal de Artes de Quequén le proponen a Alberto Santilli realizar talleres de teatro en los barrios.
De aquella asociación, que hoy se denomina La Subida, surgió en 2007 El Cruce, un proyecto de teatro infantil en el que también trabajaron Arturo Serrano, Juan Santilli, Maxi Martin, José Correa y quien es la pareja de Gustavo, Rosana (La Chula) De Castro.
Con El Cruce Gustavo ha desarrollado un intenso trabajo que lo ha llevado a ser reconocido como actor. El grupo ha desarrollado importante cantidad de obras dirigidas al público infantil en las que él no sólo actúa, también explota su veta de músico.
Presentaciones en jardínes de infantes, escuelas, teatros y festivales lo llevaron a finalmente afianzarse sobre el escenario con una intensa producción entre 2011 y 2015.
Por esos años también fue convocado por director Miguel Damico, que había llegado a Necochea y formó el grupo Intangible. Allí Gustavo comenzó a trabajar con Fernando Repetto, un actor que ya había visto en obras de El Cenáculo.
Junto a Repetto y Damico estrenaron en 2013 “La razón blindada”, una obra que ya lleva más de 60 funciones y se ha convertido en la pieza de mayor permanencia en el teatro local de la última década.
En 2015 “La razón…” fue seleccionada para participar de la Fiesta Nacional del Teatro en Salta.
Wilson también ha participado en estos años en proyectos teatrales con Salta La Térmica y desde el año pasado integra La Malasangre, un grupo de Santa Clara del Mar que el verano pasado hizo temporada en Mar del Plata.
Antes de la cuarentena Gustavo se preparaba para un año intenso, con dos proyectos con Intangible, otros dos con El Cruce y continuar con La Malasangre.
Seguir creando
Gustavo tiene un hijo de 13 años y en estos días de encierro se dedica a escribir. Años atrás ya había escrito una obra (“Tasha y Atenas”) y la dramaturgia se le presenta como un camino creativo con enormes posibilidades.
Por eso ha aprovechado la cuarentena para tomar un curso de dramaturgia online con una profesora que siempre admiró y con la que nunca pudo estudiar con una cuestión de distancias.
Está convencido de que la formación es tan importante como el trabajo para poder romper los límites creativos y seguir creciendo como artista.
“En estos días de encierro, todo pasa por escribir”, afirma.///