El largo sueño de Quequén
Se cumplen 38 años del día en que un grupo de vecinos decidió buscarle al pueblo algo que le faltaba: una fecha de fundación
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Juan José Flores
Redacción
La fecha resulta significativa porque durante mucho tiempo se había tomado como referencia el 31 de diciembre de 1889, cuando comenzó la venta de los primeros lotes. Pero aquella operación inmobiliaria se produjo más de tres décadas después de que apareciera, por primera vez, la idea de establecer una población en este lugar.
Entre aquella reunión de 1854 y la venta de los primeros terrenos pasaron casi 35 años. En ese período hay menos documentación, pero sí quedaron algunos indicios de lo que se pretendía construir. El proyecto no apuntaba simplemente a crear un pequeño pueblo, sino que hablaba de una gran ciudad y puerto.
En 1889, la compañía Ciudad de Quequén encargó al agrimensor Eugenio Moy el trazado de la nueva población. La empresa estaba presidida por Hugo A. Bunge y tenía entre sus principales accionistas a Manuel J. Guerrico.
El plano mostraba una propuesta ambiciosa para aquellos años. Preveía numerosas plazas, un parque público, un hipódromo y una estación ferroviaria. También contemplaba servicios que para la época parecían propios de una ciudad mucho más desarrollada: iluminación, mercados, una red de tranvías, agua corriente y teléfono.
El proyecto de aquella ciudad ideal no llegó a concretarse tal como había sido pensado. En julio de 1932 se declaró la caducidad del expediente y con ello comenzó a cerrarse formalmente aquella iniciativa. Para entonces, sin embargo, Quequén ya tenía una vida propia y había dejado de ser solamente un proyecto sobre un plano.
En 1934, el ingeniero civil Daniel C. Gowland realizó el replanteo definitivo de la planta urbana.
Los primeros pobladores
Mucho antes de que Quequén tuviera los edificios, comercios e instituciones que marcarían su crecimiento, fueron los primeros pobladores quienes comenzaron a darle forma a la localidad.
Entre ellos aparece Ezequiel Gil, quien se instaló en 1879 y abrió el comercio de ramos generales La Fundadora, en la esquina de las actuales calles 560 y 519. Su nombre quedó asociado a aquellos primeros años, cuando establecer un comercio en esta zona significaba también contribuir a formar un núcleo de población.
La memoria de Quequén conserva además los nombres de Paulino Ruiz, Bernardino Alonso, Carlos Sanota, Jorge Abásolo y Francisco Carrizo, entre otros vecinos que participaron de aquellos primeros tiempos.
Con el paso de los años comenzaron a aparecer las instituciones y los servicios que fueron dando una estructura más definida a la localidad.
El ferrocarril fue uno de los primeros grandes cambios. El 1º de agosto de 1882 llegó a la estación de Quequén el primer tren de pasajeros. La conexión ferroviaria resultaría fundamental para una población que aspiraba a convertirse en un centro vinculado al puerto y al movimiento comercial de la región.
En octubre de 1890 comenzó a funcionar la primera escuela primaria, la Escuela Nº 12. Para que pudiera abrir sus puertas fue fundamental el aporte del comerciante José Paz y Lema, quien cedió una propiedad para su funcionamiento.
Pocos años después, en 1895, abrió sus puertas el Hotel Balneario, propiedad de Larraburu y Arana. Más adelante pasó a llamarse Hotel Quequén. Su ubicación en la zona portuaria hizo que durante décadas fuera uno de los establecimientos característicos del lugar. La construcción todavía permanece como uno de los testimonios de aquella época.
La vida religiosa también fue ocupando un lugar importante. El 2 de febrero de 1902, el obispo diocesano monseñor Juan N. Terreno bendijo la Parroquia Nuestra Señora de la Merced, levantada gracias a una donación de la familia Guerrico.
La presencia policial se estableció poco después. En 1903 se creó el destacamento de Quequén, que en mayo de 1911 fue elevado a la categoría de subcomisaría. Su primer jefe en esta nueva etapa fue el oficial Martín Benítez.
Para entonces, la localidad ya mostraba un crecimiento importante. El 23 de diciembre de 1913 fueron aprobados nuevos planos y, al año siguiente, Quequén superaba los 4.000 habitantes.
Las crónicas de aquellos años permiten imaginar una localidad muy distinta de la actual. Había edificios públicos de dos pisos, entre ellos la Municipalidad y la Subprefectura, una rambla, hoteles y grandes comercios. Entre estos últimos se encontraban La Euskalduna, de Bilbao y Jaca, y El Fundador, de Baltasar Herrera.
También las plazas fueron ocupando un lugar en la vida cotidiana. El 24 de septiembre de 1918, durante las fiestas patronales, se inauguró la Plaza Hipólito Yrigoyen.
El vínculo entre el ferrocarril y el puerto tuvo otro momento importante en diciembre de 1922, cuando el presidente Marcelo T. de Alvear visitó Quequén para inaugurar el ramal ferroviario que comunicaba la estación con el puerto.
Para entonces, aquella idea de convertir a Quequén en una gran ciudad y puerto ya había atravesado distintas etapas. Algunos proyectos habían quedado en el camino, pero el movimiento comercial, el crecimiento de la población y la construcción de nuevas instituciones habían dejado una realidad que iba mucho más allá de los planos originales.///
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