El lenguaje inclusivo, otra “grieta” que divide a la sociedad
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Tanto alumnos como docentes tienen opiniones encontradas acerca de este tema que genera muchos debates
Como si en la Argentina ya no hubiese suficientes temas que causan discusiones y enfrentamientos por cuestiones sociales y políticas, en los últimos meses se ha intensificado el dilema del denominado “lenguaje inclusivo”. Una pelea que enarbola principalmente el feminismo en la búsqueda por lograr una mayor equidad entre el hombre y la mujer.
Claro que esto no es una discusión que tenga lugar solamente en la Argentina, sino que el mundo está en un proceso de cambio en estos aspectos.
Dado que el lenguaje se adapta y varía constantemente dependiendo de su uso pero no deja de ser una construcción cultural milenaria en su estructura general, se genera un choque entre quienes se muestran a favor y en contra de cambios drásticos.
En un comienzo, ya hace varios años, se empezó haciendo uso principalmente del “tod@s” para definir a ‘todos y todas’ sin tener que usar dos palabras, luego se reemplazó el término por “todxs” y ahora está el planteo del “todes”. Así con todas las palabras que son usadas para agrupar a ambos géneros.
Las redes sociales han potenciado esta práctica en quienes están a favor de este cambio de paradigma y el colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales), en su mayoría, se ha sumado en apoyo a la causa.
Se traslada el debate
Más allá de las opiniones encontradas sobre el tema, lo interesante es que este debate también se traslada al ámbito educativo y los docentes deben decidir qué hacer cuando eso ocurre, sin tener un respaldo institucional y normativo claro.
Lo cierto es que, si bien es un tema muy actual y debatido, no es un algo que se trate en las aulas abiertamente.
Andrea Rodríguez, profesora de lengua y literatura desde hace diez años, contó que dicta clases a los chicos de secundaria superior, que ya son más grandes, y que “están incorporando” este lenguaje inclusivo. “Lo aceptan e instalan, incluso lo naturalizan y toman como propio. Me parece superador”, afirma Rodríguez, aunque cree que “va a costar, sobre todo para las generaciones que venimos con otro lenguaje”.
“Lo más importante siempre es estar abierto a las diversas opiniones y cambios que van surgiendo”, dijo la docente y agregó que “los adolescentes son el futuro y los que van a plantear un cambio en el mundo”. “Lo mejor es que se involucren y tengan un pensamiento crítico, algunos se resisten, pero los cambios causan un poco eso”.
Respecto a qué forma de agrupar a los géneros es la más adecuada, opinó que decir “tod@s” sería más correcto pero que observa más utilización del “todes”. “Creo que se debe hablar en la escuela. Sobre todo en estos momentos de grandes cambios, incluso pasa a veces que los chicos son los que tienen los argumentos más sólidos que el docente. El espacio de reflexión y negociación es fundamental en el aula. Lo más importante y que siempre hay que rescatar es que los chicos tienen que tener un pensamiento crítico y propio para poder participar de manera activa en la sociedad, y hoy estamos logrando de a poco eso”, concluyó Andrea Rodríguez.
No perder el formalismo
Luis Pérez, de 31 años, profesor de lengua y literatura y técnico de nivel superior en comunicación social, señaló que está “en contra” de estos cambios aunque comprende y comparte “la intención que hay detrás de eso”. “En cuestiones de inclusión comparto muchas de las causas del feminismo pero, en situaciones formales, no me parece que este lenguaje inclusivo esté bien. Te guste o no, la lengua es así, es una cuestión de normativas y hay que aceptarlo”, señaló el docente de nuestra ciudad.
Además, agregó que incluso llega darle “bronca” y le “parece “una especie de parodia” cuando escucha hablar con la “E” o escribir con la “X”. “Hasta ahora no me ha tocado corregir a chicos que escriban así. Igual, yo pienso de esta manera, pero cada cual sigue sus convicciones”, indicó Pérez.
“Una estupidez”
Cristina Murray, directora de la Escuela Secundaria 3 y organizadora de la Feria del Libro de Necochea, afirmó entre risas que le parece “una reverenda estupidez” el intentar imponer este lenguaje y que nunca ha tenido que corregir un examen con estos términos. “Sin duda lo devolvería automáticamente porque está mal hecho, pero en terciario nadie lo hace. La RAE ya dijo que estaba mal y en Francia ya lo rechazaron porque esto es un movimiento de tontos mundiales, no es solo de nosotros. No sabemos cómo llamar la atención”, cerró.
Sin duda, el denominado lenguaje inclusivo es otro de los grandes debates de la actualidad de nuestra sociedad y, como ocurre en estos últimos tiempos, en esto también los matices intermedios son mal vistos y criticados entre tantos practicantes del ‘blanco o negro’, que hacen que se sigan formando grietas que rompen relaciones de amistad y familiares