El maestro de las voces
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Eduardo Liboreiro dirige hace 28 años el Coral Quimey. Su trayectoria de formador al frente de esta agrupación se convirtió en un verdadero semillero de coreutas
Por Juan José Flores
Redacción
El viernes pasado con un concierto en el auditórium de la Fundación Cultural de la UPC, el Coral Quimey celebró sus 28 años de existencia. Al frente del coro, su director de siempre, Eduardo Liboreiro, le imprimió a la presentación esa pasión que ha logrado que este proyecto artístico trascienda el tiempo y el espacio.
Liboreiro es el alma del coro y entre los cantantes se encontraban algunos de los miembros fundadores.
“La idea de formar el coro surgió de un grupo de gente que se había ido del coro municipal y que me convocaron para dirigirlos”, explicó el director, que a los 61 años sigue disfrutando de cada presentación como si fuera la primera.
Aquel grupo primigenio de coreutas comenzó reuniéndose en la casa de una de las integrantes y luego en el comedor de la Usina.
El 22 de noviembre de 1991 se realizó la primera presentación del coro en la sede de la Fundación Cultural y tras ver el concierto desde la Usina se decidió apadrinar el proyecto y convertir al Quimey en la agrupación coral de la cooperativa.
A partir de allí el trabajo de Liboreiro se convirtió en el motor de un movimiento coral que se transformó con el tiempo en un verdadero semillero de coreutas.
Eduardo calculó que unos 800 chicos pasaron y se formaron en los coros de niños y unos 150 jóvenes por las agrupaciones de adolescentes.
Muchos de los que se formaron en los coros de niños hoy integran el Quimey, que se ha transformado en la agrupación coral más numerosa de la ciudad, tiene unos 40 coreutas, entre ellos a algunos de los fundadores, como Charly Ferrazini y Cecilia Barón.
Sigue aprendiendo
Liboreiro realizó una incansable labor con los coros en paralelo a su trabajo de 32 años en el poder judicial. Llegó a dirigir seis coros al mismo tiempo y si bien en la actualidad ha reducido su actividad, continúa tan entusiasmado como siempre con la dirección coral.
Incluso sigue capacitándose. “Tengo un gran maestro”, explicó.
Recientemente viajó a Brasil para tomar clases personalizadas con Roberto Martins, un director de coros brasileño que es una verdadera leyenda. “No sé por qué me eligió como su discípulo”, dijo Eduardo agradecido.
Adelantó que en el coro están trabajando para traer a Martins el año que viene a la ciudad a dirigir al Quimey.
Eduardo no para de agradecer por todo la trascendencia impensada que ha tenido su trabajo a lo largo de estos 28 años. Y en especial se siente agradecido con los coreutas.
La calidad del coro ha permitido que Quimey trascienda la ciudad. El grupo se ha presentado en Uruguay, Brasil y en distintas provincias argentinas.
Para Eduardo no deja de ser un motivo de orgullo, ya que él no era director de coros cuando comenzó a dirigir el Quimey. “Después me capacité, pero al principio sólo tenía experiencia con coros, pero no la formación”, explicó.
La música en la sangre
Liboreiro creció en una familia de músicos y de chico tomó clases de guitarra con Oscar Muttio. A los 22 se le ocurrió componer la “Cantata a mi ciudad”, una serie de catorce canciones dedicadas al centenario de Necochea.
Aquella obra fue interpretada por una orquesta sinfónica y le abrió la puerta para que pudiera estudiar en Buenos Aires, nada menos que en el Teatro Colón.
Tras cantar óperas en el Colón, integrar el Cantoral Lugano de Cámara y el Coro de San Martín de Tours, en 1987 Eduardo volvió a Necochea y comenzó a dar talleres de canto en la Fundación Cultural La Dulce y en San Cayetano.
Hoy está concentrado exclusivamente en el Coral Quimey, agrupación con la que se siente eternamente ligado por todo lo que ha significado en su carrera. “También estoy muy agradecido con la comunidad de Necochea, que es incondicional con el coro”, afirmó.