El manejo de la basura
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Según los datos del censo de basura costera 2018, que se realizó a fines del año pasado en ciudades balnearias de la provincia de Buenos Aires, el 82% de los residuos inorgánicos encontrados sobre la arena correspondió a plásticos y, dentro de ese porcentaje se detectaron bolsas plásticas, restos de nylon, tapitas y botellas plásticas, entre otros.
El informe se realizó luego de limpiar y censar los residuos de 813.554 metros cuadrados de playa en 16 localidades de la costa de la provincia de Buenos Aires, entre ellas Bahía Blanca, Claromecó, Mar del Plata, Punta Lara, San Clemente, Santa Teresita Villa Gesell y Necochea.
A nivel mundial se arrojan 200 kilos de plástico al océano por segundo y la Argentina ocupa el puesto 28° en la escala de países contaminadores.
Si bien, gran parte de la población ha tomado mayor conciencia de la necesidad de cuidar las playas y cada vez son más los que juntan la basura y se la llevan para tirarla en sus casas o, en su defecto, buscan un cesto, aún falta mucho por hacer en materia de
educación, por un lado, y de infraestructura, por otro. Y, en este sentido, hay que decir que no abundan los recipientes de residuos fuera del sector céntrico.
En la zona de balnearios, la situación está bastante controlada e incluso en algunos complejos tienen hasta contenedores para tirar botellas plásticas y acostumbran a sus clientes a ser cuidadosos con los residuos. Sin embargo, en los sectores de bajadas públicas, el panorama es distinto y varía, según la zona.
Ecos Diarios recorrió, durante la semana que finalizó ayer, la playa a la tarde y pudo ver que en la Rambla, la basura abunda y los pocos recipientes que hay, se rebalsan enseguida. Lamentablemente inescrupulosos, pese a que los tachos están llenos, siguen tirando residuos aún cuando quedan sobre la arena.
Por supuesto que no es sólo plástico lo que se tira, sino que también se arroja yerba, restos de comida, envoltorios de papel, pero estos residuos se desintegran más rápido y no presentan un problema de contaminación en el tiempo, aunque sí de suciedad en el corto plazo y pésima imagen.
En primer lugar, es un problema de educación y de falta de respeto con el otro y con el espacio público. Afortunadamente, en los últimos años, en las escuelas se trabaja mucho este tema y los chicos, son, en más de una oportunidad, los que enseñan a los adultos a no tirar la basura en cualquier lado. Quizás, en este aspecto, las próximas generaciones sean más cuidadosas.
En segundo lugar, las playas no están preparadas para la cantidad de basura que se genera. Faltan recipientes, más allá de los sectores céntricos, cartelería y señalización de advertencia y más limpieza diaria para que los residuos no queden enterrados en la arena o se los lleve el mar.
Además, hay que agregar que el tratamiento de residuos brilla por su ausencia. En más de una oportunidad, se ha intentado hacer, principalmente en la zona de balnearios, separación de basura –lo orgánico, por un lado, y lo inorgánico, por otro-, pero una vez que se hace la recolección todo se tira en el mismo lugar. Lo único que sí funciona, en cierto sector de la población, es la separación de las botellas plásticas que se pueden arrojar en los contenedores del taller protegido Todo para Ellos, que se encarga de la primera etapa del reciclado del plástico. El tratamiento del resto de los residuos sigue siendo una deuda pendiente.
En el tema de la suciedad que queda en la playa, es de esperar un compromiso mayor por parte de los gobiernos de turno para que haya limpieza continua, en verano e invierno, más recipientes, señalización, pero también y fundamentalmente se requiere el compromiso de cada uno de los ciudadanos en el manejo de la basura y en difundir buenas prácticas para cuidar el medio ambiente y, a su vez, respetar al otro.///