El mercado ya entendió el mensaje, pero la calle aún sigue enojada
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El nombramiento de Luis Caputo en el Banco Central (BCRA) resultó una señal suficiente para el «círculo rojo» que durante al menos seis meses planteó dos reclamos a las anteriores autoridades
Por Orlando Molaro (*)
Hasta hace 10 días, el Gobierno enfrentaba un doble compromiso: comunicar a los mercados que existían profesionales y terapias adecuadas para domar las turbulencias externas e internas, y restablecer algunos signos de confianza entre sus votantes, afectados por el malhumor social de los últimos meses.
El primer desafío parece haberse alcanzado. Tras el desorden comunicacional inicial, evidenciado en el apuro para anunciar las negociaciones con el FMI y completar una primera cirugía en su gabinete, el presidente Mauricio Macri envió una señal clara a los mercados, que reaccionaron positivamente.
El nombramiento de Luis Caputo en el Banco Central (BCRA) resultó, en ese sentido, una señal suficiente para el «círculo rojo» que durante al menos seis meses planteó dos reclamos a las anteriores autoridades. El primero, ejecutar una política monetaria consistente. El segundo y más relevante, claridad a la hora de comunicar esa política monetaria. Pero eso no ocurrió. Y debió ser el propio Caputo quien desde el Ministerio de Finanzas evitó que la turbulencia se transformara en una colisión de proporciones y consecuencias desconocidas.
Caputo, director de la orquesta económica
Esto explica que, aun cuando exista un ministro de Hacienda, el mercado ha definido a Caputo como el director de la orquesta económica, específicamente, para bajar los déficits y la inflación. Y dan por sentado que, a partir de ahora, los funcionarios del Poder Ejecutivo, en particular los vinculados a la economía, mirarán atentamente su batuta para no perder el ritmo.
Buscado o no, este reordenamiento tácito del equipo económico derivó en una victoria para Macri y su mesa chica (aunque ampliada), como así también aportó algo de tranquilidad a los argentinos, que percibían un clima volátil.
Sin embargo, el Gobierno sigue lejos de recuperar aquella adhesión social que registraba números cercanos al 60% o más, o siquiera retomar el camino que pueda llevarlo a cifras similares.
“Vamos por el camino correcto”
Aun cuando varias encuestas muestran que se detuvo la caída de la imagen de Macri durante los últimos 15 días, esos mismos estudios muestran un clima de desilusión y desconcierto entre sus votantes. ¿Por qué? Porque incluso los que adhieren al proyecto encarado por Cambiemos ven una desconexión entre lo que ellos perciben o temen —que la Argentina haya perdido una nueva oportunidad para reencauzarse— y lo que expresan los funcionarios —»Vamos por el camino correcto».
De hecho, esa frase, «vamos por el camino correcto», es la más escuchada entre los funcionarios cuando aparecen noticias positivas sobre la Argentina. Pero entre los votantes persiste una duda: suponiendo que se haya tomado (ahora sí) el camino correcto, ¿adónde nos conduce esa ruta?
La ausencia de una mirada estratégica de país o de su correcta comunicación, explicando con claridad el destino, la distancia y la duración del viaje, desorienta a los argentinos y somete los comportamientos individuales a esas incertidumbres que carecen de respuestas.
Y ya sabemos qué ocurre cuando un ciudadano, cualquier ciudadano, actúa basado en incertidumbres: adopta conductas conservadoras, demora inversiones y pospone consumos hasta tener una visión más clara sobre su futuro cercano.
Dicho esto, es falso que el Gobierno tenga problemas de comunicación. Tiene problemas de liderazgo, que es algo muy distinto. Porque tiene entre sus funcionarios a profesionales experimentados que, con la materia prima adecuada, podrían hacer un gran trabajo. Pero sin ese material, poco y nada pueden hacer.
La comunicación no puede resolver los problemas que debe remediar la política. Ni traza caminos. Ni marca un destino. Ni puede anticipar las inclemencias que ocurren en todo viaje. Para eso están los líderes, que deben mostrar una hoja de ruta y el cumplimiento de cada una de las etapas.
Eso es lo que, hoy, reclama la calle. Eso es lo que Macri debe encarar.
(*) Consultor, MPR Comunicación