El mes próximo irá a juicio un crimen que conmocionó a la ciudad
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El hecho podría dejar al descubierto una trama de marginalidad y luchas de poder de bandas
Hace un año, el jueves 3 de noviembre de 2017, a las 9 de la mañana, se presentaba en sede de la DDI, Diego González, uno de los ahora imputados por el crimen de Héctor “Pepo” Navarrete.
El homicidio se produjo el lunes 19 de septiembre de 2016 y el juicio finalmente se realizará el 3 y 4 de diciembre, de acuerdo al cronograma establecido por la Justicia local.
El juicio por el crimen de “Pepo” Navarrete puede dejar al descubierto una oscura trama de marginalidad, luchas de bandas, ajustes de cuentas y cuestiones de territorio.
Navarrete en realidad parece ser una víctima de las circunstancias, ya que desde un primer momento se supo que los proyectiles que le impactaron en el cuerpo no estaban dirigidos a él, sino a otro individuo con un largo prontuario que conducía la motocicleta en la que los dos circulaban.
A dos años del homicidio, son tres los que aparecen como imputados en la causa: el citado Diego González, César González y otro individuo de apellido Almaraz. La causa está caratulada “homicidio agravado por el uso de arma de fuego y el concurso premeditado de dos o más personas”.
Relato de un crimen
En noviembre del año pasado, luego de entregarse en la DDI junto a su abogado, Diego González dio su versión de los hechos. Lo que lo ubica directamente en el escenario del crimen. Aunque sostuvo que actuó en defensa propia.
Según dijo, en la noche del lunes 19 de septiembre de 2006, en avenida 98 y calle 65, le dispararon desde una moto y se defendió de esa agresión.
González narró que una motocicleta apareció desde el interior del barrio Fonavi por calle 65 cuando él transitaba por la avenida 98.
Luego de circular entre 50 y 60 metros, el rodado tomó en sentido contrario y uno de los individuos comenzó a ejecutar balazos contra el auto en el que viajaban Diego González y otras personas.
González aseguró que tras los proyectiles de arma de fuego ejecutados desde la moto que se había ubicado cerca del rodado (un Volkswagen Bora), descendió de la unidad y disparó “al voleo”.
Según el relato que hizo en la sede de la Fiscalía, los motociclistas huyeron rápidamente del lugar cuando González repelió la agresión anterior. Inmediatamente, el acusado de participar en el violento incidente como las demás personas que lo acompañaban, se alejaron de la zona a bordo del automóvil.
Días después el rodado fue secuestrado por personal policial del interior de una cochera situada en avenida 59 entre calles 70 y 72.
De acuerdo con la versión de Diego González, más tarde se anotició sobre la muerte de Héctor “Pepo” Navarrete.
En tanto, la víctima recibió tres proyectiles de arma de fuego, dos en sectores de la espalda y uno restante le rozó uno de sus brazos.
Los investigadores consideran que la bala de un calibre 9 milímetros fue la que originó las heridas internas más graves en Navarrette, quien primero había sido estabilizado por los médicos del nosocomio y durante la madrugada su cuadro de salud se complicó.
Posteriormente, los profesionales de la salud decidieron intervenirlo quirúrgicamente y minutos después murió como consecuencia de las graves lesiones.
En el lugar del hecho, personal de la Delegación de la Policía Científica encontró al menos seis casquillos de arma de fuego dispersos en distintos sitios y esto comprueba que fueron varios los disparos ejecutados esa noche.
El individuo que conducía la motocicleta en la que iba Navarrete y quien sería el objetivo de los disparos, fue arrestado por la Policía en el sector de calles
47 y 50, portaba dos armas de fuego, un revólver calibre 32 y otro calibre 38.
En su declaración sostuvo que llevaba las armas por “temor a posibles represalias” de parte de los González.