El miedo como instrumento de la conquista
Jorgelina Fiorito explicó cómo la religión y las creencias impuestas contribuyeron al dominio colonial en América Latina
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En una nueva entrega de “Otra historia”, en el programa “Lo dije o lo pensé” de Ecos Radio, Jorgelina Fiorito analizó cómo el miedo fue utilizado como herramienta de dominación colonial en América Latina entre 1492 y los procesos de independencia del siglo XIX. La imposición de la religión católica, el temor al castigo divino y la pérdida de identidad fueron algunos de los mecanismos que contribuyeron al control de los pueblos originarios.
“Podríamos decir que el miedo es una herramienta de dominación, de hecho, así lo usaron los españoles contra la población indígena”, señaló Fiorito, quien explicó que los temores se construyen de acuerdo con las tensiones políticas y sociales de cada época.
Imposición religiosa
La llegada de los españoles implicó no solo la apropiación de territorios y recursos, sino también la imposición de una nueva cosmovisión. Junto con el idioma castellano, introdujeron el catolicismo y creencias vinculadas al pecado, el diablo y el castigo divino.
“Cualquier acontecimiento que no pudieran darle una explicación lógica, la explicación viene de la mano de un castigo divino o la ira de Dios”, explicó.
Según Fiorito, la Iglesia fue una de las principales instituciones utilizadas para instalar estos temores. Como gran parte de la población indígena no sabía leer ni escribir, la transmisión de las creencias se realizaba a través de sermones, imágenes y otras expresiones visuales y orales. A su vez, la Inquisición funcionaba como un mecanismo de vigilancia y castigo.
El objetivo era consolidar un reino católico e imponer nuevas creencias sobre pueblos que ya tenían sus propias religiones. Este proceso estuvo acompañado por la violencia física y psicológica y por el intento de erradicar las prácticas culturales preexistentes.
Pérdida de autonomía
Fiorito también destacó que la dominación afectó las formas de vida y subsistencia de las comunidades. La extracción de recursos y la obligación de trabajar para otros limitaron la posibilidad de producir sus propios alimentos y sostener sus modos de vida.
“Otro gran miedo es la pérdida de la identidad, de la cosmovisión”, sostuvo, al referirse a las consecuencias de la imposición cultural.
Como cierre, señaló que el temor podía reforzar el poder de las instituciones religiosas: frente a las desgracias interpretadas como castigos divinos, las personas recurrían a procesiones y rituales para buscar protección.
Finalmente, planteó que las mentalidades cambian lentamente y que los miedos también se construyen en el presente. “Quizás, los cambios de mentalidades son los que más necesita nuestra sociedad”, concluyó.
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