El mundo, detrás de la línea de cal
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El dulcense Rodolfo Ojeda, preparador físico y asistente técnico, se consagró campeón con Danubio y Peñarol en Uruguay, pasó por el fútbol de Arabia y hoy comenzó otro proyecto en el Barcelona de Ecuador

Llegando de la mano del fútbol quizás más allá de sus propios sueños, el dulcense Rodolfo “Rodo” Ojeda es uno más de nuestros tantos embajadores deportivos por el mundo, algo más anónimo, haciéndose un nombre detrás de la línea de cal.
Categoría 1975, muchos lo recuerden con la camiseta del Deportivo La Dulce en sus comienzos o luego con la de Estación Quequén, en su paso como jugador por la Liga Necochea de Fútbol donde dejó su huella no tanto por su rendimiento dentro de la cancha sino por los amigos que cosechó en el vestuario y que aún hoy, 20 años después, se enorgullecen de sus logros lejos de nuestra ciudad.
Primeros pasos
Cuando colgó los botines empezó una historia que el mismo humildemente se explaya en contar, un poco tratando de seguir asimilando todo lo que le pasó en los últimos años: “A los 22 dije hasta acá llegue con el fútbol y me fui a estudiar a La Plata. Elegí profesorado de Educación Física porque era una forma de seguir vinculado con el fútbol”. Como preparador dio sus primeros pasos en la Liga Platense y gracias a los contactos de un ex compañero de estudio, donde coincidían en un centro de entrenamientos, conoció a Leonardo Ramos, ex jugador uruguayo con presencias en la selección de su país y de dilatada trayectoria en nuestras canchas, con partidos en Vélez, Banfield, Estudiantes de La Plata y también River Plate en 1999. A su retiro, Ramos comenzó una carrera como director técnico y Ojeda pasó a ser parte de su grupo de trabajo, primero en la preparación física y luego, con el tiempo, como ayudante técnico, como en la actualidad. “El primer club fue en el Sur (Guillermo Brown de Puerto Madryn, en 2007), me fui a darle una mano a mi amigo y ahí me conoce Leo a mí. Después pasamos por Estudiantes de Caseros”, recuerda en esos primeros años trabajando en el ascenso, sin la continuidad deseada.
“Estuve también con Ricardo Rezza en Defensa y Justicia, aunque fue poco. Y después de un par de meses sin trabajo, Leo me llama para ir a Nueva Chicago (en 2009) y luego en Colegiales, pero en 2011 Leo se fue a vivir a Uruguay por lo que quedé desenganchado”.
Subiendo peldaños
Sin su ladero hasta entonces, Ojeda no perdió presencia laboral en el fútbol nacional. “Prácticamente que sólo me falta dirigir en la Primera A. Estuve en la Primera D con Centro Español con Mariano Fernández de DT, a quien había conocido cuando jugó conmigo en La Dulce. Me fui a la Primera C con Cambaceres, con Hernán Bonvicini, un DT que no tiene nombre aún pero que para mí está llamado a ser uno de los mejores en cualquier momento. También con Adrián Adrover como DT ascendemos con Agropecuario de Carlos Casares del Federal B al A”.
Campeón en Uruguay
Toda esa experiencia le permitió a Ojeda iniciar en Uruguay una carrera internacional, otra vez convocado por Leo Ramos, en un par de etapas al frente Danubio Fútbol Club. En 2014 dan el gran golpe, quebrando la hegemonía de Peñarol y Nacional, consagrándose campeón en el Apertura 2013 y de la temporada 2013/2014. Fue el espaldarazo que le permitiría a la dupla llegar a Peñarol en 2017, también logrando el título, en un equipo donde le tocó manejar jugadores de la talla de Lucas Viatri, Maximiliano Rodríguez y el “Cebolla” Cristian Rodríguez. Sobre esa experiencia en el primer nivel, compartió que las estrellas “no quieren que vos lo trates diferente por lo que significan, sino para que sigan siendo lo que son. Por ejemplo el “Cebolla” venía de lesiones y expuso un montón de pretensiones porque la había pasado mal. Es un clase A. Necesitábamos que pudiera solucionar esos problemas y en eso sí le dábamos un trato diferencial. Maxi (Rodríguez) no quería que vos lo trataras como un jugador distinto porque jugó tres mundiales, el necesitaba estar en un nivel físico aceptable, es un jugador con muchas campañas y pretemporadas encima con requerimientos propios de una carrera así”. Incluso reconoció que “de los 30 jugadores a cada uno le brindas un trato diferente. Nos ha pasado con juveniles que vienen de la Sub-20 o la Sub-17 y están en un momento especial, de fama repentina, y también necesitan que los ayudes en este contexto”. Además, Ojeda valoró el rol que este tipo de jugadores cumplen dentro y fuera de la cancha: “Es imposible no hablar con ellos, que vean como está el equipo, como ven a los compañeros. Son jugadores que, salvo por un título, tienen la experiencia y la jerarquía para estar dirigiendo y los escuchas”.
Arabia Saudita
Después de vivir en Uruguay cuatro años, el trabajo lo llevó a un destino exótico pero con un fútbol en expansión como Arabia Saudita, al equipo del Al-Ettifaq FC. “Se ha desvirtuado porque el común del fútbol piensa que allí se va a ‘hacer la plancha’ y se viene con dinero. Pero todo ha cambiado, hay muchos extranjeros, nivel y con un requerimiento en lo profesional y en la exigencia como en todo el mundo, donde los resultados mandan”.
Casado y con dos hijos pequeños, la experiencia cultural en Miedo Oriente fue también distinta. “Viví cosas muy enriquecedoras. Es un país que está cerrado al turismo por lo que fue único poder conocerlo mediante el trabajo, agradecido de haber tenido esa oportunidad”. Aprovechando la cercanía, también pudo visitar como turista Egipto y Bahréin. “Ahora hubo cambios y la mujer puede manejar, y por ser de occidente no le piden que se cubra el rostro pero sí que use túnica desde el cuello a los pies cuando salían a la calle. Igual, por el calor, siempre estas adentro, es difícil hacer una vida al aire libre. Su cultura nos generó un gran respeto y tratamos de seguirla porque somos nosotros los que estábamos ingresando en ella”.
En Ecuador
Después de esa experiencia el año pasado en el fútbol árabe, hace un par de semanas surgió otra posibilidad de volver a la cancha con un nuevo proyecto nuevamente junto a Leonardo Ramos, ahora en el Barcelona de Ecuador. “Firmamos un lunes y el jueves ya estábamos al frente del equipo, fue todo muy rápido. El sábado estábamos dirigiendo, aunque por una cuestión de registro de contrato lo hicimos desde la tribuna”. El equipo derrotó 3-1 a Delfín y subió al quinto puesto en la tabla de posiciones del torneo 2019 que ya cuenta con 10 fechas disputadas. Desde Guayaquil apuntó que “Es un proyecto muy grande, es el club más grande de Ecuador. Llegamos a un equipo que tiene muy buenos profesionales y que no estaba bajo, ya que el técnico se fue por un proyecto mejor”. Ramos asumió como reemplazante de Guillermo Almada quien se fue a Santos Laguna de México.
Cada nuevo club plantea el desafío de imponer una identidad de trabajo en un mundo donde nadie quiere proyectos sino resultados. “A veces se necesita más tiempo para lograr los objetivos. Si lo resultados no te acompañan en difícil permanecer. Para nosotros todos los proyectos que emprendemos son los mejores proyectos, por eso nos ha ido bien, pero a veces tenés que enfrentar una realidad. Los buenos resultados también te dan un poco de margen con otros clubes”.
Como preparador y ayudante de campo, no se siente en un segundo plano deseando o esperando la independencia para expresar sus ideas: “Leo me da mucho lugar, siempre es un gusto trabajar así con alguien que no te cierre el diálogo. Te escucha y te deja hacer, establecer los vínculos con el jugador que yo crea conveniente. Es un lujo laburar con una persona así, es un líder nato y sabe mucho”, elogió sobre Ramos a quien conoce laboralmente desde hace más de 10 años.
Ya instalado en Ecuador, su familia “nómade” lo extraña desde Necochea, donde sus hijos van al colegio: “Si todo sale bien, en invierno los traigo. Román (de 10 años) lo entiende más pero para Tomás (de 3) es todo más nuevo”. Es que en el mundo de los entrenadores, los resultados mandan hasta para saber a dónde van tus hijos al colegio. Gajes del oficio de pelota. Es pasión indomable que nos hace correr tras ella y que a Rodolfo lo ha llevado por el mundo.