El mundo es una pelota de tenis
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Como preparador físico, Martín Taboada logró insertarse en el circuito internacional codeándose con entrenadores y jugadores estrella desde Roland Garros a los Estados Unidos

Cruzarse en lo cotidiano con el revés perfecto del alemán Tommy Haas, con un amable Leyton Hewitt dispuesto a una foto a la salida de un vestuario o comprobar la velocidad real de la derecha de un top ten, sólo te puede pasar orbitando entre las estrellas del mundo profesional de tenis. Poco a poco, el preparador físico Martín Taboada logró explorar ese territorio y sentirse parte, de la mano del grupo de trabajo que encabeza Pablo Fuente, reconocido entrenador que supo tener entre otros a Juan Martín del Potro y Juan Ignacio Chela entre sus pupilos.
Desde mediados del año pasado, el necochense de 35 años comenzó a acompañar en el circuito ATP al brasileño Guilherme Clezar y luego al colombiano Alejandro González. Y fue cumplir un sueño: “Desde los 19 años, que empecé a estudiar y dedicarme al tenis, siempre lo que me puse como meta es poder viajar con los tenistas, vivir del tenis y recorrer el circuito”. La primera oportunidad fue en Santiago de Chile. Clezar llegó hasta los cuartos de final pero en este caso lo deportivo quedó en un segundo plano. “Estar ahí, por primera vez en un torneo, no te lo olvidás más. Si bien yo había estado en torneos juniors, venía viajando, no es lo mismo. Ver al jugador apretándote el puño, prendido. Terminás acalambrado. Muchas veces me duele la espalda y los gemelos (por la tensión) ahí sentado”, compartió sobre su propia procesión.
“Te llevan puesto”
Y a partir de allí las oportunidades de crecer siguieron apareciendo. Llegó otra gira por Canadá y Estados Unidos en torneos challengers a fines del año pasado. Y este año, la experiencia se magnificó llegando a Europa, pasando nada menos que por Roland Garros y Wimbledon. Pero no fue tan fácil como parece. “Es un mundo diferente. Tenés que ser rápido porque te quedas afuera. Los jugadores te ‘llevan puesto’. Donde te ven blando, estás en el horno”, apuntó Taboada. Es parte de pagar un “derecho de piso”. “Cuando ingresas y te toman respeto, ahí es más fácil entablar una relación. El año pasado fue buenísimo, pero (al principio) no te dan bola. Te evalúan cómo sos como persona, si querés trabajar o estás robando jugadores”.
Ese respeto que pudo evidenciar, les tienen a grandes entrenadores como el estadounidense Nick Bollettieri, creador de la Academia IMG en Florida, y “padre” deportivo de Andre Agassi, Mónica Seles y Jim Courier, entre otras estrellas. A esa academia Taboada fue con el colombiano González a sumar una experiencia que lo marcó: “Los profesionales te dan bola (a los entrenadores) hasta ahí nomás. Estaban (Marcos) Baghdatis y Haas jugando y Bollettieri se les metió en el medio del set a corregirlo para que se vaya más adelante y Baghdatis lo miró raro, pero como son muy respetuosos le hacen caso, pero quedó la sensación que le pedía que no lo moleste más, dejame jugar”. Bollettieri es una eminencia y así lo hace valer: “Cobra 1.000 dólares la clase. Es un grande”.
Preparador si, coach no
Taboada pasó de cumplir su rol de preparador físico en las pretemporadas y en la planificación diaria, a acompañar a los jugadores a los torneos, a pedido de Fuente, quien al mismo tiempo supo tener a González y a Clezar en destinos distintos. Luego de que el brasileño, previo a Roland Garros, pasara a trabajar con Larri Pasos (ex coach de Gustavo Kuerten), Martín siguió igualmente por varios torneos en el tour por Europa acompañando a González. “Le pude dar una mano en el tenis (juego), como masajista, soy una rueda de auxilio. Además él es muy profesional y lo sabe aprovechar”. Y en el balance, agradeció que “Alejo me valora mucho. (Que los jugadores te valoren) cuesta, pero estoy cansado de pagar derecho de piso. Lo hice en Buenos Aires, en España cuando me fui…”. Sin embargo, esta experiencia en solitario como coach “improvisado” no le llena la cabeza: “Si quisiera aspirar a ser entrenador de tenis sería un error mío. No tuve esa formación, más allá de los que pueda aportar. Desde hace años volqué mi carrera a la preparación específica de tenis y me especializo en lo físico, es lo que estoy seguro. Lo otro te puedo dar una mano, pero hay cosas que o leo más tarde o sé que me van a costar mucho más que alguien que hace mucho está en el tenis, como el caso de Pablo (Fuente). Ahora tengo el ojo más acostumbrado y si me toca analizar un partido lo analizo, siempre que el jugador sepa de antemano lo que yo puedo darle. Hay veces que no sabés qué le está pasando (al jugador). Soy preparador físico y si quiero pasar por arriba al entrenador, es un error grosero. Me quedo donde estoy seguro y en lo otro doy una mano cuando viajo solo”.
Parte de un equipo
Y a la hora de buscar un rumbo, valoró el trabajo de equipo y la figura de Fuente. “Pablo tiene un perfil súper bajo (en el circuito, entre colegas), pero es muy groso y lo respetan mucho” explicó y siguió elogiándolo con cosas del día a día: “Te das cuenta cuando alguien hace muy bien su laburo en la parte tenis. Me pasa que cuando los chicos están con Pablo, o vienen de entrenar con él, están dos escalones más arriba. Te das cuenta que vienen con otro “timing”, con una fineza distinta. Por algo lo tuvo a Chela en el Top 20. Y cuando estamos los dos trabajando es lo ideal. Nos complementamos bien. Y no depende de mí dar una indicación”.
En el juego, y con el condicionante de que González venía de estar seis meses inactivo por una operación en la rodilla a fines del año pasado, Taboada analizó en el balance que “fue de menos a más. Terminó mejor el año físicamente y se notó en los resultados”. El colombiano, de 28 años, se ubica 368º en el ránking mundial, aunque supo estar 70 hace tres años durante la primera etapa con Fuente como coach, que concluyera en 2015 tras la necesidad de un descanso mutuo. Volvieron a transitar juntos el tour a mediados del año pasado.
Fuera de la cancha
Con González en Europa este año, Taboada también vivió capítulos de aprendizaje fuera de lo competitivo. “Estuvimos una semana en el Barcelona Tennis Club, un lugar soñado, y trabajamos con Fernando Vicente (ex Top Ten español y actualmente entrenador del juvenil ruso Andrei Rublev). Es fuerte poder estar dentro de un torneo, poder charlar con los entrenadores, muchos son buena onda, sobre todos los españoles”. En esa gira, reconoció que “aproveché para recorrer mucho, sobre todo Paris. Alejo había viajado con su señora, así que aproveché para dejarlos solos y con la mochila salí para todos lados. Lo mismo cuando fuimos a Vicenza (un Challenger), le di unos días libres y me fui a Venecia, que no conocía. Estas ahí y es tomarte un tren, porque estas a 30 minutos. En el día de mañana no sé si podré y (por eso) hoy trato de aprovechar estas cosas”. Muchas experiencias fuera de las canchas fueron fuertes, también entre lujos inaccesibles para la mayoría: “En Tiburón (California), recorrimos la costa (de San Francisco) en un yate pasamos por el (Puente) Golden Gate y cerca de Alcatraz. Un lujo increíble ese yate”.
La vida normal
Más allá de los viajes y los lujos, Taboada tiene en claro que “la vida normal no es esta. La vida normal es tu casa, tus amigos, para mi ir a nadar o la playa, o comer un asado. Pero lo otro lo disfruto también y cuando vuelvo siempre trato de repasar muchas cosas que por momentos no podes creer que te pasen”. Quizás por eso, prefirió acompañar a la prometedora juvenil necochense Eugenia Ganga a dos torneos en Chile en diciembre y resignará viajar con González al Abierto de Australia para cumplir con su trabajo como coordinador en un parador como en todos los veranos en Necochea. “Es trabajo también pero disfruto dar clases más sociales. Estar con mi señora y más relajado de los viajes. Es recargar pilas para volver también. Las ganas de la competencia siempre están porque es lo que más me gusta”. Y las ganas de crecer también: “La idea es seguir formándome. Quizás en el futuro estar trabajando con un Top 100. Esa seria la meta”.