El oficio del bandoneonista
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Tocó durante años en la confitería Cabildo, en Corrientes y Esmeralda. En 2015 participó del festival Las Vegas Red Carpet Tango. Ahora se ilusiona con su Sexteto 2×4
Víctor tenía siete años cuando su padre le preguntó si quería aprender a tocar el bandoneón. Recuerda que estaban en el patio de su casa de Wilde, en el partido de Avellaneda.
“Mi padre era bandoneonista y tocaba en Buenos Aires”, explicó Víctor García el viernes pasado, poco antes de subir al escenario del Teatro Municipal con su Sexteto 2×4. “De chico estaba acostumbrado a que en casa se hacían los ensayos. Yo escuchaba y miraba. Pero ese día mi padre me puso el bandoneón en las rodillas y me empezó a enseñar las primeras notas”.
Ese bandoneón es el que todavía acompaña a Víctor en sus actuaciones. Es el instrumento “de repuesto” que su padre había comprado para usar en caso de desperfecto de su propio “fuelle”.
El padre de Víctor era bandoneonista de oficio, aunque no tocaba tango, sino folclore. Fue así que el pequeño siguió sus pasos y tras ir a estudiar con un maestro a Avellaneda, a los 13 años comenzó a trabajar.
“Como era menor mi padre tuvo que conseguir un permiso en un juzgado para que yo pudiera acompañarlo”, explicó Víctor, que desde entonces también convirtió a la música en un oficio.
Corría el año 1957 y el adolescente integró varios grupos folclóricos hasta que, ya mayor de edad, realizó sus primeras incursiones en el tango y se enroló en la Policía.
“Toqué muchos años en la confitería Cabildo, que estaba al lado del teatro Odeón, en Corrientes y Esmeralda”, explicó. “También en Avenida de Mayo y Salta, en el bar Español”.
En aquellos años tuvo oportunidad de acompañar a algunos grandes artistas. Su nombre aparecía en la marquesina de la confitería Cabildo.
Y fue a través de la música que un día conoció a una joven necochense, Sara Beatriz Latorre, que con el tiempo se convirtió en su novia y luego en su esposa.
“Cuando nos hicimos de novios ella me dijo que algún día me iba a traer para que conociera Necochea”, explicó Víctor.
Otra vida
A Víctor le gustó Necochea y a principios de los 70 la pareja compró un terreno en 517 y en 554, en Quequén. Era un lugar agreste, Víctor soñaba con un parque con vista al río, pero su idea se vio frustrada por la inundación del 80.
Al caer el puente Ezcurra y comenzar la construcción del Dardo Rocha en ese sector de la ciudad, rápidamente el barrio se urbanizó. “Perdió la magia, así que compramos una casita en otro”, explicó.
Finalmente, con un domicilio en Necochea, Víctor decidió venir a vivir aquí con su familia. Toda su vida se había dedicado a la música, pero además era policía, así que debió pedir el traslado.
“Acá prácticamente se me terminó la música. Yo en Buenos Aires era una persona conocida. Pensé que con mis conocimientos podía seguir haciendo música, pero no”, dijo Víctor, que a pesar de ello no parece arrepentido de haber elegido Necochea, la ciudad donde viven sus nietas Athina y Victoria.
Igual siguió tocando, formó un primer sexteto, que luego quedó en cuarteto. “Hasta que en el año 2010 con unos amigos fuimos a Estados Unidos, a Las Vegas, y ahí conocí a algunos empresarios hoteleros que me vieron tocar y me dijeron que me iban a llamar”, explicó.
“En ese viaje toqué en un lugar que se llamaba el Rincón de Buenos Aires y me hablaron de un gran festival internacional que se hace allí y en el que participa gente de todos lados”, explicó.
En el 2014, al conmemorarse el centenario del nacimiento de Aníbal Troilo, lo convocaron para tocar “Quejas de bandoneón” en el festival. Pero ese año su esposa se enfermó y Víctor no quiso dejarla.
Ella falleció a mediados de 2015 y poco después volvieron a llamar a Víctor desde Las Vegas. Aún dolido por la pérdida, él no quería ir, pero lo consultó con su hija Adriana, que lo convenció para que viajara.
Fue así que en octubre de 2015 Víctor García tocó en el festival Las Vegas Red Carpet Tango, que se realizó en el Hotel Hilton y compartió el escenario con Pepe Motta, Pablo Motta y Pepe González. En el festival no sólo hay conciertos, también se ofrecen clases de danza con algunos de los mejores bailarines del mundo.
Por esta razón, participar del festival fue para Víctor García el broche de oro para su carrera de bandoneonista.
Perfeccionista
Meses atrás, Víctor volvió a la idea de formar un sexteto y convocó al bandoneonista Mario Marrone, el bajista Andrés Varela, el pianista Jorge Fischman y el cantor Raúl Arregui. También al locutor y decidor Jorge Castro.
El viernes con ese grupo, los bailarines Rubén Balseiro y María Inés y el cantante Miguel Merlo como invitado, Víctor subió al escenario del Teatro Municipal.
Obsesionado con los ensayos, García aspira a que el sexteto suene cada día mejor y ya piensa en presentaciones programadas para enero en el Auditorium de la UPC y en la Universidad de Quequén.
Para ello sigue estudiando y perfeccionándose con el mismo bandoneón que su padre le regaló.///
