El otro DT tricampeón
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Julio Portugal condujo al Club Mataderos en su época más brillante, hace 25 años
Adrian Stolarczuk
Redaccion
Pocos días restan para que la pelota vuelva a rodar en la Liga y nos lleve por la habitual montaña rusa de emociones. Aunque suene injusto, entre los goles y los triunfos, revanchas y nuevos objetivos, comenzará a quedar atrás el brillante tricampeonato logrado por Independiente de San Cayetano. Al punto que perdió a varios nombres del plantel ganador y al gran hacedor, el director técnico marplatense Damián García, que tras el triplete emigró buscando otros desafíos en Tandil, ahora como conductor de Ferro. Poco a poco quedará en el pasado esa campaña, como así otras tantas, tapadas por nuevas copas.
En esa vorágine, en el que el día a día tiene un peso supremo, siempre es sustancioso bucear en el pasado y pelearle al olvido. Por ejemplo para encontrarnos con una campaña bastante similar a la lograda por el “Chimango”, pero hace 25 años. Y también con el último DT en lograr un tricampeonato consecutivo en la Liga Necochea, claro está, hasta el año pasado. Julio Portugal lo consiguió con el Club Atlético Social y Deportivo Mataderos, entre 1995 y 1997, sumándole además de una histórica consagración en el Torneo Argentino B en 1996. Ese grupo dominó nuestras canchas y sostuvo su cuerpo técnico como ningún otro hasta lo hecho por Independiente. Vale apuntar que en el pentacampeonato de Rivadavia, Abel Coria alternó como DT campeón en 2007 y 2009, Pablo Fuhr lo relevó en 2008 y 2010 y finalmente en 2011 el decano estuvo a cargo de Jorge Garro y Marcelo Segovia. Desde 2003 que un director técnico no lograba títulos anuales en forma consecutiva: Miguel López, con Ministerio en 2001 y 2002, el otro.
Una campaña soñada
Para la popular barriada de Mataderos, aquel campeonato de 1995 significó además el primero de su historia. “Soy hincha y vivo en el barrio, sólo tuve la mala suerte de no ser campeón en el club como jugador, pero si con otros equipos”, recordó Julio Portugal sobre tomar aquella responsabilidad al frente del plantel, cuando a los 35 años dejó los botines y se animó a asumir como DT de un día para el otro. Sería el inicio de una campaña soñada. En el primer año, contó con Luis Matías “Chueco” Fraile como compañero en el banco: “Alcancé a jugar con él, éramos buenos amigos y le pedí que me acompañara porque para mí era mi primer desafío como técnico”. Incluso se analizó la posibilidad de que continuara jugando un tiempo pero confesó que “pensé en hacer las dos cosas, pero no me gustaba mucho entrenar”.
El “Chango” Gustavo Cárdenas fue el héroe quedando en la historia con un gol decisivo en Juan N. Fernández en la gran final, desbancando a Defensores que venía de lograr el bicampeonato el año anterior. Mataderos venció 1-0 en la última fecha del Torneo Apertura y dio la tan ansiada vuelta olímpica. Fue un título especial. Hombres con mucha batallas ganadas y con campeonatos en su haber con otras camisetas como el propio Cárdenas, Luis Del Negro, Rodolfo Lucifora y Fernando Lastra lo disfrutaron como si fuese la primera vez. La vuelta olímpica fue una fiesta pero aún restaba el Torneo Clausura, para que no cayera en saco roto. El título anual era el que se transformaba en estrella en la camiseta y ese era el objetivo más importante. Mataderos peleó el segundo torneo pero allí Defensores fue el protagonista y llegó mejor a la instancia decisiva que se mezcló con el comienzo de la participación de Estación Quequén en el Torneo Argentino A. Los fernandenses terminarían festejando en Barrio Norte con un empate 1-1 en la última fecha. Ambos entonces definirían el campeón del año en un mano a mano. En la primera final, el 23 de octubre de 1995, Mataderos se hizo fuerte de visitante ganando por 1-0 con gol de Diego Fernández. Sin dejar dudas, el sábado siguiente Mataderos volvió a ganarle a Defensores, ahora en Barrio Norte, con un gol de Luis Del Negro, para desatar la alegría en casa, ante todo su público. Formaron esa tarde Lucifora; Cirigliano, S. Portugal, W. García y Lastra; L. Del Negro, Sequeira, G. Vázquez, Cárdenas, Jacin y Fernández. Entraron Villarreal y Gustavo Portugal.
El Argentino “B”
El recuerdo más fuerte de esos tres años gloriosos para Portugal en Mataderos fue sin dudas la consagración en el Torneo Argentino “B”. “El club me dio lugar para que pudiera elegir a jugadores para enriquecer el plantel para el Argentino. Hoy es un club con mucha historia, pero era todo un desafío en el 96 convencer a los jugadores para que vinieran a jugarlo para Mataderos, no era un club pudiente. Lo entendieron y se generó un gran grupo. A partir de ahí siempre Mataderos fue competitivo y respetado”, entendió. “José Luis Ducca había dejado prácticamente de jugar y se animó a venir, terminó siendo el mejor arquero de la Liga; (Roberto) Clérico había vuelto (de River Plate) y se quedó con nosotros, el ‘Tiri’ (Jorge) Racich o el ‘Chapulín’ (Héctor) Oliva y hasta otros que nadie tenía en cuenta como el “Negro” (Eduardo) Salto y Gustavo Arnedo, por ejemplo, que creo estaban en equipos de ascenso. Y todos rindieron. Era un equipo difícil para dirigir, porque había muchos nombres y la gente siempre está pendiente, pero jamás tuve un problema con nadie”. Para Julio también fue especial disfrutarlo con su familia: “Fue un privilegio poder tener a mis dos primos hermanos en el plantel. A Gustavo (Portugal) y también a Sergio, que fue el capitán y no por mi decisión, sino elegido por los propios jugadores”.
Sobre la campaña, valoró rivales como “El Linqueño de Lincoln, que tenía los hermanos Schiavi, y San Martín de Monte Comán”, derrotado en aquella final en la cancha de Rivadavia, con el inolvidable “Gol de Oro” de Clérico.
Continuidad
En 1996, el poderoso plantel del Argentino no se relajó y repitió el título local. El bicampeonato tuvo el sabor especial de ser frente a Villa del Parque y además sin jugar el tercer partido de las finales anuales. Los de la playa ganaron el primer juego y Mataderos se impuso en la revancha 2-0 con goles de Arturo Cantón. Pero tras un par de polémicos arbitrajes, Villa del Parque pidió que se trajeran árbitros foráneos para el partido decisivo, la Liga no lo respaldó, el club se negó a jugar y el título quedó en manos de Mataderos “en el escritorio”.
En 1997, con más altibajos desde el juego, Mataderos volvió a dominar en los números. Se consagró campeón del Apertura y peleó el Clausura hasta la última fecha detrás de Independiente de San Cayetano, con quién terminó igualando las posiciones. Hubo desempate nocturno en el estadio Panamericano y allí otra vez los dirigidos por Portugal dejaron en claro su superioridad, venciendo 4-2 con goles de Pablo Fernández, Héctor Oliva y Jacín para dar otra repetida vuelta olímpica sobre el brindis navideño.
Ida y vuelta
Tras el vendaval de triunfos y el lógico desgaste, llegó el momento de dar un paso al costado, tras otra participación en el Argentino en el verano de 1998. A diferencia de Damián García con el “Chimango”, Julio decidió alejarse del fútbol, volviendo a poner en primer plano su familia y su trabajo. Aunque siempre lo tentaron para regresar como DT, se animó a hacerlo recién en 2006, con otra generación de grandes jugadores de Mataderos. Y otra vez fue campeón indiscutido conduciendo figuras como Andrés Trobo, Ezequiel Cerica y Fernando Rodríguez. José Luis Ducca lo acompañó en la dupla técnica. Nuevamente tras la vuelta olímpica eligió frenar la pelota y desde entonces lo mira desde afuera: “Siempre me han tentado clubes para regresar. Este año me lo pidieron pero no he ido ni a la cancha. Sólo vi la final contra Independiente. No conozco a los jugadores ni a los nuestros ni a los otros”, se sinceró.
Desde entonces, incursionó en el billar y la pasión por el fútbol la dejó detrás del alambrado, donde muchas veces dirigió partidos, traicionado por un fuerte temperamento que los árbitros no dudaban en castigar.
Aun hoy aquel tricampeonato sigue siendo referencial, ganándole al olvido. “Mataderos fue un ganador unánime, con un grupo de grandes jugadores que trabajó muy bien y por eso se lograron tantos títulos. Fue una alegría y algo histórico que marcó una época. Una campaña que cada año se valoriza más”, realzó Portugal.