El padre de una de las víctimas del ARA San Juan, tras despedir a su hijo en alta mar
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Luis Tagliapietra estuvo en la búsqueda del submarino. Fue a Batán e intercambió su mirada sobre la Justicia con los privados de la libertad y dialogó en exclusiva con Ecos Diarios
Luis Tagliapietra, padre de Damián Alejandro, quien tenía 27 años al momento del hundimiento del submarino, es uno de los familiares de las 44 víctimas del ARA San Juan que tomaron parte en la búsqueda a bordo del Seabed Constructor, que finalmente confirmó la peor noticia.
En una visita al penal de Batán, dialogó con los privados de la libertad, y en exclusiva para Ecos Diarios, brindó su testimonio sobre la Justicia, y compartió sus conclusiones y sensaciones sobre la travesía de tres meses y cómo despidió a su hijo en alta mar.
Vivencias
El hecho de estar en alta mar, sostuvo que fue muy desgastante, porque “fuimos a cumplir una misión, que era de los observadores”. Como observador, debía que no se escape nada, poder estar y ver acerca de todas las operaciones del barco, fundamentalmente, para velar por la transparencia. Fueron muchas noches sin dormir, o poco y mal. Experimentó cambios de horarios, y el desgaste fue tanto físico como emocional.
En tiempos de tormenta, el barco se movía mucho, y aunque él navega a vela, actualmente su profesión es la de abogado.
Tagliapietra es de San Isidro, y de chicos a sus hijos les enseño windsurf, wakeboard, kayak y tuvieron una lancha, por lo que las actividades acuáticas fueron siempre constantes.
Pero en su familia, nunca había habido una experiencia militar o como parte de la Armada, aunque uno de sus hijos, tuvo la vocación muy fuerte, porque ya desde los doce años quería eso y lo sostuvo en el tiempo.
A sus tres hijos, manifestó siempre les inculcaron que sigan sus sueños impulsándolos en lo que querían. Damián, se inclinó por la Armada, mientras que sus hermanos estudian medicina y arquitectura.
“Es un orgullo que cada uno eligió su camino y la vocación es muy fuerte”, sostuvo.
Postura
Tagliapietra es abolicionista y desde su concepción del derecho entiende que el castigo no sirve, sino que genera dolor en todas las partes. Para él, acarrea sufrimiento en quien termina preso y en la víctima, término que no gusta emplear. Siente que a los efectos de que la gente entienda se usa, pero no le gusta el lugar de víctima, porque en todo caso, para él, todos seríamos víctimas y victimarios. “Ponerte en el lugar de víctima también te pone en el lugar de victimario, porque la víctima exige justicia a través del sufrimiento del victimario, con lo cual se terminan invirtiendo los roles y genera una retroalimentación del sufrimiento que es interminable”, expresó.
Tuvo participación en muchos programas de televisión, en donde dio su opinión sobre abolicionismo y justicia restaurativa, con la intención de tratar de ver métodos distintos para resolver los conflictos.
Estuvo dos años y diez meses preso y a partir de ahí cambió su vida con respecto a muchas concepciones. Empezó a estudiar derecho en la cárcel de Ezeiza, después en Devoto, de donde salió con diez materias y terminó la carrera en la Facultad de Derecho de la UBA. Hizo la carrera docente y da clases en Ezeiza, aunque este año fue obligatoriamente sabático.
Visitó muchas cárceles y ha dado charlas sobre abolicionismo y justicia restaurativa. Para él, es una manera de no olvidarse de que “las cárceles no tienen que existir más, porque no le sirven para nada a nadie”. Su lucha, es intentar cambiar esta realidad, aunque cree que “vamos para atrás porque no sólo políticamente se habla de construir más cárceles, sino que mediáticamente se habla de cada vez más castigos”. Cree que la idea es cada vez más destructiva y castigadora.
Desaparición
Luego de la desaparición del submarino, se concentró primero en encontrarlo, el objetivo primario, y de ahí la difícil tarea de llegar a la verdad de lo que había pasado. Ahora, habiéndolo encontrado, se concentra en averiguar la verdad, para saciar la sed de venganza de algunos familiares que piden cárcel y castigo. A partir de la verdad, se pueden entender las responsabilidades y ver después cómo quien corresponda se hace cargo de eso. “No es un camino fácil”, expresó.
Es un momento “agotador”, manifestó, que nunca imaginó vivir. Lo que experimentó le pegó en el cuerpo. Se sumó que el martes estuvo en la Base Naval de Mar del Plata, recibiendo el diploma que su hijo hubiera obtenido al volver de la misión del ARA.
“Entendés que las cosas a veces pasan”, afirmó. Tiene un sentimiento contradictorio; por un lado, el haberlo encontrado dio un poco de paz, porque era una promesa que se había hecho el mismo y a su hijo, y por el otro, “tener que seguir luchando contra los molinos de viento, para descubrir por qué, cómo y de qué manera”.
Para él, más allá de las hipótesis, existió una enorme desidia del Estado al poner una máquina de guerra en operaciones no estando en condiciones de seguridad mínima. Cree que muchas versiones son operaciones y otras tienen que ver con la fantasía popular, relacionada con otras cuestiones pero no la realidad. “Hay hipótesis genuinas desde el punto de vista de la pureza sentimental y también distracciones”, sostuvo.
Para Tagliapietra es una lucha sin respiro. Después del hallazgo, fantaseó con tener paz y descanso de tanto agobio, pero cada día pasan cosas fuertes en torno a un caso de llamó la atención de todo el país y el mundo.
Intercambio
Tagliapietra intercambió puntos de vista con los privados de la libertad, incluso uno de ellos, Cecilio Alvarez, le comentó que fue parte de uno de los primeros viajes del ARA San Juan, momento que ambos consideraron era óptimo y muy diferente al de su hundimiento. “¡Lo agarraste nuevito!”, enfatizó el padre del submarinista.
En uno de los pabellones de Batán, pudo asesorar a los internos sobre sus causas, haciendo de lado la propia, asumiendo el rol de abogado y captando el interés por su mirada y cercanía con los hechos que le plantearon.
Integra la ONG Víctimas por la Paz, y lo que le sucedió en lo personal con su hijo, no hizo más que afianzar sus convicciones a favor del abolicionismo y la justicia restaurativa.
“Cuando alguien aprieta el gatillo de un arma es terrible”, pero lo sucedido al ARA, le dijo a los presos, “es peor porque hay muchas personas involucradas, es un asesinato silencioso y nadie se hace cargo”. Expresó que hay que trabajar en ver de qué manera resolvemos los conflictos para evitar la cárcel, que para él genera más violencia y sufrimiento.
En cuanto a su vínculo con otras familias del ARA, que están con la idea del castigo y mitigar el dolor propio a través del dolor ajeno, para él no funciona. Uno de los internos, que escuchaba atentamente, le manifestó: “es difícil, pero tarde o temprano vas a tener un logro”. “Es lo que intento, por lo menos dejar una semillita y que algo cambie en un tiempo”, respondió Tagliapietra y les recomendó escuchar a una banda del centro penitenciario de Devoto, que se llama “Portate bien”.