El parque eólico que no fue y el molino obsoleto y abandonado frente al mar, un peligro latente
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Quedó inactivo hace más de dos años. Integraba un proyecto para instalar cinco aerogeneradores más, en un predio de 150 hectáreas dado en concesión. A merced de la corrosión, es necesario extraerlo antes que se desmorone y ocurra un accidente de imprevisibles consecuencias
Como si fuera una imagen moderna de la historia del Quijote, el molino luce solitario y abandonado a su suerte frente al mar. Obsoleto e inactivo desde hace años, fue la punta de lanza de un ambicioso proyecto de parque eólico, que nunca se hizo realidad.
Hoy, con un avanzado estado de deterioro, se transforma en un potencial peligro de accidente, que de ocurrir terminará involucrando a la Municipalidad, responsable en definitiva de un predio de 150 hectáreas que fueran entregadas en su momento por 25 años, para que la empresa Sea Energy levantara un parque de no menos de una decena de aerogeneradores.
Ubicado en avenida 2 y la calle Los Cedros, continuidad hacia el mar de la 177, el predio de tierras costeras y por ende turísticas fue entregado en diciembre de 2009 por el municipio, en otro de los “obsequios” que han hecho distintas administraciones comunales.
El 29 de diciembre de ese año, en un día ventoso y por ende halagüeño para el cometido del proyecto, se llevó adelante el acto inaugural del molino de 30 metros de altura que hoy en día es un mustio esqueleto.
El entonces intendente Daniel Molina, el titular de la Usina, Martín Migueles; el principal inversor, Guillermo Ibáñez y el titular de la Dirección Operativa de Desarrollo Sustentable, José Molina, en representación del gobernador Daniel Scioli, fueron animadores de la inauguración.
El acuerdo firmado oportunamente por la empresa Sea Energy y el municipio, establecía un plazo de dos años para montar el parque de cinco aerogeneradores, que no pudo concretar, aún con un una prórroga de 18 meses que le otorgara la Secretaría de Energía de la Nación.
Sin corriente
Pasado el tiempo y visto el fallido rendimiento del equipo montado frente a la playa, expertos del tema eólico sostienen que el aerogenerador no logró la prestación que se esperaba, en principio porque se trababa de un molino ya usado y que no podía brindar un buen servicio por un lapso de tiempo de más de cuatro años.
El equipo instalado llegó a alimentar a la red en los días de mejores vientos con 45.000 killowatts-hora, equivalentes para abastecer de energía a 90 hogares, y en el plano económico la empresa le vendía esa producción a Cammesa.
El proyecto, que incluyó la firma de un convenio con la Secretaría de Energía de la Nación, contemplaba la instalación de cinco aerogeneradores, con una inversión de 3,5 millones de dólares.
Sin embargo, al parecer por la imposibilidad de lograr un crédito de un banco extranjero, los planes de Sea Energy, propiedad del empresario Guillermo Ibáñez, se desvanecieron, funcionando por un tiempo el único molino instalado.
Con su ciclo de utilidad cumplido, el equipo sufrió un desperfecto interno en su momento y fue reparado, pero al poco tiempo se detuvo para siempre hace unos dos años, y quedó abandonado.
Los entendidos estiman que el empresario ni siquiera llegó a amortizar el gasto de la instalación de ese solitario molino.
En primera instancia desapareció la alambrada que rodeaba al equipo y una cabina exterior a la que ha ganado el óxido; y la puerta de ingreso al interior del aerogenedor, que hoy está sellada, fue forzada y cualquiera podía ingresar, con el peligro latente de quedar electrocutados. Más allá de eso empezó a ser blanco de grafittis y algunos actos de vandalismo.
Ante este panorama, la Usina Popular Cooperativa decidió retirar el cableado. De esta manera hoy no existe tensión eléctrica en el lugar, ya que no hay conexión alguna a la red. “No hay ningún peligro en este sentido”, se indicó desde la distribuidora eléctrica.
Varias incógnitas
Pese a varios intentos, Ecos Diarios no pudo lograr información oficial desde el municipio, acerca de si las tierras ya regresaron a su patrimonio, cuestión que debió haber acontecido a principios de 2016, cuando venció el plazo para la concreción del parque.
De hecho a la Municipalidad le asiste el derecho de establecer la caducidad de la cesión, en caso de incumplimiento por parte del concesionario de las tierras, sin necesidad de tener que hacerlo por vía judicial.
Si bien hoy está vedado el ingreso al interior de la estructura, en la que existe una escalera, el óxido ha empezado a ganar buena parte de la misma y en ello tiene que ver su ubicación frente al mar, donde impactan todas las sudestadas y el salitre hace su labor.
Ante el abandono que se observa y el avance de la degradación de la estructura, empieza a surgir un alerta ante la posibilidad futura de que sorpresivamente se desmorone la monumental columna y sus tres aspas, produciendo un accidente de imprevisibles consecuencias, teniendo en cuenta la permanente circulación de vehículos, caminantes o ciclistas y que el circuito por el que transitan motos y cuatriciclos está ubicado al lado del molino.
De este tipo de caídas, producto de la corrosión que rompe elementos abandonados, hay varios antecedentes –entre ellas uno en Comodoro Rivadavia-, que es necesario atender. Está claro que hoy en día esa estructura no tiene ningún sentido.
En el último caso si algún rodado impacta contra el molino y se registran heridos o muertos, está claro que la Municipalidad será la que tendrá que responder.
De este tipo de caídas, producto de la corrosión que rompe elementos abandonados, hay varios antecedentes, que sería bueno atender.
Ante esta situación surge el interrogante de ¿por qué la comuna no acciona para que se desmonte la inútil estructura? Es de esperar que se tome alguna medida urgente de este nuevo símbolo del abandono en nuestra ciudad y que empieza a ser un problema de seguridad pública, antes que sea tarde.
Otra “perla” más
¿Habrá en otras ciudades tantas construcciones y estructuras abandonadas como en Necochea y Quequén?
La inquietud surge al contabilizar la cantidad de sitios que yacen a la intemperie y esperando su derrumbe con imprevisibles consecuencias. “Perlas” a las que se puede sumar ahora el molino abandonado frente al mar.
A vuelo de pájaro aparecen en la mente la estructura de la Estación Hidrobológica que no fue, al lado de la plaza 3 de Agosto de Quequén; la de la sede de un gremio que nunca se terminó, en la calle 107 y el mismo complejo Casino. Imágenes que duelen a los ojos y que reflejan la dejadez y conformidad para convivir con estos adefesios.