El peligro a 6º de un rostro
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Las redes sociales son un medio de comunicación invaluable para mantenerse en contacto con familiares y amigos. Pero nunca se sabe quién está mirando nuestro perfil
Tiempo atrás un conocido vecino de Quequén se fue de vacaciones a Córdoba y compartió fotografías del viaje en una red social. No tardó en enterarse que delincuentes habían entrado a robar a su casa.
Algo similar le ocurrió a un matrimonio que tiene su vivienda en la calle 72. Viajaron a Buenos Aires a visitar a su hija y estando allí se tomaron fotografías y las compartieron en la web. También fueron víctimas de robo.
Estos casos revelan una verdad inquietante: nunca sabemos quiénes están mirando lo que publicamos en las redes sociales. Es que si bien compartimos la información con nuestros amigos, jamás está muy claro quién más puede ver nuestro perfil.
Y ese es sólo uno de los peligros al que nos vemos enfrentados en estos días donde gran parte de nuestra vida pasa por la red.
Palabras antes desconocidas, como sexting, grooming, ciberacoso o secuestro virtual, han terminado por imponerse en nuestro vocabulario, en algunas ocasiones, de la peor manera: a través de una experiencia traumática.
Seis grados de separación
Según la hipótesis de los seis grados de separación, podríamos tener alguna vinculación con cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios.
Es decir, cualquiera conoce a alguien que tiene un amigo que vive en Estados Unidos, que a su vez trabaja en un banco cuyo jefe juega al golf con el guardaespaldas del presidente Donald Trump.
Así como sólo necesitamos cinco eslabones (personas) en nuestra cadena de relaciones para estar en contacto con el presidente de Estados Unidos, el Papa o la reina de Inglaterra, también es posible que no necesitemos más de dos o tres intermediarios para que algún amigo de nuestros amigos sea un delincuente que se encuentre al acecho.
Lamentablemente, esta hipótesis suele comprobarse de la peor manera. Fue el caso del presidente del Club Ministerio, Lisandro Fernández Guerrero, quien tiempo atrás fue víctima de un robo cuando se encontraba de vacaciones en Córdoba.
“Uno no se da cuenta y toma fotos para compartir con sus amigos”, explicó el dirigente, que en esa época vivía en la zona balnearia de Quequén y que se debió mudar debido a los robos.
No está seguro que haya sido sus publicaciones en Internet lo que alertó a los delincuentes de que no se encontraba en la ciudad, pero cree que es una de las principales posibilidades.
“A partir de ahí no publico nada. Es lamentable, porque uno se ve privado de compartir, pero la misma policía te recomienda no hacerlo”, dijo Lisandro.
“Uno empieza a cuidarse y si tengo que dar un consejo es que no publiquen nada hasta que estén de regreso”, dijo.
Señaló además que es habitual recibir solicitudes de amistad de personas conocidas y después darse cuenta de que entre las relaciones de esos “amigos”, se encuentran personas con antecedentes delictivos.
Alguien te está mirando
Es a través de las redes sociales donde pareciera que estamos más expuestos, precisamente porque son el principal medio de comunicación utilizado en la actualidad por los internautas. Sin embargo, los peligros acechan en todas partes: desde un lujoso smartphone hasta una memoria USB abandonada en un lugar público.
Aunque la mayoría de los internautas cree estar seguro, lo cierto es que gran parte de las conexiones a Internet de la actualidad son móviles y por lo tanto, pueden ser interceptadas.
Pero, lo que quizás el internauta debería saber es que el mayor peligro se encuentra en su compulsión de compartir sin detenerse a pensar demasiado en las consecuencias de ello. Compartir información o fotos en redes sociales como Facebook e Instagram se ha convertido en una práctica más cotidiana que sentarse a tomar un café con un amigo.
Una investigación realizada el año pasado por la empresa de seguridad informática Kaspersky Lab reveló la cantidad de datos personales que los individuos hacen del dominio público.
La investigación muestra que la mayoría (93%) de las personas comparte su información de forma digital, de ellos, 70% comparte fotos y videos de sus hijos, mientras que 45% comparte videos privados y confidenciales, así como fotos de otros. Estos hábitos son más graves entre las generaciones más jóvenes, que ponen una gran cantidad de su información personal al alcance de extraños.
Resulta preocupante que casi la mitad (44%) de los usuarios de Internet haga pública su información, dado a que una vez que los datos pasan a ser de dominio público, salen del control de sus propietarios.
Una de cada cinco personas admite que comparte datos confidenciales con extraños y con personas que no conoce bien, lo que limita su capacidad de controlar cómo se utilizará su información privada.
No estamos lejos
“Hoy el delincuente hace mucha logística”, señaló el atleta José Luis Urteaga. Hace muchos años, cuando las redes sociales aún no eran populares, fue víctima de un robo a partir una información que circuló por la web y los medios tradiciones sobre que recibiría un premio en la Fiesta del Deporte.
Cuando Urteaga volvió de recibir el premio descubrió que habían ingresado en su vivienda a robar.
“Yo en esa época no tenía redes sociales, pero eso nos dejó una enseñanza y es que no hay que exponer información personal innecesariamente”, explicó.
Precisó que desde entonces no publica nada antes de viajar a algún lado, sólo “cuando vuelvo”.
En tanto, Marcos Fernández, un vecino conocido por su labor comunitaria y social, fue víctima de un robo el año pasado en circunstancias que podrían calificarse de, al menos, extrañas.
Había viajado a Mar del Plata y compartió una fotografía en Facebook. Cuando regresó se encontró con que habían ingresado a su humilde vivienda y robado una importante cantidad de juguetes y ropa que había juntado para donar.
No está seguro de que haya sido la publicación de esa foto lo que llevó a los delincuentes a ingresar a su vivienda, sin embargo señaló que existe “mucho riesgo” en este tipo de actitud.
“Hay mucha gente que publica que se fue de vacaciones o que está comiendo un asadito en Las Cascadas”, señaló.
Sin mirar a quién
Si bien las redes sociales suelen ser el lugar favorito de los delincuentes para hacer “inteligencia” sobre las actividades de sus víctimas, no es esta la única forma en la que se exponen.
Según informe de Kaspersky Lab antes citado, las personas se exponen al robo de identidad o a ataques financieros al compartir su información bancaria y de pago, digitalización de sus pasaportes, licencias de conducir y otros documentos personales o contraseñas.
La investigación encontró que las personas no sólo intercambian información, sino también los dispositivos donde la almacenan. De hecho, uno de cada diez ha compartido el PIN con un extraño para acceder a su dispositivo y uno de cada cinco ha dejado sus dispositivos desbloqueados y sin supervisión entre un grupo de personas. Además, casi una cuarta parte ha prestado su dispositivo a otra persona durante algún tiempo.
El intercambio excesivo de datos personales entre individuos y empresas es un hábito muy peligroso. Compartir información con otros nunca había sido tan fácil como en el mundo digital actual y, en muchos sentidos, esa es la finalidad de Internet.
Sin embargo, al revelar información importante y confidencial a otras personas con un solo clic, el usuario renuncia al control sobre ella, porque no puede estar seguro de a dónde van los datos, ni cómo se utilizarán. Los usuarios están poniendo literalmente información valiosa e, incluso, los dispositivos que la almacenan, en manos de otros.
El estudio muestra además que los jóvenes son los más propensos a compartir fotos privadas y confidenciales de sí mismos con otros: el 61% de las personas entre 16 y 24 años admite que así lo hace, en comparación con solo 38% de los mayores de 55 años. Este patrón también se extiende a la información financiera: 42% de los jóvenes entre 16 y 24 años comparten su información financiera y de pago con otros, en comparación con solo 27% de los mayores de 55 años de edad.
Si bien es poco realista esperar que los usuarios de Internet dejen de compartir fotos, datos personales y otra información entre sí, las personas deberían pensar dos veces antes de compartir públicamente información en línea.
También es recomendable que los usuarios de Internet coloquen medidas de seguridad en sus dispositivos para proteger su información y su privacidad en caso de que estos caigan en las manos equivocadas.
Información delicada
Si bien los usuarios suelen compartir en las redes sociales fotografías y otros detalles que, al ser entrecruzados, pueden aportar gran cantidad de información personal a cualquiera que sepa buscar, otros datos son más delicados.
¿Cuáles son? El nombre completo, el domicilio, la dirección de la escuela de nuestros hijos o nuestro trabajo, el número de celular, la cuenta bancaria, etc., es información a la que únicamente debe tener acceso la familia y amigos cercanos..
Por eso hay que ser precavido al rellenar formularios de Internet, y por supuesto, no confiar en nadie a quien no se haya visto en persona.
Es importante no utilizar la dirección de correo principal para registrarse en concursos, juegos en línea o sitios web que no sean de confianza.
Se debe recordar que el correo principal puede estar asociado con acceso cuentas bancarias, las aplicaciones del celular, contactos principales… y en caso de ser hackeada estarías en serios problemas.
Spam
Un hábito fundamental es no ingresar a enlaces de procedencia dudosa. Sea que lleguen por correo, redes sociales o mensajería de WhatsApp, hay que utilizar el sentido común antes de ingresar a un enlace que ofrezca “ser millonario”, “ver el video más impactante del mundo”, “ganar un viaje”… Este podría ser un virus. Si llego por medio de un amigo, lo ideal sería preguntarle a esta persona de qué se trata.
Contraseñas seguras
Es importante proteger el correo electrónico y cuentas de redes sociales con contraseñas difíciles de adivinar, que combinen mayúsculas y minúsculas, números y símbolos; que no se repitan de una cuenta en otra. Además, se debería modificar cada cierto período de tiempo, 3 o 6 meses, por ejemplo.