El peligro de no poder desconectarse en la calle
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Las estadísticas señalan que cada vez más infracciones de tránsito están vinculadas al uso de teléfono móvil mientras se conduce. Cada vez más automovilistas, motociclistas, ciclistas y peatones ponen en riesgo su integridad física por el uso de dispositivos en la vía pública. ¿Cuándo la ansiedad por responder un mensaje refleja una conducta adictiva?
Días atrás la Dirección de Tránsito municipal labró 35 infracciones, cinco de ellas por conducir con el teléfono en la mano. La estadística parece crecer mes a mes e incluso los números pueden parecer no reflejar toda la dimensión de este problema.
La imprudencia de automovilistas, motociclistas, ciclistas e incluso peatones a la hora de circular por la calle teléfono en mano se puede ver a toda hora y en cualquier lugar de la ciudad.
Si bien ver conductores manejando mientras envían mensajes de texto o audio es cada vez más habitual, tampoco es extraño ver a motociclistas y ciclistas haciendo acrobacias mientras responden el Whatsapp.
Y aunque parezca menos peligroso, también muchos peatones ponen en riesgo su vida al cruzar las calles sin mirar o directamente de espaldas al tránsito mientras utilizan el teléfono.
Ahora, ¿qué lleva a las personas a poner en peligro su integridad física? ¿Qué mensaje o conversación puede ser tan urgente como para no esperar a llegar a destino?
Peligro en la calle
Aunque todavía no existe acuerdo respecto a que estas conductas derivadas del uso de celulares pueda estar vinculadas a una adicción a estos aparatos, a internet o a las redes sociales, para los especialistas en seguridad vial la situación es grave.
Cuando se utiliza un teléfono celular, los conductores pueden observar el entorno que los rodea, pero no pueden ver o procesar la mitad de la información. A esto se le llama “ceguera por falta de atención”.
Según las estadísticas, una de las principales causas de los accidentes de tránsito es el uso del celular al volante. Y esto se debe a que mientras una persona habla por teléfono al conducir, incluso en modo manos libres, se pierde la capacidad de concentración necesaria para el manejo y no se mantiene una velocidad constante ocasionando que la distancia de seguridad no sea suficiente con el vehículo que circula delante. Si en vez de hablar, el conductor envía textos o manipula una aplicación, la situación se agrava.
Aunque no lo parezca a simple vista, conducir es en realidad una tarea cerebral compleja que involucra nuestra capacidad de reconocer y procesar información basada en lo que vemos, escuchamos y entendemos, para luego traducir esa información en una acción física: pisar el acelerador, dirigir y frenar.
Cada una de las acciones que quitan la vista del camino impactan en la capacidad del cerebro del conductor para concentrarse al volante. Como resultado, la persona pierde señales importantes y se enfrenta a peligros durante el trayecto, tiene una respuesta y tiempos de reacción más lentos, y es cuatro veces más propensa a estar involucrada en un accidente.
Según el sitio web de la asociación civil Luchemos por la Vida, algunos informes apuntan a que “tras minuto y medio de hablar por el móvil (incluso manos libres) el conductor no percibe el 40% de las señales, su velocidad media baja un 12%, el ritmo cardiaco se acelera bruscamente durante la llamada y se tarda más en reaccionar”. Además, la peligrosidad por el uso inadecuado del mismo puede llegar a ser equiparable a la conducción con exceso de alcohol.
Una estadística fatal
Los datos de la estadística del área de Tránsito local puede parecer inocente si se tiene en cuenta que se realizaron cinco de 35 infracciones por conducir teléfono en mano. La dimensión del problema cambia si se tiene en cuenta que esto significa el 14,2% de las infracciones.
No obstante ello aún revela una pequeña fracción de un problema mucho más profundo y para darse cuenta solo basta con salir a caminar por la ciudad y observar atentamente a automovilistas, motociclistas, ciclistas y peatones.
Antes de la pandemia se realizó en un estudio según el cual los conductores adictos al celular son cada vez más y representan un peligro al volante mayor que los conductores ebrio.
A través de una aplicación que controla diversos parámetros en el comportamiento de los conductores, la firma estadounidense Zen Drive analizó los datos anónimos de 1,8 millones de usuarios que recorrieron más de 7.000 millones de kilómetros en tres meses, y los completó con una encuesta sobre 500 conductores.
Los resultados fueron contundentes: el estudio halló que en 2019 los conductores estaban un 10% más distraídos en comparación con 2018.
Y el estudio advertía que si la tendencia continuaba, al menos 1 de cada 5 conductores sería un «adicto al móvil» en 2022.
Las distracciones más comunes de quienes utilizan el teléfono mientras circulan por las calles incluyen hablar, enviar mensajes de texto, navegar en internet y seleccionar música.
Zen Drive aseguró que los conductores triplicaron el tiempo en el que usan sus teléfonos al volante y determinó que los adictos al móvil son un peligro público mayor que los conductores ebrios ya que ignoran la ruta el 28% del tiempo que están manejando y están en la carretera casi el doble del tiempo que la población general. Los conductores ebrios, en cambio, suelen conducir mayormente durante la noche.
¿Ansiedad o adicción?
La psicóloga Romina Silva Barni indicó que “un estudio que se hizo este año demuestra que hay una dependencia con el celular que hace que lo estemos activando un promedio de 142 veces al día”.
“Es muchísimo, porque casi son 18 horas por semana que estamos haciendo uso de las pantallas, entonces ¿podemos hablar de una adicción o un uso excesivo? Es un tema polémico, porque hay que diferenciar lo que es un uso excesivo, de un abuso y de una adicción, porque son términos distintos”, explicó.
No obstante, afirmó que es preocupante, porque “empezamos a ver una relación bastante complejo que se empieza a establecer con el celular y que se asemeja a las situaciones de consumo”.
Señaló que esto se ve reflejado en otra conducta cada vez más común: “Se empiezan a utilizar aplicaciones de salud digital para controlar cuántas veces uso el celular o de alguna forma limitar el tiempo que utilizamos Instagram u otras aplicaciones”.
Pero, ¿cuándo se puede hablar de una adicción? Silva Barni dijo que “eso va a estar más que nada definido por el impacto en la calidad de vida de la persona, no necesariamente por el tiempo de uso”.
“Las adicciones implican un deterioro en el patrón de vínculos personales, en la salud general, en invertir el tiempo exclusivamente en una actividad, priorizando esa y no otras”, explicó.
Y dijo que “lo que se empieza a observar a simple vista o como primeros síntomas tiene que ver con cambios de ánimo muy abruptos, problemas atencionales y los lazos sociales”.
No obstante, la psicóloga Lorena Cavalcanti, precisó que respecto al vínculo que tiene cada persona con el celular “no se puede generalizar”.
“Hay muchos motivos por los cuales las personas deben estar conectadas hoy en día, porque es una cultura de la hiperconectividad que nos hace dependientes”, señaló.
Opinó que “habría que empezar a trabajar un poco más los afectos, nuestra conexión con el otro, la ansiedad, los impulsos, el querer todo ya, el no bancarse un minuto de vacío ni de aburrimiento, como para ir manejando la tecnología y que la tecnología no nos maneje a nosotros”.///