El poder del amor
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A pocos días de celebrarse el Día de los Enamorados, dos historias distintas, pero que comparten los mismos sentimientos, siendo el amor motor de estas dos parejas que abrieron su corazón y nos contaron sus vivencias
Por María Cecilia Gotta – Redacción
A pocos días de celebrarse el Día de San Valentín, dos historias que reflejan el amor a pesar de las distancias, dificultades, y cualquier otro obstáculo que se presente, siendo el resultado final, dos parejas que dan todo por el otro. Una historia de amor a la distancia, es la de Ignacio Capecci y Natalia Vairo Cavalli, quienes se conocieron en La Plata.
Ella es oriunda de Tandil y el de Necochea. Se conocieron estudiando, el Ingeniería electromecánica y ella Medicina.
Durante los 13 años que llevan juntos entre kilómetros de por medio, se casaron el viernes y hoy celebrarán su unión con una fiesta rodeados de familiares y amigos del círculo íntimo.
En La Plata, vivían en una pensión de mujeres y varones, separadas, pero unidas por una ventana. Ahí se conocieron, ella le explicaba química y asi empezó la relación, primero como una amistad, y al año y medio de conocerse se pusieron de novios.
“Yo viví cinco años en la pensión y él se mudó a un departamento”, señaló Natalia.
Aunque las cosas cambiaron cuando se recibió Ignacio, ya que le salió un intercambio en Brasil, donde permaneció un año. Durante ese tiempo estuvieron separados y pensaban qué hacer como pareja, cómo seguían, eran algunos de los interrogantes, también viajó ella para verlo, pero la distancia no terminaba ahí.
Teniendo la posibilidad de quedarse en Brasil, Ignacio se volvió a Argentina y estuvo un tiempo más en La Plata, hasta que le salió un trabajo en Mendoza y en ese momento, surgieron otra vez las mismas preguntas, pero en este caso el desarraigo de La Plata iba a ser total.
En ese primer tiempo se escribieron hasta que de a poco se fueron distanciando cada vez más, aunque nunca perdieron totalmente el contacto.
“Fueron 3 años donde cada uno hizo su propio camino y en ese trabajo me tocaba viajar hacia otros lugares como Malasia, Venezuela, hasta que el destino otra vez me marcó en el mapa, La Plata”, recordó Ignacio.
Asi fue que se reencontraron y al día de hoy, y luego de casarse, permanecerán por unos años separados.
Por su puesto que hay amigos que los entienden y otros que les dicen que están locos, y preguntan cómo hacen para mantener intacto el amor, o cómo hacen para vivir ella en Mar del Plata y el en nuestra ciudad.
Natalia está realizando su residencia, de la que le quedan 3 años más e Ignacio está radicado en Necochea.
Entre idas y vueltas en la ruta, esta pareja sabe que este esfuerzo y sacrificio de no verse, deben hacerlo por estos años y luego el proyecto es vivir juntos en nuestra ciudad.
Al respecto, Natalia recordó que el año pasado en el cumpleaños de ella, con la presencia de familiares y amigos le propuso casamiento.
“Me entregó una caja con un moño que cuando le abrí la tapa se cayeron los cuatro lados que tenia pegadas fotos nuestras y en el centro estaba el anillo con un papel y la pregunta ¿Te querés casar conmigo?”, mencionó emocionada.
A pesar de la distancia, para ellos ahora es más llevadero porque saben que serán unos años más y después van a tener tiempo para convivir, pero por ahora en casas separadas.
Ambos coinciden en que los dos tienen sus objetivos personales, profesionales y no los quieren dejar de lado. “Después de tantos años de estudio y sacrificio, no podemos dejar todo”, dijo ella.
Natalia tiene toda su familia en Tandil y en general tiene dos fines de semana libres al mes, de manera que los aprovechan para viajar y verse con Ignacio.
“Lo cierto es que hacemos un triángulo entre Mar del Plata, Tandil y Necochea, siempre tenemos un punto de encuentro”, señaló Ignacio.
Ambos aseguraron que la confianza es fundamental en la pareja, reconociendo que ninguno de los dos son celosos, salvo lo normal, y en esa mezcla se complementan.
Algo que está claro en esta pareja es que las vacaciones son juntos y como luna de miel viajarán a Cuba, en busca de naturaleza, playa y descanso.
“Ya vivimos en la locura de una ciudad grande y para el futuro elegimos la tranquilidad y Necochea será ese lugar”.
En cuanto a San Valentín aseguraron que es un día mas, el amor, el sentimiento se vive a diario y nunca lo festejaron, salvo una vez donde el le regaló una rosa, suficiente para que ella dijera que no quería ese tipo de regalos. “Lo que si festejamos es San Patricio, dijeron entre risas cómplices”.
Uno para el otro
Ricardo Alberto Ferro y Silvia Fernández, se conocieron en Necochea, en el año 1987. Con 9 años de novios y 21 de casados, lograron sobrellevar muchos obstáculos, lograr su casa propia, formar su familia, tener una hija, pero su historia tenía una prueba más para desafiarlos.
Silvia y Ricardo recuerdan cada momento de sus vidas. “Me radiqué en Necochea con toda mi familia en el año 1987. Mis padres vendieron mi casa en Buenos Aires y nos vinimos para acá”, mencionó el.
Acá su vida cambiaría para siempre, y fue ese mismo año que la conoció a Silvia en la Rambla con unos amigos que tenían en común. Ella con 14 años y el con 17, quedaron “flechados”.
Luego se siguieron viendo y al año se hicieron de novios. Aunque Ricardo recuerda con mucha gracias como fue esa primera vez . “Estábamos en un cumpleaños de 15 de una amiga y la saqué de la mano a Silvia para afuera, a un patio y la madre salió desesperada, preguntando dónde esta mi hija, quién es usted, se enojó y se la llevó, pero yo no deje pasar ese momento y me ofrecí a acompañarlas hasta la casa”, detalló.
Durante todo ese trayecto que no era muy largo, la madre se iba quejando, pero al llegar a la puerta de la casa, le dijo a Ricardo, “cuando quiera puede venir a ver a mi hija”.
“Yo venia de Buenos Aires y tenia el pelo largo, otro dialecto, me veían como algo raro”, reconoció.
Esta pareja siempre fue muy compañera y más allá de las peleas de todo matrimonio, a lo largo de los años fueron fortaleciéndose.
Se casaron en la parroquia Nuestra Señora de la Merced con el padre José Luis Puñal, lograron tener la casa propia, después de 4 años de casados tuvieron a Mailén, hasta que la vida los sorprendió.
“Estábamos tomando mate y ella de repente pego un grito, se agarró la cabeza y se fue al baño. Cuando la veo volver, no me podía hablar y se sujetaba de la pared”.
Silvia tuvo un ACV, y a partir de ahí, Ricardo fue su sostén junto a toda la familia. “Actué rápido, porque mi padre falleció de un ACV, fue una operación de urgencia, era cuestión de horas, y los médicos no me daban ninguna garantía y salió bien”, comentó.
Silvia estuvo en coma casi una semana y después del episodio, fue arrancar de cero, estando ella en silla de ruedas, hubo que ayudarla a cambiarla, bañarla, a caminar, comer, y de a poco fue superando cada obstáculo con mucho amor y dedicación.
En mayo hará dos años del ACV, y los recuerdos están intactos, ellos se acuerdan cada detalle, y en todo momento hay una mirada entre ellos, una caricia, una señal de hacer sentir que uno esta para el otro.
“Fue algo inesperado, Silvia siempre fue una persona sana, y el último tiempo tenía tiroides, empezó a engordar, se agitaba y tenía ansiedad. Además hacia de todo en la casa, siempre andaba a las corridas, hasta que un día paró de golpe”, señaló.
Durante la recuperación, no sólo estuvo Ricardo y Mailén a su lado, sino toda la familia padres, hermanos, sobrinos, además de tres amigas, que ayudaron cada uno como podía.
“Le hablaba mucho, la estimulaba constantemente y la familia se tuvo que adaptar a esta nueva situación y le dije a mi hija “tenemos que recuperar a mamá”, indicó Ricardo.
Silvia primero tuvo que superar la operación y luego al año, otra vez intervención para colocarle una prótesis.
Sin lugar a dudas, que luego de este tipo de eventos, uno empieza a ver la vida de otra manera, se valoran otras cosas, y hasta el día de hoy, Silvia, ha luchado cada minuto de su vida, para verse bien y mejorar.
Además de hacer caminatas por la playa y el parque, anda en bicicleta y también practica pilates.
“Todo fue luchar y seguir para adelante, fue muy difícil al principio porque no nos podíamos entender, ella decía toalla y quería un vaso”, aseguró Ricardo.
Para Silvia también fue muy duro, ver la realidad, que ya no era la misma que antes, teniendo mucha angustia, ataques de pánico, pero con la compañía de la familia salió adelante.
Ahora esta pareja solo piensa y proyecta para adelante, viajar, darse un tiempo para ellos, disfrutar cada momento tomados de la mano, yendo a la par.///