El pragmatismo de Milei
La noche del pasado domingo, el presidente electo dejó al león y apagó la motosierra
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Comprender, interpretar el fenómeno Milei, es todo un desafío para cualquier analista de la política, especialmente con esos casi 12 puntos de diferencia sobre su contendiente. Y la mayor virtud que posee es ser artífice de sus propias construcciones/caracterizaciones, en función de la percepción de los estados de ánimo que la sociedad le expresó y él captó y protagonizó.
El Milei candidato fue el león que cabalgó sobre la motosierra, cuasi un comic, con propuestas y expresiones destempladas, soeces. Hasta las PASO. Caminó hacia la general acentuando su traje de outsider de la política, agudizándolo en el trayecto al balotaje. La noche del domingo dejó al león y apagó la motosierra. Y apareció con otro traje. Comenzó a hablar sin furcios, con pausa, con tranquilidad. Hasta su alegría fue moderada.
En la historia de la política argentina no hay antecedentes de un candidato que ingrese a ella y en dos años se convierta sin escalas, en Presidente. Debe entenderse que Javier Milei es el espejo de un sector de la sociedad postrado, enojado, saturado, que se siente en un pozo y quiere salir. No piensa ni en lo ideológico ni en lo partidario, incluso una amplia franja de quienes lo votaron el domingo, no reparó en sus propuestas.
A esto debe anexársele el voto joven que no tiene memoria sobre lo que representa vivir en dictadura ni con hiperinflaciones. El mundo está lleno de diferentes rostros de una derecha extrema. La mayoría son derechas nacionalistas y reivindican al Estado frente al fracaso de la globalización, del neoliberalismo. Milei hasta hoy habla de un Estado mínimo.
La composición del gabinete hasta aquí está integrado por personas con gran amateurismo, salvo los casos de Patricia Bullrich en Seguridad y del ministro del Interior Guillermo Francos y Guillermo Ferraro, ministro de Infraestructura (hombre del cafierismo). En este último la paradoja está en que no tendrá obra pública por hacer. A propósito, el presidente Milei habló de no hacer obra pública, pero a su vez de respetar los contratos. ¿Esto implica terminar esos contratos, es decir las obras públicas que están en ejecución?
El cuarto al traje de Milei está en confección, es el que llevará puesto la banda presidencial. A partir de ese momento se conocerá cuál de todos es el verdadero o si aún faltan por conocer más Milei. ¿Qué pasará si los proyectos que el Presidente impulse no son aprobados, o son reformados por el poder legislativo? ¿Qué sucederá ante los reclamos sociales y laborales?
A propósito un tema clave es el Congreso de la Nación. En el Senado, que elige sus autoridades el próximo 29, la flamante oposición (ex oficialismo) cuenta con 34 legisladores, con 3 más obtiene mayoría. Con esto elige las autoridades de las comisiones, y también está en condiciones de imponer el Presidente provisional.
Es de estilo que sea el representante del oficialismo ¿será? En Diputados se jura el 6 de diciembre y surge un gran interrogante con respecto a quien presidirá la Cámara. Hasta ahora se habla de Florencio Randazzo, Christian Ritondo, incluido Miguel Ángel Pichetto quien por su experiencia y trayectoria sería el más idóneo para los requerimientos del cargo.
En política internacional, si bien es cierto que Trump puede volver a ser presidente de los EEUU el próximo año, no menos cierto es que Lula, nuestro principal socio, lo será por cuatro años. Así como Milei destrabó la relación con el Papa Francisco, hubiera sido de esperar que el primer viaje al exterior sea a Brasil.
Aún reina la incertidumbre y hay muchos interrogantes. Javier Milei se ha convertido en el interpelador del peronismo. Un peronismo que deberá, luego de una profunda introspección, proyectarse de cara a una realidad y un mundo cambiante. Los tiempos del resurgimiento del peronismo dependerán del tipo de políticas que impulse el nuevo Presidente.
Por María Herminia Grande- Periodista y escritor
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