El problema es que la Policía no tiene nafta
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La inseguridad no es un problema fácil de solucionar, prueba de ello que diferentes gobiernos no pudieron resolverlo debido a la gran complejidad.
Lo que pasa a diario en la vía pública afecta a la gente que pretende vivir con tranquilidad. El ataque a mujeres que llevan una cartera o bolso colgando es moneda corriente y a esto se suman las graves consecuencias que acarrean a la salud.
Hay personas que sufrieron fracturas de caderas, brazos o piernas, todas heridas de gravedad y en algunos casos hasta derivaron en intervenciones quirúrgicas. Y a eso añadirle tratamientos de rehabilitación prolongados y, por qué no, hasta costosos.
El delito golpea también a todos los ciudadanos por igual que ante un hurto o robo en su casa, los privan de objetos de valor conseguidos con mucho esfuerzo económico. Y en muchos casos, estas personas no han tenido la posibilidad de contar con medidas de protección contra los ladrones.
La sociedad necesita propuestas concretas para aliviar este flagelo, no sirve solamente con promesas que en su mayoría no se cumplen, o con aumentar las penas para quienes delinquen.
Si uno recorre los barrios del núcleo urbano y consulta a diez de sus habitantes, en su mayoría, podrá recibir la respuesta que se sienten «inseguros» y no saben de qué manera protegerse de los delincuentes.
El aumento de la inseguridad es un fenómeno global y Necochea no ha quedado al margen, también creció el número de individuos que cometen esos hechos. Entre las diversas causas que generan la inseguridad una de ellas es el mismo sistema policial que, en casos, termina asociado a quienes deben combatir, aunque esta circunstancia es difícil de exponerla o comprobarla porque no deja recibo, ante una comunidad desorientada y que ha llegado al hartazgo de sufrir las consecuencias.
No hay que dejar de lado, también, ante esta realidad el accionar judicial que, a partir de cierta flexibilidad, suele facilitar algunas liberaciones de quienes deberían estar presos por haber cometido delitos. Perdiendo un tiempo precioso en trámites burocráticos sobre hechos absolutamente laxos.
Cómo puede explicarse que un individuo condenado por jueces de un Tribunal Criminal a 11 años de cárcel por episodios de «rapto y abuso de dos menores de edad» esté hoy prófugo con absoluta impunidad.
Lleva casi 60 días evadido y nadie de los investigadores policiales sabe de su paradero y hasta pareciera que se burla de la Justicia y la Policía.
A todo lo enumerado, hay que agregar un servicio penitenciario que está muy lejos de poder brindar un buen servicio de recuperación de las personas con problemas penales. Por ahora, demuestra su incapacidad para rehabilitar a condenados por diferentes ilícitos.
Imparables
En los últimos meses y, en coincidencia con el cambio del jefe Departamental, se reactivaron las bandas «de los precintos» y de «boqueteros o techistas» que, organizadamente y sin deficiencias, atacan a viviendas particulares y empresas locales y del resto del distrito, con absoluta impunidad.
Estos delincuentes parecen curiosamente ser «imparables» para la policía porque actúan con marcada precisión y en ningún caso dejan evidencias que permitan abrir una luz de esperanza a que el robo se esclarezca.
Prueba de ello es que no hay detenidos por estos episodios. Se trata de atracos perpetrados de manera «perfecta» y sin posibilidad a que caiga en manos de la ley algún integrante de estos grupos que parecieran tener libertad de acción.
Un investigador policial reconoció que los «boqueteros» son muy prolijos para cortar chapas, romper cielorrasos y vulnerar cajas fuertes o cualquier otro depósito de dinero.
En definitiva, son más eficaces los ladrones que nuestros hombres de seguridad porque hasta el momento no se pudo (o no se quiere) desbaratar estas bandas delictivas que tienen en vilo la sociedad.
«Los tenemos en la mira, pero con la prueba reunida hasta el momento, no alcanza para que un juez de Garantías nos permita detener a estos individuos» sostuvo por lo bajo un investigador que, obviamente, pidió absoluta reserva de su identidad.
Es decir, los ciudadanos seguimos a la deriva o a la «buena de Dios», como se expresa popularmente.
En decadencia
El personal policial que trabaja en materia de prevención de delitos en la vía pública, según sus propias manifestaciones, en ciertas ocasiones se encuentra con situaciones bastantes anormales si se aspira a que se cumpla con un buen servicio de vigilancia.
Por ejemplo, hay ciertos móviles con deficiencias como falta de luces o con los neumáticos deteriorados, por citar algunas de esas circunstancias. Y esto, cualquier ciudadano lo puede comprobar en su andar por la calle.
Días atrás, un patrullero llegó a un gomería con una cubierta reventada. El oficial que conducía le pidió al propietario del comercio si le prestaba un neumático para poder continuar con las recorridas.
El responsable del lugar colaboró con la Policía bonaerense y colocó en el móvil dos gomas en buen estado para continuar rodando y evitar que el patrullero quede inutilizable.
Este contexto es para tener cuenta y debe haber autoridades en la institución que tendrían que hacerse cargo de situaciones como la narrada.
En cuanto al combustible, una vecina fue anoticiada por un efectivo que habitualmente realiza labores de vigilancia en la calle que deben ser por demás «cuidadosos» con los patrullajes porque solamente cuentan con entre siete y nueve litros de combustible por móvil.
La mujer había sido víctima de un robo en su casa y observó estacionado un patrullero con dos oficiales a bordo en cercanías al Parque Lillo, sobre la avenida 10. Se quejó ante uno de ellos por los constantes arrebatos en el barrio y la necesidad de prevenir estos casos.
«Señora, cargamos sólo siete litros en el móvil y la jurisdicción para custodiar es muy amplia, no podemos andar demasiado. Entonces, tenemos que detenernos en distintos momentos del turno que cubrimos», explicó el efectivo como pudo.
El agente policial, obviamente, es el que recibe «el cachetazo» porque es el que toma contacto con el vecino de cada barrio, ahora, tendrían que dar respuestas las autoridades de la Departamental en ese sentido que son las que organizan la tarea operativa.
Frente a al panorama de la inseguridad y el crecimiento de la delincuencia, señoras y señores, que Dios no ayude y se apiade de nuestras familias. Qué más podemos hacer quienes pretendemos vivir en paz. ////