El proceso de aprendizaje es muy desigual
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Las nuevas tecnologías ingresaron a la escuela, pero en la práctica el proceso de aprendizaje es muy desigual
La pandemia obligó a las escuelas a cambiar su forma de enseñar y aprender. Las clases tradicionales se suspendieron –todavía no se sabe hasta cuándo- y las nuevas tecnologías se han vuelto el soporte principal que tienen los docentes para comunicarse con sus alumnos y proponerles actividades que les permita acceder a nuevos contenidos.
Si bien en alguna medida, esta situación hizo que la escuela empezara a modernizarse; en la práctica, el proceso de aprendizaje se produce de una manera muy desigual porque no todos los alumnos tienen las mismas realidades. El acceso a Internet, tener un dispositivo móvil o a una computadora, tener los materiales y el contar con una mamá o con un papá que pueda ayudar con las tareas escolares o que disponga de tiempo para hacerlo, son cuestiones que lamentablemente dificultan esta continuidad pedagógica que se intenta, pero que a veces se logra a medias.
Todos los establecimientos educativos tienen realidades distintas. No es lo mismo una escuela privada, donde la gran mayoría de los alumnos cuenta con todos los materiales para estudiar, que las escuelas públicas más periféricas de Necochea y Quequén, donde hay directamente necesidades básicas insatisfechas y ni hablar de contar con una computadora o Internet todos los días.
Falta de acceso
Uno de los problemas que se presenta entre las familias de menos recursos y que impide que los alumnos puedan cumplir con las actividades a diario, es la falta de acceso a los soportes tecnológicos. En muchas casas, no hay computadora y hay un solo celular –que generalmente es de la mamá- y que se debe compartir entre tres o cuatro chicos en edad escolar.
En general, tanto en nivel inicial como en primaria, se utilizan grupos de WhatsApp para enviar las actividades y, a su vez, los chicos –a veces a través de los padres- reenvían videos, audios o consultas. Pero cuando hay un sólo teléfono, para tres o cuatro chicos, más el adulto de la casa, la cosa se complica.
A esto se suma que no siempre el celular que hay en la casa, tiene conectividad. A veces, pasan días sin datos porque no pueden recargar el teléfono por falta de dinero y pierden la conexión con la escuela. En estos casos, cuando el docente detecta que a alguno de sus alumnos, que está en el grupo, no le están llegando los mensajes, se comunica en forma personal por teléfono para pasarle las actividades y acompañar a la familia. Para resolver esta situación, con la intención de llegar a todos, algunos maestros han creado también grupos cerrados de Facebook, porque no consume datos para entrar a mirar.
En general, tratan de enviar tareas cortas, bien concretas para que los chicos puedan resolver, enviando mensajes con imágenes, videos o audios y no complicar a las familias.
Sin embargo, lo que se pierde es el aprendizaje que se produce en el aula, durante la interacción de los docentes con los alumnos y los pares entre sí, donde se construye el saber por medio de preguntas, deducciones, ensayos y error. Por tal motivo, en algunos casos, el docente llama a los chicos, acordando con sus papás, para generar este idea y vuelta.
También se hacen videollamadas grupales, pero no siempre es posible porque WhatsApp, que es la aplicación más masiva, permite la comunicación de a cuatro personas, por lo que se tiene que dividir el curso y no todos los chicos pueden comprometerse con un día y horario para participar, porque al tener un solo celular, dependen de sus padres y de sus hermanos. De todas maneras, algunas escuelas lo intentan con resultados dispares, porque no siempre todos pueden participar. No obstante, a todos los gusta verse, escucharse y tener esa conexión con el otro que tanto se extraña y que es fundamental en la tarea de enseñar y aprender.
Otra realidad que se repite es que no en todas las casas hay una mamá o un papá dispuesto o con tiempo para ayudar a hacer los deberes, a veces porque no saben cómo hacerlo. También sucede que, en algunas familias, la mamá trabaja todo el día y no es fácil llegar a la noche y hacer la tarea escolar con dos o tres hijos.
Desigualdad abismal
Docentes y profesores que trabajan en distintos establecimientos de la ciudad aseguran que la desigualdad es abismal. “Yo la veo a mi hija que se levanta a la 9 de la mañana, se sienta en su escritorio con su computadora personal, ingresa a la plataforma virtual de la escuela y realiza la actividad sin ninguna interrupción”, contó una docente que trabaja en una escuela de Quequén, dando cuenta de esa brecha que existe entre las posibilidades que tiene su hija y las que no tienen sus alumnos.
De todas maneras, reivindicó el trabajo de los docentes en escuelas más vulnerables porque son mucho más innovadores porque tienen que ingeniárselas para llegar a todos, llamando a veces a cada una de las madres para acompañarlos, incluso ocupándose que a las familias no les falte nada.
En muchos hogares, los padres tienen trabajos precarizados o hacen changas y ahora por la cuarentena, están atravesando situaciones económicas complejas. Estas dificultades que siempre existían, ahora están agravadas y esto se pone en evidencia en la entrega de bolsones alimentarios, que se ha duplicado o triplicado en algunos establecimientos.
La entrega de alimentos se hace cada 15 días y es también un momento de encuentro entre las familias y el docente. En la oportunidad, se reparten también los cuadernillos que distribuyó el Ministerio de la Nación, aunque en algunas escuelas las propuestas fueron adaptadas a la realidad de la comunidad. En este caso, una de las principales críticas hacia el material es que, al estar hecho para todo el país, los contenidos están descontextualizados y no tienen relación con lo que viven los alumnos. De todas maneras, se utiliza de apoyo. En algunos establecimientos educativos también consideran que algunos contenidos son avanzados para determinados cursos.
No hay dudas, que es necesario avanzar en la escuela con el uso de las nuevas tecnologías porque ofrece un amplio abanico de posibilidades para enseñar y aprender. Sin embargo, a veces, como sucede en este caso, se ponen en evidencia aún más las desigualdades que lamentablemente después se van a notar cuando los chicos vuelvan a la escuela.
En escuelas rurales
En las escuelas rurales del distrito también los inconvenientes de acceso a Internet se vuelven un problema porque impiden la conexión fluida entre el docente y los alumnos. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la comunicación no se corta porque los establecimientos rurales tienen en general, entre tres y cinco alumnos –casi nunca más de 10-, lo que hace que el vínculo entre el docente y las familias sea mucho más cercano. Cuando se puede, se comunican por WhatsApp y cuando no, lo hacen por teléfono y también aprovechan la entrega de bolsones alimentarios para enviar actividades y conversar con los padres.
En estos casos, la directora es también la docente y se hace cargo de todos los chicos, que son de distintas edades y cursan diferentes años educativos. En general, salvo excepciones, el vínculo que se logra con las familias y los alumnos es mucho más estrecho que lo que puede lograrse en un establecimiento de 30 alumnos con realidades y problemas diversos.///