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    El proyecto de autovía de la 88 que se intentó construir décadas atrás

    Una iniciativa privada impulsada por empresarios de Necochea, Quequén y La Plata llegó a la Gobernación bonaerense durante las gestiones de Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf. Hubo estudios de tránsito, planos, cómputos de obra, expropiaciones y análisis de un sistema de peajes. Recuperar aquella experiencia puede aportar hoy al debate sobre la transformación de la ruta en autovía

    11 de agosto de 2026 | 23:14
    El proyecto de autovía de la 88 que se intentó construir décadas atrás
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    Por Jorge Gómez

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    Para Ecos Diarios

    La discusión por la transformación de la ruta 88 en autovía no comenzó ayer. Tampoco nació después de las últimas tragedias que volvieron a ponerla en el centro de la escena. Hace casi tres décadas, cuando todavía parecía posible imaginar grandes obras de infraestructura mediante mecanismos de iniciativa privada, un grupo de empresarios de Necochea, Quequén y La Plata intentó llevar adelante un proyecto para convertirla en una autovía.

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    Recuperar aquella historia no pretende reemplazar el debate actual ni presentar dicho proyecto como una solución trasladable directamente al presente. Es, simplemente, un aporte para recordar que la idea de transformar la ruta 88 en una vía segura y acorde con las necesidades productivas de la región tiene antecedentes concretos.

    La historia vuelve ahora de la mano de Pascual Mammoliti, uno de los empresarios que participó de la experiencia. Según recuerda, buena parte del trabajo realizado entonces podría servir como antecedente para la iniciativa que actualmente vuelve a reclamar la comunidad de Necochea, Quequén y la región.

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    La iniciativa de entonces surgió por pedido de Gerónimo Venegas, histórico dirigente de la UATRE y una de las figuras políticas más influyentes de Necochea hasta que falleció a mediados de 2017. “Momo” impulsó al grupo de empresarios locales a estudiar una alternativa que permitiera concretar la obra mediante un régimen de iniciativa privada.

    Otro nombre que merece ser recuperado es el de Eduardo Lembi, ya fallecido, a quien Mammoliti rememora como uno de los principales protagonistas de esa tarea. Trabajó intensamente en la elaboración del proyecto y en la recopilación de la documentación necesaria para darle sustento técnico.

    No fue solamente una idea política o una expresión de deseos. Hubo estudios, relevamientos, planos, cálculos, análisis de tránsito, determinación de posibles expropiaciones y una evaluación de mecanismos para financiar una obra de semejante magnitud.

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    La iniciativa tuvo además el acompañamiento del entonces Ministerio de Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires, que habría habilitado una oficina en el quinto piso del organismo para avanzar con los estudios. De acuerdo con el relato de Mammoliti, contó con el primer aval de Eduardo Duhalde, entonces gobernador bonaerense y posteriormente presidente. Luego en La Plata lo siguió Carlos Ruckauf.

    El grupo realizó trabajos de nivelación y trazado, estudió los distintos tramos de la ruta y determinó los sectores donde serían necesarias expropiaciones. También se hicieron cómputos de las tareas que demandaría la construcción.

    Una de las labores más significativas fue el relevamiento del tránsito. Durante una semana se contabilizaron los vehículos que circulaban por la traza en esa época, incluyendo los ingresos hacia distintas localidades. Se prestó especial atención a los camiones que transportaban cargas destinadas al Puerto Quequén.

    Con esos datos se buscó establecer un promedio de circulación y construir una base objetiva para analizar la viabilidad económica de la obra. También se confeccionaron planos con niveles, cortes y trazados, se calcularon trabajos y se analizó, junto con el Ministerio y la Municipalidad, la eventual cantidad de cabinas de peaje y sus costos.

    El proyecto fue presentado formalmente ante el Ministerio de Obras Públicas. Según rememora Mammoliti, el ministro de turno lo elevó posteriormente a la Gobernación, donde comenzó otra etapa del análisis.

    La Provincia habría decidido dividir el proyecto en dos etapas. Primero, avanzar con la construcción de la segunda vía mediante una licitación en la que el propio Estado provincial ejecutaría la obra. Luego, o paralelamente, continuar con el expediente correspondiente a la iniciativa privada.

    Había, sin embargo, una cuestión que generaba reparos, o sea el peaje. Mammoliti recuerda que Duhalde no veía con simpatía la posibilidad de cobrar a los camiones que transportaban cargas hacia Puerto Quequén.

    La preocupación tenía una lógica económica. Una ruta de esas características necesitaba un mecanismo de financiamiento, pero el costo no debía convertirse en un obstáculo para la actividad portuaria y productiva de la región.

    Finalmente, el proyecto siguió contemplando el peaje como mecanismo para recuperar la inversión.

    La iniciativa privada también necesitaba un marco legal. Según los apuntes de Mammoliti, la legislación nacional ya había sido aprobada y la normativa provincial se encontraba en tratamiento en el Senado bonaerense. El expediente estaba en manos del entonces senador provincial Gastón Guarracino, en su primer mandato.

    Fue allí donde, según Mammoliti, la iniciativa habría comenzado a perder impulso. En una reunión de trabajo con Lembi, Guarracino y Mammoliti, en la que se presentó toda la documentación, el senador habría planteado que en ese momento resultaba prioritario conseguir la prolongación de la ruta 11 hasta llegar a Quequén y Necochea.

    La consecuencia fue que el proyecto de la autovía de la Ruta 88 quedó, en palabras de Mammoliti, “en el limbo”. Y allí permaneció durante años.

    La historia atravesó además un cambio de gobierno provincial. El proyecto había nacido durante la gestión de Duhalde y continuó durante el período de Carlos Ruckauf, antes de que Felipe Solá asumiera la Gobernación en 2002.

    Por eso, recuperar los expedientes y determinar qué ocurrió con dicha documentación podría ayudar a reconstruir con mayor precisión una iniciativa que fue quedando en la memoria de quienes participaron de ella.

    Ahora, cuando la discusión por la ruta 88 vuelve a instalarse con fuerza, ese hoy reducido grupo de empresarios considera que vale la pena intentar recuperar el trabajo realizado entonces. No solamente por una cuestión histórica, sino porque podrían existir estudios y antecedentes técnicos capaces de ahorrar tiempo y recursos en una eventual nueva iniciativa.

    El problema es que buena parte de esa documentación no aparece. Pascual Mammoliti sostiene que el mayor volumen de material habría quedado en las oficinas de Lembi, o sea borradores, fotografías, planos y estudios utilizados para elaborar el proyecto. Con el paso de los años esa documentación o se perdió o está perdida en algún lado.

    También podría existir material en distintos organismos públicos, entre ellos el Ministerio de Obras Públicas (hoy Infraestructura y Servicios Públicos), la Gobernación durante la gestión de Duhalde, el Senado bonaerense y en las oficinas de la UATRE que ocupó Venegas hasta su muerte. Mammoliti menciona además la posibilidad de que en Vialidad Provincial exista una carpeta relacionada con aquellos trabajos.

    Hasta hay un episodio que forma parte de la historia por aquí señalada. Como reconocimiento al trabajo realizado por el grupo, Venegas habría gestionado su participación en una licitación para reparar la circunvalación de Necochea. Una empresa ganó la licitación y posteriormente la obra fue cedida a la empresa de Lembi, como reconocimiento por su participación en el proyecto.

    Más allá de las circunstancias políticas de ese momento en estos momentos aparece una pregunta inevitable ¿Cuánto de aquel trabajo puede recuperarse? Y hay otra todavía más importante ¿Puede aquella experiencia servir como antecedente para pensar una nueva iniciativa de autovía para la ruta 88?

    El contexto actual es completamente diferente. La Argentina atraviesa una etapa en la que el Gobierno nacional redujo drásticamente su participación en la obra pública y una autovía de la magnitud que necesita la ruta 88 difícilmente pueda imaginarse hoy como una obra tradicional financiada exclusivamente por el Estado nacional.

    La Provincia de Buenos Aires también tiene restricciones financieras. Por eso resulta razonable recuperar todas las alternativas posibles, o sea una iniciativa privada, una concesión de largo plazo, un sistema de peaje, una participación provincial, un esquema de financiamiento mixto o cualquier otra modalidad que permita hacer viable la obra.

    Eso no significa que el proyecto de hace casi tres décadas pueda trasladarse directamente al presente. La circulación cambió, la logística portuaria evolucionó y las exigencias de seguridad vial son diferentes.

    Pero justamente por eso vale la pena saber qué se hizo entonces. Esa lejana experiencia demuestra que hubo empresarios dispuestos a poner tiempo, recursos y trabajo para estudiar una obra que todavía hoy sigue siendo necesaria. Y también muestra la capacidad que tuvo en ese momento el reclamo de Gerónimo Venegas para reunir detrás de una iniciativa a empresarios de Necochea, Quequén y La Plata y llevar el planteo hasta los más altos niveles del Gobierno bonaerense.

    Venegas ya no está. Lembi tampoco. Pero la necesidad permanece. Y la ruta 88 continúa esperando una respuesta.

    Quizás por eso recuperar tal documentación no sea solamente un ejercicio de memoria. Puede convertirse en un aporte al debate que hoy se está dando. La ruta tiene una nueva oportunidad de dejar de ser solamente un camino asociado a accidentes, reclamos y promesas.

    Quizás una parte de la respuesta se encuentre archivada en algún expediente, en una carpeta de Vialidad, en algún cajón del antiguo Ministerio de Obras Públicas o todavía en algún lugar de Necochea.

    Encontrarla no resolverá por sí misma el problema. Pero puede permitir conocer cuánto de aquel camino ya estaba recorrido. Y tal vez, sobre esa experiencia, sea posible comenzar a discutir nuevamente una pregunta que la comunidad viene formulando desde hace décadas. Es si alguna vez la ruta 88 puede convertirse, finalmente, en la autovía que Necochea y toda la región necesitan.

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