El recuerdo de una enamorada de la Bandera y de Necochea
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Stella Maris Royo, quien confeccionó las Banderas que se izaban en el mástil de la avenida 10 y la que se pone en el frente de la Municipalidad para las fechas patrias, falleció hoy a los 74 años años de edad
«Mi más sentido pésame a la familia de Stella Maris Royo, en este triste día. Necochea pierde físicamente a una noble vecina y gran colaboradora», dijo el intendente Arturo Rojas en un comunicado este miércoles, tras el fallecimiento de la mujer que tenía 74 años y que fue reconocida por su amor a los símbolos patrios y su trabajo desinteresado para hacerlos presentes en fechas importantes.
Por muchos años, cuando en una fecha patria se circulaba por la avenida 10, sorprendía ver el gran tamaño que tenía la Bandera que flameaba en lo alto del mástil más grande de esa zona.
Esa Bandera fue confeccionada (más de una vez) por Stella Maris Royo, una mujer que demostró a lo largo de su vida su amor a Necochea, a la Argentina y el respeto a ese símbolo patrio.
Durante mucho tiempo se encargó de izar todos los días el paño de diez metros de largo hasta que el viento la hizo desistir de tanto esfuerzo. Sin embargo, por varios años más continuó haciéndolo en cada fecha patria, tomando un bolsito y yendo en bicicleta para colgar y arriar en el mástil a la celeste y blanca.
Linda infancia
Además de su amor por la Patria, también tuvo la característica de conservar una excelente memoria en la que radicaron muchos recuerdos de su infancia, resguardados con mucho cariño y nostalgia.
Nació en Necochea, en el año 1946, siendo la segunda más grande de cuatro hermanos. Fue a la Escuela Nº 6, de primero a quinto grado, y luego terminó sexto en la Escuela 28.
Sus primeros años de infancia los pasó en una casa muy antigua en la calle 73, entre 42 y 44.
Tiempos después, dado que su padre era segundo capataz del Vivero que pertenecía al Ministerio de Asuntos Agrarios y que fue el origen del pulmón verde con el que cuenta hoy nuestra ciudad, la familia se mudó a la zona del Parque en 1957.
Como la urbanización no era la misma que hoy en día en Necochea, los chicos sentían que estaban muy en las afueras de la ciudad y mantenían una vida muy similar a la que puede llevar cualquier familia en un ambiente rural. “En lo que es la avenida 10 había cuatro filas de eucalyptus que después las sacaron. Nos metíamos por el monte y parecía que estábamos lejísimos”, recordó Stella Maris en una nota que le hizo Ecos Diarios en el año 2017.
Para hacer las compras, se trasladaban hasta la zona céntrica a caballo o con el sulky, hasta que su padre pudo comprar la primera bicicleta para que pudieran salir o ir a estudiar. “Me gusta todo de Necochea, pero sobre todo el Parque porque ahí es donde vivimos mucho tiempo y para mí representa mi infancia”, contó en aquella entrevista.
Por aquel entonces, el ingeniero Edgar Gatti, principal impulsor del Parque Miguel Lillo, tenía algunas vacas y el padre de Stella era el encargado de ordeñarlas para luego repartir la leche entre los demás trabajadores del Vivero o para llevar también un hogar los fines de semana en el sulky o en una Estanciera que tenían por aquellos años. “Los trabajadores iban todos los días con la botellita y se llevaban la leche”, recordaba con una sonrisa Royo.
De a poco, el padre de Stella Maris, don Ángel Royo, pudo ir adquiriendo algunos animalitos y los tenía en la quinta donde también sembraban todo tipo de verduras. “Era todo arena pero igual crecía y comíamos todo fresquito y natural. Era algo hermoso. Mi hermana era más de estar adentro de la casa pero yo era medio ‘machona’ y me gustaba andar afuera y ayudar a ordeñar, sacar yuyos y cuidar a los animales”, contó ante la mirada atenta del periodista.
Stella Maris siempre dijo que Edgar Gatti en aquellos años para ellos fue como de la familia, al igual que el primer capataz, Francisco García. “Con el mayor de los hijos de García fuimos juntos al colegio y, con el tiempo, se casó con mi hermana”, explicó.
Cuando pasaron los años y Royo se hizo adolescente, tenía ya intención de salir más de su casa y divertirse como cualquier joven pero su padre no la dejaba salir. Aun así, ella afirmaba que la decisión de su padre no era algo que la haga poner mal. “Mi viejo fue lo más grande y va a seguir siéndolo”, aseguró.
Símbolo nacional
En 1969 se casó y empezó a vivir con su marido, tuvo cinco hijos y diez nietos, de los cuales uno de ellos es chileno, por lo que le pediría que le traiga una Bandera de ese país y ella le daría una argentina.
Ya para aquel entonces, Stella se daba maña para la costura y pasaba todos los días por la avenida 10 donde veía que el mástil más antiguo, que existía desde que ella era chica, no tenía su bandera. Así fue que decidió un día colocar una que le había donado Juan Carlos Warner. Sin embargo, poco tiempo después, la misma fue robada, al igual que tantas otras.
Después de haber hecho varias, terminó haciendo una de dos metros que, al verla la esposa del intendente de aquel entonces, le señaló que ya no debía estar en el mástil pequeño sino que pasaría a ser la bandera de ceremonia para el mástil principal de la avenida 10.
Durante un tiempo otras manos fueron encargadas de izarla a diario pero el cuidado y el cariño estaban lejos de ser el que Royo hubiese esperado del símbolo patrio de nuestro país.
La Bandera pasó por robos, roturas por el viento y otras no tan “naturales” y, finalmente, Stella Maris confeccionó la nueva que fue izada por primera vez el 7 de julio de 2006 y se mantuvo por más de una década.
Durante muchos años Royo se encargó de izarla todos los días aunque luego los achaques de los años le permitieron hacerlo solo en las fechas patrias, llevándola en una bolsa en su bicicleta y reparándola cuando lo consideraba necesario.
En esta noble tarea no le significó ninguna remuneración económica y nunca tuvo más obligación que la que su amor por la Argentina le imploraba.