Recuerdos de una madre sobre Malvinas
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Elba Fuentes, mamá de Alejandro Lombardi, contó su experiencia y testimonio de vida
Con sus 84 años, Elba Fuentes, mamá de Alejandro Lombardi, veterano de la guerra de Malvinas, mira su cuaderno con anotaciones, para refrescar la memoria. Sin embargo, aunque hayan pasado 37 años el recuerdo está intacto. Son imágenes, situaciones que estarán con ella, por siempre. Como cuando fue a llevar a su hijo, hasta la Agrupación de Artillería Antiaérea de Ejército 601, en Mar del Plata, y lo último que vio, fue la silueta de Alejandro que a medida que se alejaba, agitaba su mano saludándola, siendo una despedida desgarradora. Lo recuerda hoy, y le es imposible no emocionarse.
Una vez que Alejandro fue notificado mientras hacia el Servicio Militar en Mar del Plata, de que iba a ir a la guerra de Malvinas, pudo estar unos pocos días en su casa, y luego partió llevándose hojas, blocks, sobres y todo lo que le era útil para poder escribir y estar en contacto con su familia.
Claro, que Elba y otras madres, no sabían nada de la guerra, con lo que se iban a encontrar sus hijos. No sabían si iban a volver a verlos o no.
“Nunca me imaginé atravesar una situación como esta en mi vida. Sí sabía acerca del Servicio Militar, donde pasaban frío, hambre, pero nunca el acontecimiento de una guerra y realmente costó hacerse la idea. Fue un periodo largo y feo”, recalcó.
Las madres, tuvieron que enfrentar distintas situaciones, de dolor, emoción, incertidumbre, ansiedad, angustia, y para algunas, una vez que se solucionó el conflicto y tuvieron a sus hijos otra vez en casa, fue un alivio.
“Siempre le dijimos que se cuidara, que tratara de no ser rebelde a pesar de que Alejandro tenía buen carácter, pero por supuesto que con los militares no se podía embromar”, señaló.
En tanto, Alejandro les demostró a sus padres fortaleza. “El nos decía que no iba a ser tan peligroso, para dejarnos más tranquilos. Nos trataba de contener a nosotros”.
Una de las situaciones más tristes, fue llevar y despedir a su hijo para ir a la guerra y una de las situaciones más angustiantes era esperar que llegaran sus cartas, en algunos casos con una tardanza de más de 20 días.
Elba recordó que “recibíamos las cartas, pero no lo seguido como nos hubiese gustado. Las cartas que escribía Alejandro eran muy suaves, muy lindas, no había quejas”.
En aquella época lo que más enviaba Elba eran encomiendas. Una todos los días. “Iba al centro para llevarlas con mi hermana, pero a ellos les llegaban muy pocas, no sabemos cómo las repartirían”, dijo.
Acompañamiento
Elba era docente y su trabajo la ayudó mucho a desahogarse. Había terminado hace unos años en la Escuela Nº 31 en Quequén, y estaba en el Jardín de Infantes Nº 908, que todavía estaba en el edificio de la escuela, y en este marco recibió mucho apoyo y contención de las familias, a las que está sumamente agradecida.
“Tenía mucho apoyo, ellos me preguntaban por Alejandro a la entrada y a la salida del jardín. Inclusive le escribían cartas sus amigos, mis compañeras que eran docentes, sus maestras del jardín y hasta gente que no lo conocía”, mencionó.
Elba mientras secaba sus lágrimas, opinó que “los padres que tuvimos a nuestros hijos en Malvinas creo que todos estuvimos un poco encerrados en la casa, porque se hablaba mucho en la calle y en cualquier ámbito se escuchaba el mismo tema”.
En una guerra siempre hay muertos, y esta idea le rondaba en sus pensamientos, pero la llegada de una carta le iluminaba la cara y por un tiempo le daba tranquilidad, pero luego ese temor volvía a hacerse presente.
“Fue lo más difícil que me pasó en la vida, porque no te haces a la idea, y como decían que atacaban los aviones, no sabíamos si era en el lugar donde estaban ellos o era otro. Fue un tiempo difícil, pero por suerte lo superamos”, afirmó.
Tanto Elba como su marido, Saúl estaban atentos a la información que salía en los medios de comunicación. “Tratábamos de escuchar radio y ver todo lo que podíamos en televisión porque continuamente había algo nuevo”.
Regreso
Saber que la guerra había terminado, era un alivio por un lado, pero por otro, las madres, no tenían idea del estado en que iban a volver sus hijos, cómo y cuándo. “Sabíamos que algunos ocultaban o no decían como estaban realmente para no preocuparlos a los padres”, comentó.
Otra de las imágenes que está presente en los recuerdos de Elba, es cuando volvió a ver a su hijo. Al respecto, detalló que “los trajeron hasta un puerto en el sur, de ahí en tren hasta una localidad, donde me llamó y era el día de mi cumpleaños, el 21 de junio”, contó emocionada hasta las lágrimas.
De Buenos Aires los llevaron directamente a Mar del Plata en tren, reconcentrándose nuevamente.
“Eso fue desastroso, verlos con esos uniformes que les habían dado, les quedaban gigantes, estaban muy delgaditos”, recordó Elba. Alejandro bajó 17 kilos, pesando en su regreso 55 kilos.
Hoy, como cada 2 de abril, Elba estará participando del acto brindando homenaje a quienes lucharon por nuestro país, a todos los veteranos y en especial para honrar a su hijo, con quien comparte este día tan especial.