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    El sabio que nació en el país equivocado

    30 de agosto de 2020 | 08:25
    El sabio que nació en el país equivocado
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    René Favaloro visitó Necochea, invitado por la Sociedad de Cardiología, en 1989 y en 1993

     

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    Por Dr. Carlos José Gabino (*)

    Colaboración

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    Un infausto 29 de julio, hace 20 años, un certero disparo al corazón terminó con la existencia  física del probablemente más importante científico argentino de toda nuestra historia. Con inenarrable congoja lo lloramos quienes fuimos sus afortunados discípulos y recibimos sus sabias enseñanzas. También los cientos de cirujanos cardiovasculares distribuidos por todo el orbe transmitiendo el entrenamiento recibido.

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    Favaloro nació en un modesto barrio de La Plata. El hogar, integrado por padre carpintero y madre costurera, era de modesta condición. Una beca  le permitió cursar estudios secundarios en el Colegio Nacional de La Plata y posteriormente graduarse en la Facultad de Medicina de La Plata. Aprobó con altas calificaciones el concurso para incorporarse e ingresar como médico de planta al Instituto San Martín de La Plata. No pudo ingresar por negarse a afiliarse al Partido Peronista.

    Con fama universal y rechazando tentadoras ofertas regresó a nuestro país en 1971. Recibió y rechazó una propuesta millonaria con el único compromiso de pasear por los pasillos con el logo en su guardapolvo de la Cleveland Clinic.

    Se instaló en el Sanatorio Güemes de Buenos Aires con el propósito de crear un centro de excelencia en Cirugía Cardiovascular. La Fundación Favaloro se creó en 1975. En 1992 se inauguró el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, una entidad sin fines de lucro, con el lema “tecnología de avanzada al servicio del humanismo médico”.  La Universidad Favaloro comenzó a funcionar en 1993, e Ingeniería Biomédica, Física Médica y Computación, en 1999. En su condición de maestro era severo y exigente. También tolerante y comprensivo. Nos trataba con suma corrección y respeto. En mi condición  de humilde médico de pueblo tuvo consideración especial. Recordaba su ejercicio profesional  en Jacinto Arauz, pequeña localidad perdida en las pampas, parecido a mi Juan N. Fernández. Confesó que fueron los once años más felices de su vida.

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    René Favaloro recibió ofrecimientos para ocupar diversos cargos políticos reconociendo su coraje y honestidad intelectual. Pudo  ser Ministro de Salud o Vicepresidente con Carlos Menem, Jefe de Gobierno con el PJ porteño y  Senador Nacional en 1995 por la Capital. También los radicales quisieron incorporarlo durante el gobierno de Raúl Alfonsín.

    El Dr. Favaloro visitó Necochea, invitado por la Sociedad de Cardiología, en 1989 y en 1993, pronunciando históricas conferencias sobre Cardiología y Educación. Por supuesto, sin cobrar un solo peso y permaneciendo dos días íntegros manteniendo un contacto directo con todas fuerzas vivas del distrito. Debo destacar la eficaz colaboración de Ecos Diarios que cubrió íntegramente los eventos en un esfuerzo meritorio.

    Quienes lo conocimos no sabíamos si admirar más su sabiduría científica o su profunda humildad y hombría de bien. El Dr. Favaloro era sabio y modesto, íntegro y valiente, incorruptible y generoso. No exagero. Por su  libre decisión y mediante un convenio documentado, donaba sus honorarios a la Fundación, reteniendo una pequeña suma que le permitía vivir austeramente. Macri (p) ofreció regalarle un Peugeot 0 Km. en reemplazo del que usaba con 15 años de antigüedad. No aceptó.

    Era reconocido y admirado en todo el mundo. En nuestro país, no tanto.

    En una de sus últimas participaciones públicas, inaugurando el XXVI Congreso Interamericano de Cardiología, efectuó un dramático llamado a la unión de los pueblos de Latinoamérica. Señaló: “Nuestras raíces culturales no deben desaparecer. Todos estamos hambrientos de justicia, paz y libertad. Nos salvaremos cuando luchemos juntos por nuestra emancipación. Soñar es una tarea fecunda: soñemos con una justicia social grande y generosa. Sin utopías la vida no es otra cosa que un largo y triste descenso hasta la muerte”. A Favaloro le angustiaban la desocupación y la pobreza, la salud y la educación en los países del Tercer Mundo.

    Sintió  que nadie respondía, que nada podía hacerse. Tocó muchos timbres para salvar a su querida Fundación. Le adeudaban cincuenta millones de dólares producto de prestaciones efectuadas al Estado Nacional, a Gobiernos Provinciales y a Obras Sociales. Muchas clínicas estaban en situación similar, pero concursaban, quebraban y operaban con otro nombre. Para  Favaloro, eso era inimaginable.

    El Dr. Favaloro no se suicidó: lo mataron. ¿Quiénes? Un Estado ineficiente y corrupto. Una clase política, sin grandeza, incapaz y venal. Funcionarios públicos que acceden a sus cargos por conjuras de comité y satisfaciendo mezquinos intereses personales,  legisladores sin espíritu cívico. Medios de comunicación social mercantilistas, esclavos de las encuestas y escasamente preocupados por preservar las normas morales elementales. Dirigentes gremiales millonarios, apoltronados en sus cargos vitalicios, destruyendo a sus obras sociales y privando de una asistencia médica digna a sus afiliados empobrecidos y cautivos. Y  finalmente todos nosotros, que pudiendo participar activamente en la vida pública de nuestra Patria, optamos por privilegiar logros personales.

    Favaloro  era un médico integral, con sólida formación espiritual. Rechazaba enérgicamente la distorsión de los valores éticos, la interpretación caprichosa del relativismo o  moral de situación, la avidez de la  sociedad de consumo, el uso inadecuado de los medios de comunicación social, la decadencia del sistema educativo, la masificación del hombre y su despersonalización que golpea a la sociedad actual.

    Favaloro y Borges eran los candidatos universalmente reconocidos para obtener sendos premios Nobel en Medicina y Literatura, respectivamente. No pudo ser. Inconfesables maniobras políticas sectarias lo impidieron. Tampoco ocurrirá, ya que el Nobel no se entrega post-mortem.

    Favaloro formó y capacitó a cientos de cardiocirujanos que actualmente aplican y desarrollan su valioso bagaje científico en los principales centros cardiológicos del mundo. Condujo la cardiología argentina a un grado de excelencia admirada y mundialmente reconocida . En la sala de espera de la Fundación se podía ver a pacientes de los cinco continentes.

    ¡Qué país antropófago la Argentina que devora  a sus mejores hijos! Cuesta aceptar  que Favaloro nació en el país equivocado.

    Favaloro nos efectuó un dramático llamado. No nos tapemos los oídos.///

     

    (*) Cardiólogo Consultor

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