El sacerdote que se enamoró
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Gabriel Landesa dejó la Iglesia después de 30 años, se radicó en el Sur y se animó a cambiar su vida. El desafío de empezar de nuevo
En este camino de la vida, lleno de decisiones, tratamos de manejarnos con la razón, mayormente aprendiendo a prueba y error. Pero hay veces que nos animamos a un pequeño salto de fe, a apostar con el corazón, cuando el sentido común nos pide ser más conservadores. Sin dudas la vida de Gabriel Landesa está marcada por escuchar esas corazonadas. Por ejemplo cuando siendo joven eligió consagrarse a la vida espiritual, estudiar y ordenarse como sacerdote. Y el año pasado cuando después de 30 años como párroco dejó la Iglesia al enamorarse de una mujer.
A los 58 años se animó a un cambio en su vida, se mudó a Lago Puelo, en la provincia de Chubut y sin un trabajo firme en plena pandemia. “Llegué con nada. Me vine a Puelo por gusto, porque me encantaba el lugar y porque estaba mi familia, que son necochenses y hace 20 años que están acá. Vivo con mi madre y empecé a trabajar de changas, de lo que saliera. Empezar de nuevo no es sencillo”, describió Landesa sobre su presente.
Nacido en nuestra ciudad, cursó estudios en el Colegio Nacional y jugaba al fútbol al igual que su primo Miguel, recordado goleador del Club Rivadavia. Como sacerdote ejerció en numerosas localidades del interior del país, entre ellas en Río Colorado y en Chaco. Incluso estuvo cuatro meses en Guatemala.
Cambio de hábito
El porqué del cambio no puede ser más simple, algo futbolero y complejo a la vez: “Me pasó lo que no me había pasado en todos estos años, enamorarme a esta altura del campeonato. Una mujer me cautivó el corazón. En 30 años había vivido con mucha libertad y alegría mi sacerdocio, con mucha entrega y pasión. Había optado por una vida consagrada a Dios y entendí que tenía que dejar todo para seguir el evangelio. Pero cuando apareció Mariela me pareció que también estaba bueno escuchar al corazón”.
Esta historia de amor nació en Venado Tuerto, su última morada como párroco, y no fue de la noche a la mañana. “Ella era parte de la comunidad cristiana, como tantas mujeres y varones con los que me relacioné a lo largo de mi vida. Pero bueno…me despertó algo, su forma de ser, su forma de pensar, que me fue generando algo distinto. Eso lo viví solo durante muchos meses, sin compartírselo a ella, pensando que se me iba a pasar”.
Pero ocurrió todo lo contrario: “A lo largo de los años, mujeres lindas y atractivas vi muchas, montones, pero la verdad que era más fuerte mi vocación o el llamado que había sentido. Pero con Mariela fue distinto, me movilizó de tal manera que lo hablé con mis hermanos curas, con mis superiores, con mi acompañante espiritual. Lo hice para que me ayudaran a resolver eso, con la idea de seguir en el sacerdocio. Ayúdenme a que se me pase…pero no se me pasó…”
La confesión
Un momento decisivo fue confesarle a Mariela sus sentimientos. “Tuve que animarme y lo hice para que me dijera que no, para que me pinchara el globo. Y así porque en un principio para ella fue un balde de agua fría. Para ella yo era el cura, no pensaba otra cosa. Pero con el tiempo ella comenzó a ver que lo que le planteé era posible. Era una mujer sola, estaba separada. Al tiempo ella me hizo el comentario que empezaba a sentir esto que yo le había contado. Y eso significó otros meses de pensarlo. Hasta que me dije, tengo que dar el paso y lanzarme. No podía vivir añorando. Iba a ser peor porque mi sacerdocio iba a estar fracturado, por decirlo así. Nunca pensamos en caminar una doble vida. La honestidad con la que uno quiso vivir siempre, no me lo hubiese permitido”.
“Vida Nueva”
En este último año en Lago Puelo fue rehaciendo su vida poco a poco. Compró una motoguadaña y empezó a parquizar jardines y realizar tareas de desmalezado; a controlar los medidores de gas para la empresa Camuzzi y también inició un emprendimiento personal con productos artesanales, a los que bautizó “Vida Nueva”, vendiendo aceite de cannabis, hongo de pino y te de rosa mosqueta.
En este nuevo camino no se alejó de su función social o de cara a la gente. En pandemia, generó un ciclo de charlas por videoconferencia. “Es gente que acompaño como un terapeuta, desde lo espiritual pero también me fui formando en psicología a lo largo de los años. Hay mucha gente que antes atendía en el despacho parroquial y ahora lo hago y le pongo un valor a eso, lo cual es otra fuente de ingresos”. Y también, tras los terribles incendios en el Sur, se sumó a dar una mano para ayudar a los vecinos. “Somos muchos los que colaboramos. Cada habitante tiene un amigo, pariente o vecino que ha sido estado afectado y todos no hemos arremangado. En mi caso para un chica artesana que conocí en la feria. No le quedó nada y junto a otras 20 o 30 personas hemos comenzado a limpiar el lugar, tirar los árboles quemados de los alrededores y levantaremos su nueva casa”.
Dejar el sacerdocio no alejó a Gabriel de Dios. “Siempre con Mariela rezamos y agradecemos lo que sentimos. No le estamos haciendo mal a nadie y menos a ‘Tata’ Dios”. Y reflexionó que su situación no es una isla: “Se van dando casos donde tanto hombres como mujeres van dejando la vida consagrada. Creo que en una proporción mayor que años atrás. Quizás esto traiga reflexiones que vayan llevando a la Iglesia a que más temprano que tarde haga optativo el celibato”.///