El secreto de los 100 años: historia de un siglo de experiencias
Raúl Gayo, vecino de Quequén que conoció a Perón y a Gardel
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ROCÍO MAGALÍ SÁNCHEZ
Para Ecos Diarios
“Si lo que quieres es vivir cien años no los vivas como yo”, decía Joaquín Sabina en su canción
“Pastillas para no soñar” pero en el caso de Raúl Gayo, vecino de la localidad Quequén parece ser lo contrario.
Gayo, quién alcanzó el centenario el pasado 6 de octubre, recorrió el camino de la vida con altos y bajos, pero siempre con la premisa de “no quedarse quieto”.
En la caminata, pudo darse el gusto de conocer a personajes emblemáticos de la historia y la cultura nacional como Juan Domingo Perón y Carlos Gardel.
Risueño y con ganas de contar su historia, el quequenense por elección, inició el diálogo con Ecos Diarios contando acerca de sus múltiples experiencias laborales que comenzaron “en una panadería donde mi sueldo eran 15 pesos por mes y medio kilo de pan por día. Después trabajé con mi padre en la herrería familiar, tuve un almacén y años más tarde, formé parte de Transporte Buenos Aires con los tranvías. Ya aquí en Quequén y Necochea trabajé como mozo y también en la construcción. Tanto la casa en la que vivo como también las de mis hermanos y mis hijos, fueron construidas por mí”.
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Claves para vivir 100 años
A la hora de contar sus secretos para alcanzar la longevidad, el abuelo oriundo de Villa Ballester, dijo que “lo principal es no fumar, tratar de irse a dormir temprano para poder descansar bien y comer lo que a uno le guste. Cada uno elige el modo de vivir que más le gusta, pero lo importante es cuidarse, moverse y tener salud”.
Por increíble que parezca, la dieta del entrevistado casi no tiene restricciones e incluye salamín, picante, aceite, pollo con piel, fritura, café cargado, sal, pan, azúcar y aceite sin medida. Gayo no toma prácticamente ninguna medicación, pero tiene su propia alquimia mágica para lograr esa envidiable salud: todas las mañanas corta un trozo de planta de aloe vera de su casa y la come (con la cáscara) en ayunas y no pasa un día en que no consuma un diente de ajo “para matar todas las bacterias que podamos tener dentro”.
Pero además de estas recomendaciones, Gayo expresó que “es fundamental moverse, mantenerse activo. Yo siempre hice de todo, mucho deporte, pesca, anduve en bicicleta hasta los 95, y me gusta hacerme mis cosas. Yo vivo de manera independiente y me cocino mi comida porque la preparo con mucho condimento, sino me quieren dar comida de hospital sin gusto a nada”.
Llegado a Necochea en el año 1976, tras una decisión familiar de transformar la casa de veraneo en residencia permanente, se dejó atrapar por la belleza de la zona y la cercanía con el mar lo terminó de convencer para pasar de turista a residente.
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Conociendo a Perón y Gardel
“Al general Perón lo conocí haciendo el servicio militar en la Escuela de Infantería; él en ese momento era coronel. El recuerdo que tengo es que era amable y tenía carisma. Luego se casó con Evita y fue presidente. A Evita no la conocí directamente, pero la vi pasar y luego estuve presente en su velorio, que fue una cosa impresionante por la cantidad de gente que había”.
De padre herrero y madre ama de casa, pasó su infancia en la Buenos Aires pujante de los años 20, jugando en las calles de adoquines hasta que los faroles regalaban su luz.
Y fue en una de esas tardes, cuando era un niño de 10 años, que recibió una entrada gratis para un concierto al que en ese momento fue por curiosidad pero que luego recordaría para toda su vida: era una presentación de Carlos Gardel que estaba dando sus primeros pasos en la música.
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Vivir la vida
Como reflexión final, el abuelo que es fanático de la pesca y Boca, expresó: “Lo más importante de la vida, es vivirla. No quedarse encerrado y si Dios me da la posibilidad, yo quiero seguir cien años más”.///
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