El Taller Protegido “Umbral” festejó sus 25 años de labor
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SAN CAYETANO.-El intendente de San Cayetano, Miguel Gargaglione participó del emotivo acto desarrollado en el Espacio Cultural con motivo de celebrarse los 25 años del Taller Protegido “Umbral”.
En las palabras introductorias se sintetizó la historia de la institución.
Se afirmó que “toda iniciativa de construcción parte de un sueño movilizador que nos agita interiormente; un desafío que nos impulsa a alcanzar una meta que juzgamos alcanzable”.
“En el año 1994, la propuesta de la licenciada en Terapia Ocupacional, Patricia Andrea Pécker congregó a un grupo de personas para fundar un espacio inexistente en nuestro pueblo, un lugar que anidara la inclusión de personas con discapacidad, una valiosa iniciativa para crear un mundo más respetuoso y equitativo para todos”, se manifestó.
El 13 de abril de 1998 comenzó a funcionar el Taller Protegido “Umbral”, y fue precisamente un umbral de acceso hacia una nueva puerta que abría oportunidades para seres que mucho nos enseñan sobre el mundo que soñamos habitar.
Sobre este ideal, la Asociación Civil que lo alentaba se autodenominó “Por amor a la vida”, sintetizando el valor del camino elegido y su propósito más valioso.
Felicitaciones
En sus palabras, el Intendente felicitó a todos los que han formado y forman parte del “Taller Protegido, cumpliendo un rol fundamental en la contención, en la educación, en la formación de jóvenes y adultos. Nos llena de orgullo a los sancayetanenses tener instituciones de tanto prestigio, de tanta trayectoria y tanto trabajo como el Taller Protegido Umbral”.
Finalmente, haciendo referencia al esfuerzo con que se compró la sede actual y el terreno lindero, Gargaglione expresó su deseo “que en el futuro se logre tener el Centro de Día, para lo cual trabajaremos desde el lugar que nos corresponde”.
Un poco de historia A su turno, la impulsora de la creación del Taller afirmó que “si bien esa semilla me nació a mí, nada hubiese sido posible sin esa gente que abrazó la idea con tanto cariño”. Tras hablar sobre los trámites administrativos que se debieron cumplir, la adquisición del inmueble y la organización de una colecta para abonar la casa, Patricia Pécker señaló que “todo esto sería una cáscara si no entendiéramos que ellos están ahí adentro, que son la vida del Taller, porque tienen que haber un operario para que hay un Taller”.