El tango, ayer y hoy

Por Dimas Marzzoto – Para Ecos Diarios
En mi vieja discoteca, acumulada de muchos años por mis padres, allá en la antigua estancia «El Pensamiento”, fundada en 1881 por mis abuelos, de la estación «El Pensamiento”, del Ferrocarril Rosario a Puerto Belgrano, rescaté, muchos años después, los viejos discos de pasta de una sola cara y otros de doble fax, tocados en la vitrola del perrito. Desde las primeras llamadas orquestas típicas compuestas por tres o cuatro músicos y el nacer en discos de Carlos Gardel, sin olvidar el organito y hasta el arpa que son reemplazados por la guitarra en músicos que en su mayoría tocaban de oído.
El tango nace según algunas crónicas en 1867, es decir, si lo tomamos como cierto, es más que centenario y el nacimiento de «La Cumparsita” cumplió el 22 de Abril de 2016 cien años en Uruguay, declarado como himno nacional uruguayo por ley, pero por su vivencia, su historia y por la misma letra de «La Cumparsita” escrita por argentinos, no es ni uruguaya ni argentina, es río platense, según nuestro periodista Mauro Apicella en el diario «La Nación”.
Aprendí a escuchar a las llamadas Orquestas Típicas, así llamadas a tercetos, cuartetos o quintetos, con sus instrumentos que iban variando con los años hasta que empezaron las verdaderas Orquestas Típicas como Roberto Firpo y Francisco Canaro, que a pesar de ser Orquestas Típicas tocaban Foxtrot, Shimmy y Tangos. De aquellos recuerdos vemos las carátulas del disco «Jaime” Shimmy cara A 6090 y la cara B 6090 como los «Nardos en Flor”, tango y el Shimmy «Yes! We have no bananas” 6207 A, y la «Rosa Encarnada”, tango 6200 B tocado por Roberto Firpo. Francisco Canaro con el tango «La Ratonera” cara 6944 B y del otro lado 6944 A con Jazz Band el Shimmy «Nerón”.
Estamos hablando de la década del 10 y del 20 donde Francisco Canaro y Roberto Firpo tocaban con clarinete, flauta y guitarra, y fueron cambiando por piano, violín, contrabajo y bandoneón. Roberto Firpo según las memorias de Francisco Canaro empezó a tocar tango con piano, violín y clarinete. Todo esto se fue cambiando por ya antes de 1920. También se tocaba la corneta o violín corneta y muchos músicos querían llegar al tango sinfónico pero esto hasta después de la década del 70 no hizo base y salvo el caso de Osvaldo Fresedo que incorporó la batería a su orquesta. Estas se compusieron de piano, violín, bandoneón, contrabajo. En el caso de Aníbal Troilo le agrega la viola. Francisco Lomuto llegó a incorporar en su orquesta pistón, saxofón, trompeta y clarinete. Haciendo indistintamente tango o foxtrot.
Con el tiempo hubo conjuntos de violines, como el de Antonio Agri que supe escuchar hace más de 30 años en un viejo boliche de nocheros llamado Tucumán 676 y que rescata hace poco tiempo en La Nación (18 de Mayo de 2017) el diplomático Albino Gómez donde iba a escuchar a Astor Piazzolla, desde donde yo también era asiduo concurrente. Antonio Agri con su conjunto Violines interpretaba tangos que realmente nos entusiasmaban. En ese local también actuaban Astarita con su batería y el Mono Villegas en su piano que nos hacían pasar horas inolvidables al sabor de un buen whisky, compartiendo tango con jazz.
Por eso vemos que hace unos 40 años a esta parte el saxo se va incorporando a conjuntos que tocan tango, no precisamente los viejos conjuntos los que se llaman Orquestas Típicas, sino nuevos conjuntos de guitarra y saxo o algún instrumento acompañando a los saxos.
Hace aproximadamente 20 años tuve la oportunidad de escuchar y ver en Mar del Plata a un conjunto de músicos de saxo y a un conjunto de músicos de la guardia vieja, este al frente de Quique Lanoo donde la gente bailaba al compás de viejos tangos de la guardia vieja y que los dos conjuntos fueron aplaudidos y donde los bailarines hicieron de las delicias de los compases de las dos orquestas. Me pareció ver, al final y en mi imaginación, salir abrazados, caminando juntos por la vieja rambla a un jailife con su pantalón fantasía, con sus zapatos taquito militar, chambergo y lengue, y el saxo, con su pinta de hippie, con sus vaqueros rotosos, sus remeras de jirones, sus pelos ensortijados y sus aritos, silbando aquel viejo tango «Derecho Viejo”.
Hace pocos días visitaron Necochea un conjunto de músicos de saxo venido de Dinamarca en gira por la Argentina y tocaban tangos de Astor Piazzolla. Es lógico que los viejos clásicos tangueros nos cuesta aceptar los cambios de la Orquesta Típica pero las juventudes que nos vienen sobrepasando, sin negar del 2 por 4, buscan cambios, nuevas armonías. Hasta los versos y los títulos del tango han ido cambiando desde el «Queco” y «Echale bufache al catre” y añoramos los títulos que nos dieron un Enrique Gonzalez Tuñon o Evaristo Carriego a los tangos a los que hoy llevan de Alfredo Lepera, Homero Manzi y tantos poetas tangueros de las últimas décadas. Hoy los versos de los tangos llevan sellos de poetas consagrados y sentimos nostalgia de escuchar una letra de Celedonio Flores. Ya no es el tango que se tocaba disfrazado de gaucho. El tango alcanzó la virtud de evolucionar ascendiendo a la sociedad perdiendo el mote de prostibulario, lunfardista y alguno más después de la década del 30.
Pero la nostalgia de los viejos tangos nos acompañan a los viejos tangueros hasta el más allá.
Y qué decimos de los bailarines de tango, van cambiando sus cortes y quebradas, sus revoleos van llevando sus pasos acompasados sin corridas, ni las sentadas y hoy tenemos el baile de salón y el del escenario de «For Export” pero por supuesto dentro del ritmo del compás del 2 por 4. El baile que llevaron a Europa como los niños bien para bailar con las damas de la ciudad parisina o el del Cachafaz o aquel otro Simarra que se ponía el atuendo de gaucho para bailar. Quedaron en los dibujos la figura del compadrito de aquella época que reflejan Zabataro y Jiménez en el Caras y Caretas de la década de 1900, y que en la década del 50 el pintor Sifredo Pastor, ese pintor de tango de la Academia de Tango, y vemos su figura de compadrito bailando en el patio con parral al son del viejo organillero. Vi cambiar el baile para el tango con Petróleo, cuyo verdadero apellido era Estevez, empleado bancario, aquel bailarín de alma que frecuentó clubs sociales de barrio como «Rosas de Abril”, «Flores que surgen”, «Argentino de Velez Sarsfield” y bailaba un baile de salón admirado por ese público de barrio de las pibas fabriqueras, de las nenas grandes acompañadas por sus mamás, que las miraban sentadas desde sus sillas puestas alrededor del salón de baile.
La evolución instrumental del tango fue tratada por Luis Adolfo Sierra y dentro de los músicos cita a los flautistas, clarinetistas y bateristas, y guitarristas, así como arregladores. El doctor Luis A. Sierra fue miembro de SADAIC, historiador del tango. No quiero terminar sin hacerle mi homenaje a dos grandes bandoneones, uno de ellos de Necochea, Calixto Sallago que triunfó en Buenos Aires y donde por impulso del otro, Astor Piazzolla, gravaron a dúo obras de Bach y Rachmaninov según nos cuenta el periodista Ernesto Abálsamo en Crónicas del tango. Pero el tango ya había llegado hasta la orquesta sinfónica de Holanda tocando «Adiós Nonino” en la boda real, en «El Colón” nuestro gran teatro, con grandes músicos tangueros. Destaco de un archivo fotos de Calixto Sallago que también formó parte de la orquesta de Roberto Firpo, según foto publicada por «La Historia del tango” Editorial Corregidor en 1933.
Y así amigo lector, quiero recordar, este artículo del Ecos Diarios del 25 de Agosto de 2002 donde preveía el futuro del tanto y su apogeo, donde el apogeo fue hecho realidad mundial. Hoy hay países de Europa que son recorridos por Orquestas Típicas contratadas especialmente y que se hacen escuchar en grandes ciudades y sus festivales de música. Su conjunto de músicos de academia, maestros del piano, violín, bandoneón, que ya han hecho sus primeras armas en Buenos Aires, La reina del plata, y se lucen en París, Ámsterdam, Helsinki, Hamburgo, Copenhague y tantas otras. Hoy nos asombra un japonés que toca el bandoneón que estudio en Japón.
Es interesante leer al periodista Ernesto Abalsamo en «El tango hoy” escrito en 2004 y su proyección a 2017.
El tango no se vuelve viejo, cada vez crece con más fuerza a través de esta sangre nueva que lo acuna y le da vigor.
Nosotros los viejos tangueros casi centenarios nos podemos ir en paz.