El teléfono fijo, en vías de extinción
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Hace unas décadas, en nuestra ciudad tener un teléfono fijo era un privilegio. Allá por los 70 el trámite para conseguir una línea podía llevar años. Hoy lo instalan en unos días, pero ya nadie lo usa
Hasta los años 70, tener un teléfono fijo en nuestra ciudad era casi un privilegio. La precaria infraestructura existente hacía que conseguir una línea fuera un trámite tan burocrático como extensos. Hoy, la instalación de una línea demanda unos pocos días, sin embargo, ya casi nadie utiliza el teléfono fijo.
La muerte de esta tecnología que marcó profundamente todo el Siglo XX comenzó con la masificación de los teléfonos móviles. Hoy los más jóvenes ni siquiera hacen llamada desde sus smartphones, parece más cómodo enviar mensajes de voz a través de Whatsapp, a pesar de que, si nos ponemos a pensar, no es precisamente más cómodo.
Aunque algunos todavía se resisten a abandonar el teléfono, en la mayoría de los hogares necochenses el fijo sobrevive debido a que a través de la misma línea se conecta el router y pareciera que hoy nadie puede vivir sin Internet.
¡Qué recuerdos!
Para quienes tienen más de 30 años, el teléfono fijo es un protagonista importante de sus vidas. Muchas historias de amor, negocios, amistades, viajes y trámites tuvieron éxito o fracasaron debido a los teléfonos.
Muchas expresiones, íconos, imágenes y recuerdos de los 60, 70, 80 y 90 están vinculadas a los teléfonos: como el telediscado, las cabinas telefónicas, Entel, los cospeles, las operadoras, el DDI, y el DDN. Tecnologías como el fax sólo fueron posibles por el teléfono.
“Entre los recuerdos que me quedan del teléfono fijo me acuerdo del viaje que realicé en 1994 a Estados Unidos”, explicó el conocido locutor y conductor radial Sergio Melgarejo.
“Yo era adolescente y viajé con el equipo de Juan Alberto Poteca, Santiago Veiga y Marcelo Bolado a cubrir el Mundial de Fútbol”, señaló. “En mi casa no había teléfono fijo y yo llamaba a una familia que estaba a casi una cuadra de donde yo vivía y dejaba dicho que en media hora volvía a llamar. Entonces me encontraba con la voz de mi mamá emocionada, queriendo saber cómo lo estaba pasando allá”.
Por su parte Leticia Casbarro dice que todavía tiene teléfono fijo. “Siempre amago con darlo de baja”, explicó.
Y dijo que padeció muchísimo las llamadas de larga distancia. “Tenía que pedir llamadas por operadora para comunicarme con un novio que vivía a 500 kilómetros y tardaba cuatro o cinco horas para poder hablarle”, recordó.
Mientras que Mercedes Montes de Oca recordó la odisea familiar para tener un teléfono fijo. “Actualmente no tengo fijo ni quiero tenerlo. Recuerdo que de chica mi papá pidió una línea a Entel y tardó 15 años en llegar”, dijo.
Lo paradójico fue que en ese lapso la familia se mudó de la Playa al Centro y la casa nueva ya tenía teléfono.
Mientras que la ex fiscal Eugenia E. Quagliaroli dijo que aún conserva el teléfono fijo pero sólo por la alarma. “Durante muchísimos años fue casi un lujo porque no había líneas”, precisó.
“Luego se democratizó”, explicó y los recuerdos que tiene de llamar a través de operadora son las largas esperas. “Te decían: hay dos horas de demora”.
Ya casi no suena
Es raro que el teléfono fijo suene. Si lo hace seguro que es la abuela, la suegra, la tía o, por estos días, algún político pregrabado que quiere conseguir nuestro voto.
Pero en otra época no era así. En Necochea, el teléfono fue durante década un privilegio para unos pocos afortunados debido a que la infraestructura era muy pobre.
“Yo recuerdo que cuando Entel puso los teléfonos en mi barrio mi papá renegaba porque pasaron preguntando justo en época de vacaciones. El era profesor y estábamos en Costa Bonita. Así que nos quedamos sin teléfono”, recordó Patricia Cuccaro.
Mientras que la escritora Graciela Iriondo, cuya familia estuvo vinculada a la fundación del Centro Vasco, aún recuerda “la época de las operadoras, pidiendo las llamadas a larga distancia”.
“¿Dos horas…? Eso no es nada… A veces daban mucho más tiempo de espera… Horas y horas… Todo para comunicarnos con las personas de la familia, queriendo oír sus voces a la distancia”, señaló.
El periodista Alejandro Sánchez dijo que tiene teléfono pero sólo lo llaman a ese número dos personas, mientras que actriz Marcela García Loyoy asegura: “Yo uso mi teléfono fijo”.
Otros como Juan Renaudo, un necochense que ha vivido muchos años en Francia y regresa habitualmente a Necochea, dijo que hace años que no ve cabinas telefónicas. “Ya no existen”.
Y tanto que esperamos…
Si bien hoy son muy pocos los que utilizan telefonía fija, hasta hace 50 años, el servicio en nuestra ciudad era extremadamente precario y un verdadero lujo.
El 21 de mayo de 1968 se iniciaron en nuestra ciudad los trabajos para la instalación de la Central Telefónica Automática, que iba a significar un avance notable en las comunicaciones para los necochenses y los vecinos de la región.
Hasta esos días, las comunicaciones telefónicas se realizaban mediante operadores que comunicaban a los usuarios en forma manual. Por esta razón, la automatización de las conexiones telefónicas también significó un cambio drástico en la forma en que los vecinos utilizaban los teléfonos.
Para mediados de junio de 1969 la obra se había completado en un 60% y se anunciaba la activación de los primeros teléfonos que funcionaban con este sistema.
Un mes antes se habían comenzado a instalar en la central de la calle 61 entre 54 y 56, diecinueve mesas para el servicio de larga distancia, incluyendo dos para supervisores-jefes.
En cuanto a los aparatos telefónicos de discado, se recibió la primera partida de color negro, siendo devueltos para cambiarlos por los de color gris perla, como se había proyectado al iniciarse la obra.
Además de las 4.100 líneas de teléfonos automáticos para industria, comercio, profesionales, instituciones, oficinas de la administración pública, templos, organizaciones obreras y otras actividades del quehacer necochense, serían instalados 50 “modernos aparatos” para uso público, que estarían ubicados estratégicamente.
La empresa había anunciado que los aparatos estarían ubicados en estaciones de servicio, bares y confiterías, además de edificios en los que existía especial movimiento de público, tales como Gran Galería Central, Municipalidad, Automóvil Club Argentino, la Rambla Municipal, etc.
Para principios del año 70 el servicio ya estaba en marcha y los necochense comenzaban a disfrutar del discado directo, algo que las nuevas generaciones ni siquiera saben que existió.