El temor de salir y volver a la rutina
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Desde que se permitieron las caminatas recreativas hay que aún gente siente miedo de salir de su casa
Con la flexibilización de la cuarentena por el Covid-19 desde hace dos fines de semana se pueden hacer caminatas recreativas por los espacios públicos de la ciudad. La medida generó una positiva respuesta en la comunidad aunque, en muchos, apareció el miedo a salir a la calle y encontrarse con gente.
A partir de entonces se observa gente paseando y otros que aprovechan para oxigenarse y tomar contacto con la naturaleza después de casi 50 días de estar en casa.
No obstante, muchos no pudieron disfrutar de esta posibilidad porque están sufriendo uno de los “efectos adversos” del aislamiento social, preventivo y obligatorio y les llevará un cierto tiempo adaptarse a su antigua rutina, sobre todo los adultos mayores.
La medida fue aconsejada por reconocidos infectólogos a nivel mundial, pero tras un prolongado período de tiempo confinado en el espacio de la casa, con la limitación en salidas y paseos y realizando poco esfuerzo, es posible acostumbrarse a esa situación.
Ahora, que llega el momento de salir a la calle, afloran el miedo y el temor, un trastorno emocional conocido como el síndrome de la cabaña, y que tienen más posibilidades de desarrollarlo quienes pasan la cuarentena solos.
Influencia negativa
Guadalupe pasó todos los días de aislamiento en su departamento, con sus hijas de 10 y 14 años, “ahora estoy un poco más relajada pero los primeros días me había pegado muy mal el tema”.
Hizo las compras por delivery para no tener que salir ni llevó a pasear al perro y entiende que influyó negativamente el exceso de información.
El sábado pasado hizo la primera salida en familia, fueron hasta la orilla del mar, “sentí un poco de angustia y mis hijas dijeron que querían volver a casa”, expresó la mujer de 48 años.
Este período lo vivió con mucha preocupación, fueron 50 días sin ver a su madre, y afirmó que “te dicen que si tenés síntomas te llevan al hospital y no ves más a nadie y yo pensaba en mis hijas”.
Por su parte, a Graciela le gusta estar en su casa y prefirió quedarse en su casa tomando sol antes que ir a caminar “no tengo defensas y no puedo arriesgarme a enfermarme; la cuarentena no me afectó para nada, salgo lo imprescindible”.
En cambio a Liliana la incomoda el tapaboca “es una sensación extraña, me ahoga. Nunca tuve ataques de pánico y no tengo miedo a enfermarme”, contó la mujer de 58 años que desde que se decretó el aislamiento, trasladó su oficina a su casa.
Este fin de semana eligió terminar algunas manualidades y afirmó que “la playa y el parque me hacen bien pero la verdad que me cuesta respirar con el barbijo”.
Experiencia
Para todos es una experiencia inédita, nunca estuvieron tanto tiempo en sus casas solos y Gladys, de 74 años, contó que “desde que permitieron las caminatas, me genera temor traspasar el portón”.
Durante los días previos sus hijas se ocuparon que no le faltara nada pero ahora está sufriendo “un efecto rebote” porque no puede salir de esa zona que le genera confianza.
Los profesionales aconsejan que la transición tiene que ser paulatina, y su familia la incentiva a hacer un mandado por día, hasta retomar la actividad habitual e ir ejercitándose.
Otro aspecto importante, es el tratar de no infundirle temor a los adultos mayores y alentarlos a que no reciban mucha información sobre el virus y sus consecuencias.
Quien experimenta este síndrome puede experimentar, por un lado, confort, seguridad y tranquilidad en las actividades en casa, pero a la vez puede sentir ansiedad, evitación e irritabilidad por el hecho de pensar en salir a la calle o retomar la vida que tenía antes del confinamiento».
“Tantos días de aislamiento, de no ver a nadie y estar inmerso en una mismo me produjo inseguridad y temor”, señaló Marta y agregó que “no es por miedo al contagio, en general prefiero los lugares solitarios”.///