El tiempo perdido no se recupera
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Irrepetible e irrecuperable es el tiempo. No quiere decir que nos remitimos a horarios, almanaques ni años, estamos hablando de nuestra propia vida. El tiempo perdido queda en el pasado y es imposible recuperarlo.
Suele ser interminable para quien espera o desea cambios. Lo que parece ocurrir en nuestra sociedad, después de tantas demoras en el camino hacia el futuro. Mentalidades paralizadas de dirigentes que acomodan su visión a la comodidad de no buscar transformaciones y así la vida, como diría Oscar Wilde, nos arrebata un pedazo a cada momento, sin tomar decisiones.
Si Ortega y Gasset, el escritor y pensador español amante de nuestra patria expresó, en 1939, «argentinos a las cosas», ya nos alertaba que dejemos las cuestiones personales, afanes individualistas, narcisismos, suspicacias y resolvamos “las cosas” sin más vueltas.
Trasladando lo expuesto a nuestro distrito deberíamos decirle a nuestros concejales «legisladores a las cosas».
Dejar de lado la trivialidad y rencillas de tribuna popular para elevar la mira por sobre las pequeñeces y decidir dar un salto de calidad desde cada banca con la que el pueblo los honró con su voto. La ciudad no puede seguir esperando con el reloj de la historia detenido.
Ninguno de los veinte ediles puede esconder la realidad de un debate que se debe dar sin perdida de tiempo. Las nuevas licitaciones, la necesidad de un nuevo frente costero y el futuro del parque «Miguel Lillo», por sólo citar lo algo de lo que espera debajo de una alfombra.
Una batería de licitaciones que el concejo debe resolver
El departamento ejecutivo municipal ha enviado desde el área de concesiones al Concejo Deliberante una serie de medidas para ser evaluadas y se pueda avanzar en el corriente año. Suele hacerse cuesta arriba ante la falta de acompañamiento de ciertos concejales, que se toman demasiado tiempo de la vida de nuestro distrito sin accionar. Algunos, por incapacidad e indolencia y otros por especulación política, generando un daño tremendo, en ambas posiciones.
Diferentes llamados a licitación ya están en sus manos. El de los balnearíos Zeus, Costa Dorada, ex Automóvil Club Argentino, complejo Kabril, la ex Frontera, unidades de servicios dentro del velódromo municipal, en el Lago de los Cisnes, anexo de avenida 2 y Pinolandía.
Como propulsar la creación de balnearíos de río desde el puente «Dardo Rocha» hasta el paraje «Las Cascadas», frente costero de Quequén, complejo Monte Pasubio. Y la proyección de obras que beneficiarán a miles de transportistas, se calculan cien mil al año, en la playa de camiones de Quequén, previéndose la apertura del restaurante y una propuesta para el expendió de combustible estrictamente para los camiones dentro de la playa. Se habla de una inversión de miles de dólares según obliga en obras el proyecto que estaría bajando al legislativo.
La pregunta no es cuándo lo resuelven, el imperativo del momento es resolver todo esto sin pérdida de tiempo.
Estamos cerca de mitad de año, la mayoría de todas estas propuestas no pueden esperar, si pensamos que tenemos que contar con los balnearíos con nuevos concesionarios, los que deberán contar con el tiempo suficiente para la remodelación de instalaciones acorde a la calidad que se debe brindar al turista. Lo mismo que definir con urgencia todo lo que haga al mejoramiento en la calidad de vida del transportista, en espera de descarga.
Y en referencia a la apertura en zonas del parque «Miguel Lillo» idéntica situación, que nos vea ordenados en los pocos meses que restan para una nueva temporada. Con un Estado presente que controle y exija, ajustando los valores de las concesiones en función a su rentabilidad, ya que en el pasado han sido un regalo al tener un valor directamente irrisorio.
No sólo elevar el canon sino hacer cumplir el pliego de bases y condiciones para que se cumpla con las obligaciones que marca el mismo dejando de lado los cantos de sirenas, con promesas incumplidas de inversiones millonarias, que nunca se concretan.
Agreguemos por nuestra parte, basta de precarias construcciones, con deficiente instalación eléctrica, sanitaria o gas, especialmente aquellas donde se despachen distintos tipo de comidas y bebidas.
Renovación del frente costero
Necesitamos hechos y no palabras “res non verba”, como decían en la antigüedad. Más acciones y menos palabrerío, debemos hacer lo que tenemos que hacer.
Una maravillosa oportunidad de generar recursos genuinos para el propio desarrollo de la Villa Díaz Vélez debe ser la renovación del frente costero y la apertura del mismo hacia el oeste. Ya se han alzado voces analizando el presente, comenzado a proyectar en forma diferente construcciones modernas al estilo de las mejores playas del mundo, donde no exista edificación que tape la vista al mar, por el atractivo que esto conlleva.
Todo complementado con la definición que en el corto plazo debería tener el emplazamiento del edificio del Complejo Casino y pensar qué hacer en una zona clave como el Jardín de Rocas, hoy un páramo inerte, con todo el potencial que tienen esas tierras para desarrollar diferentes emprendimientos.
Discutir el futuro del Parque sin fundamentalismo ideolológico
Dejando de lado, el tabú que supone este tema por las minorías fundamentalistas adoradoras del «no», basadas en la ideología más que en una realidad ¿se está dispuesto a avanzar en la posibilidad de intervención privada en algunas zonas del parque «Miguel Lillo»?
Hay que definir con una mirada estratégica y moderna y convertirlo en un centro atractivo para la inversión. La irrupción del capital privado con presencia del estado municipal, sin desnaturalizar el bosque, nos proporcionaría en el corto plazo una realidad muy distinta al presente.
Si imaginamos un nuevo frente costero, con la apertura del parque, la recientemente pavimentada avenida 10 con su futura y moderna iluminación, resuelto el problema del edificio del Casino y del Jardín de Rocas, en pocos años la fisonomía de la zona y la valoración de la misma será un símil a la de los hoy, envidiados y cada vez más florecientes balnearios de la costa atlántica.
No es una utopía o sueños inalcanzables, son decisiones de nuestros dirigentes, que tienen dos caminos por tomar: al que nos tienen acostumbrados en el que se mezclan los mismos ingredientes con los mismos resultados o, la decisión política apoyada sobre una viga horizontal de ideas que se proyecte más allá de la calle 83.
Ese cambio debe ser en unidad, la convicción del estado municipal, la decisión del Concejo Deliberante y la voluntad colectiva para dejar atrás el pasado y abocarnos a la gran empresa del futuro.
Se está dispuesto a hacerlo o seguir vegetando en un distrito que tiene todo potencialmente pero nunca culmina por definirse porque todavía se suele escuchar como una invocación laica: “qué tipo de ciudad queremos”.
La palabra final la tiene el Intendente y los concejales, sólo la sociedad espera y sabrá juzgar cada uno de los actos. Ni retardatarios ni apresurados, definición, aunque se sabe muy bien que el tiempo perdido ya no se puede recuperar.
Por Miguel Abálsamo
Para Ecos Diarios