El trabajo diario de los «trapitos» para subsistir
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Han tenido que adaptarse al estacionamiento medido y varios han dejado de lado el “cuidar” autos o se han mudado a otros sectores de la ciudad
Ver a los “cuidacoches” o “trapitos” se ha vuelto normal en nuestra ciudad, sobre todo en la zona céntrica, aunque su actividad ha tenido modificaciones. Con el tiempo han tenido que adaptarse a los cambios, como por ejemplo el estacionamiento medido, que se implementó en 2006 pero que el año pasado se amplió a más calles.
Este sistema de cobro ha hecho que muchos no puedan continuar con su actividad en los lugares, días y horarios en que se implementa el estacionamiento pago ya que el ciudadano promedio no está dispuesto a pagar por estacionar y además darle dinero a los cuidacoches.
El panorama céntrico
En el centro, en la zona de 59 entre 62 y 64 se encuentra Horacio con su hijo Brian, que está estudiando en turno vespertino, y su amigo Mariano.
Horacio tiene cincuenta años y hace veinte que se dedica a cuidar autos en estacionamientos de nuestra ciudad. Hace poco decidió sumar a los más jóvenes para que lo acompañen y ayuden. “Yo antes sacaba alrededor de 17.000 pesos por mes estando todo el día y todos los días acá pero, desde que está el estacionamiento medido, la gente no quiso pagarnos más”, explicó.
Ahora Horacio y sus compañeros de actividad se dedican exclusivamente a lavar autos, sacando agua en baldes de una canilla que tienen cerca. “Nosotros no le insistimos ni le hablamos mal a la gente, ya saben que estamos acá para lavar. A veces les ofrecemos nosotros y otras vienen ellos solos a decirnos. Ya ni siquiera les preguntamos si quieren que se los cuidemos (a los vehículos) porque sabemos que nos van a decir que no”, explicó.
Sin embargo, los días domingos, aprovechan para ofrecer el cuidado de autos ya que sabe que la gente no paga estacionamiento.
A comienzos de 2017, Horacio empezó a trabajar como barrendero para el Municipio, de 7 a 13. “Trabajo seis horas por día y gano menos de $7000 pesos por mes, así que no he podido dejar este trabajo que me sigue dando una ayuda para darle de comer a mi familia. De acá sé que me llevo otros $200 por día”, indicó.
A solo una cuadra de este grupo, sobre la misma avenida pero entre 60 y 62, también hay dos jóvenes pero, al no ser medido, sí ofrecen “cuidar” los autos a cambio de dinero, aunque no los lavan. Ambos son menores de veinte años.
En situación de calle
Como en todo trabajo, también están las personas que hacen las cosas mal y amenazan o maltratan a la gente que estaciona. Además, ha habido reiterados casos que aparecen autos rayados por no “colaborar” con los cuidacoches y eso ha generado el prejuicio contra todos los demás que hacen esa labor. “Siempre están los que nos vienen a pedir de trabajar acá pero nos damos cuenta si son gente que realmente necesita trabajar o son delincuentes que vienen a hacer maldad. Nosotros tenemos que cuidar este lugar porque ya nos conocen y no podemos dejar a cualquiera hacer cualquier cosa”, explicó Horacio.
También existen varios casos en que los “trapitos” realizan su actividad como única forma de ingreso de dinero. Tal es el caso de Gastón, que hace un mes está como cuidacoches en la Terminal de Ómnibus, turnándose con otras tres personas.
Gastón estuvo ocho meses internado en el Hospital Neuropsiquiátrico por el consumo de droga y fue dado de alta. Ahora está en situación de calle y junta alrededor de $200 por día que utiliza para comer pero no tiene dónde dormir. Los contactos con la gente le han permitido hacer “changas” pero sigue con su actividad, a la espera de un empleo que lo ayude a mejorar su calidad de vida. “Hay gente que ayuda y otros que te miran mal. El promedio es de cinco pesos, más de eso no te dan pero a mí me sirve para sobrevivir. Los cuatro que estamos acá estamos en situación de calle”, contó.
Sin duda, es una actividad con muchas historias de vida diferentes, algunos que trabajan honradamente y otros que hacen ver mal a sus compañeros con actos vandálicos, como en cualquier otro rubro. Aun así, los “trapitos” se han adaptado y siguen presentes a pesar de los cambios.///