El último atleta olímpico
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Se cumplen 10 años de la participación del nadador Eduardo Otero en los Juegos Olímpicos de Beijing
Adrian Stolarczuk
Redacción
Fue en la mañana del domingo 10 de agosto para nosotros, en la noche de Beijing. Tan fugaz que no alcanzó al minuto pero fue suficiente para quedar en la historia de nuestro deporte. Hace 10 años, en la lejana China, el nadador Eduardo Otero se transformaba en el último atleta olímpico nacido en nuestra ciudad.
Con un tiempo de 56”74, el surgido en la Asociación Deportiva Arenas finalizaba 40° entre 45 competidores en la prueba de 100 metros espalda, muy cerca de su mejor marca. “El esfuerzo que hice para estar acá, hice todo lo humanamente posible para hacer una buena actuación en mi último Juego Olímpico”, expresó segundos después de su participación, que como se preveía, no le permitió avanzar a las semifinales.
Imposible centrar el relato únicamente en aquellos 100 metros, los últimos para Otero en el alto nivel, y dejar de lado que esta historia en particular había comenzado meses antes, con una intensa preparación junto a su entrenador Marcelo “Yuri” Quaglia y habiendo conseguido la marca mínima en el último selectivo antes de los Juegos, en mayo, en el natatorio “Jeannette Campbell” del Cenard de Buenos Aires. Federado para River, había cronometrado 56”38 y bajado por 29 centésimas la marca mínima “B” para los Juegos, de 57”07, que exigía la Federación Internacional de Natación, y quedó entonces solo diez centésimas de su propio récord nacional, realizado el 15 de abril de 2000. La meta se había alcanzado antes y participar en los Juegos, con 28 años, eran su medalla.
La experiencia en tierras chinas excedió lo estrictamente deportivo. Además de disfrutar de la ceremonia inaugural, el hecho de competir en el segundo día le permitió a Otero tener mayor contacto con los demás atletas y conocer el lugar. A diferencia de otros Juegos, que le pedían al deportista que liberara su lugar en la villa olímpica apenas culminaba su participación, esta vez pudo permanecer una semana más.
Bajo el mismo techo, los deportistas valoran esa sensación de igualdad entre superprofesionales y amateurs que hay en los Juegos, en el comedor común, en aquella villa olímpica monstruosa o en la tribuna hinchando por otro deportista, de una disciplina totalmente diferente a la suya. Por primera vez había entradas disponibles para los propios atletas.
Además de la medalla, en tierras chinas, argentinos y extranjeros buscaban el premio de la foto para la posteridad con Lionel Messi o Manu Ginobili. Incluso hasta Kobbe Bryant, rey entonces de la NBA, se acercó a la delegación nacional accediendo a cada solicitud de los flashes.
Otero no perdió oportunidad para inmortalizar ese momento con esos grandes deportistas con Rafael Nadal o Diego Maradona e incluso tuvo la chance de conocer a un Messi íntimo, jugando a la Play Station. “Jugar a los video juegos es un clásico y hasta armamos un torneo con varios tenistas (David Nalbandian y Juan Monaco entre ellos) y nadadores. Es increíble pero hasta Messi se sumó y fue algo impactante verlo jugar con el Barcelona y que el mismo maneje a su propia réplica en el juego”, contó como anécdota a Ecos Diarios en una entrevista desde China durante aquellos Juegos.
Bolt vs. Muralla
Varios deportistas también optaron por conocer las bellezas turísticas del país, sobresaliendo el interés por la Gran Muralla China. Curiosamente, Otero decidió “resignar” esa chance, ante el asombro del turista promedio, y con buenos justificativos: “Iba a ir, pero ese día conseguimos tickets para la final de los 100 metros y opté por ver a Usain Bolt. Sentí que la Muralla podía verla en otro momento, en el futuro. Y que a Bolt quizás, no iba a tener esa oportunidad nuevamente. Y no me arrepiento. En Grecia (durante los Juegos de 2004) tampoco había ido al Partenón y pude volver y visitarlo años después”. La “postal” podía esperar. Hasta el momento, Eduardo no volvió a conocer esa muralla, pero no es una cuenta pendiente.
China significó para Otero mucho más. Fue su mejor actuación internacional en cuanto a su marca, mejorando respecto de Atenas 2004 (57”28) en la misma prueba y en el Mundial de Melbourne, en Australia 2007 (57”50). Y también significó una despedida. Un adiós en la elite que muchos deportistas no tuvieron el lujo de brindarse.
Y aunque no sea su responsabilidad, también su participación dejó un vacío. Desde entonces, ningún deportista de nuestra ciudad volvió a competir en los Juegos Olímpicos.